Capítulo 7 de 8
Se puso de pie y caminó hacia la puerta.
—Bueno, en ese casó nos vemos mañana pequeño femboy, y no te olvides de mí comida. —Recordó antes de irse.
Amari no comprendía nada de lo que acababa de pasar, las palabras «me asegurare de que nadie vuelva a dañarte» era lo único que se había grabado en su memoria, ¿de verdad hablaba enserió?, ¿por qué?, ¿por qué quería ayudarlo?,¿acaso tramaba algo en su contra? No, apenas se conocían, pero... Gourav no le parecía una persona mala o bueno, no tan mala como Pablo; de ser ese el caso, hubiera aprovechado ese pequeño lapso de tiempo para insultarlo o peor aún, agredirlo físicamente; pero no fue así, nunca levantó la mano en su contra. De hecho, ahora que lo pensaba…
Observó su mano, dándose cuenta de que en ningún momento apretó de más, mantuvo un agarre firme, sí, pero sin llegar al grado de lastimarlo, como en muchas ocasiones le había sucedido.
Alzó la vista, mirando la puerta por donde momentos atrás salió. Definitivamente este había sido un día bastante... excitante.
Llegó temprano a la escuela, entre sus manos y pecho descansaba el libro que Pablo había destrozado el día anterior. Al traer la comida que le prometió a Gourav dentro de su morral, el espacio se redujo tanto que no hubo lugar para meterlo, por lo que terminó llevándolo entre sus brazos. Solo esperaba no toparse con Pablo, tan temprano.
Al cruzar la esquina se congelo en su lugar. Para su muy mala suerte los cinco estaban en el pasillo platicando y riendo. Aferró el libro y dio un paso atrás con la intensión de irse, pero rápidamente se percataron de su presencia. Notó de inmediato el rostro de Pablo desfigurarse en una sonrisa llena de maldad. Llegó temprano porqué ellos tenían la mala costumbre de aparecerse a última hora; tal parecía habían hecho un cambio en sus horarios, toparse con ellos nunca auguraba nada bueno, al menos para él.
—Vaya, vaya, vaya, la pequeña perra llegó —se acercó, haciendo su cuerpo estremecer.
Se aferró al libro en un intento por sentir un poco de seguridad.
—¿Qué pasa pequeña perra?, ¿me tienes miedo? —Se encogió de hombros ante su cercanía mientras escuchaba de fondo las risas de sus amigos—, que bueno, me complace mucho ver como tu asqueroso y repugnante cuerpo tiembla cuando me ve, eso solo significa que he estado haciendo un muy buen trabajo, ¿no te parece?
Hizo el ademán de querer golpearlo, provocando que se encogiera en su lugar y soltara el libro levantando las manos en un intento inútil por detener los posibles golpes. Aquella reacción hizo que cuatro de ellos rieran estruendosamente, llamando la atención de los pocos alumnos que había y haciendo que comenzarán a rodearlos. Dareck solo observó, y de un momento a otro sus ojos se abrieron al ver la entrepierna de Amari. Cuando Cristian dejo de reír y vio aquella mancha en sus pantalones abrió desmesuradamente los ojos.
—¡Chicos, chicos, miren! —lo señaló —, ¡el marica se orinó! —Gritó a los cuatro vientos.
—¡Joder que asco! —expresó Pablo con una mueca, echando un paso hacia atrás.
Las carcajadas, no solo de ellos sino también de los alumnos a su alrededor y la vergüenza de lo que le sucedió, provocaron que sus ojos se llenaran de lágrimas.
—¡Eres un maldito cerdo, Amari!, mira que orinarte en los pantalones.
Al ver su mirada llena de dolor sonrió más ampliamente. Amari trató de huir, pero, fue detenido de la muñeca impidiéndole hacerlo. El agarre fue tan fuerte que lo lastimó en el proceso.
—¡Ay!
—¿A dónde putas crees que vas? Aún no terminó contigo, me falta darte tu regalito.
Levantó la mano, los ojos de Amari se abrieron en sorpresa, su corazón golpeo contra sus costillas a un ritmo acelerado y su estómago se apretó al ver sus intenciones.
—¡Oye! ¡¿Qué haces?! —se escuchó a una persona decir a lo lejos.
Una ráfaga de aire acaricio su cabeza y observó, en cámara lenta como una pelota se estampaba contra el rostro de Pablo con un sonido repugnante, haciéndolo caer al suelo. El silencio fue instantáneo.
—¡Mierda! —sostuvo su nariz de la cual no tardó en emanar sangre.
—¡Pablo! —Exclamó Cristian, poniéndose a su lado.
La pelota de goma rodó a los pies de Amari, quien temblaba ante lo que estuvo a punto de suceder.
—¿Quién…? —preguntó Pablo, buscando con la mirada inyectada en odio al culpable de su humillación.
Para su fortuna ni siquiera fue necesario buscar demasiado.
—Vaya, a eso le llamó yo; tener puntería de apache.
Aquella voz detrás de él hizo sobresaltar su pequeño cuerpo y girar lentamente.
—Go-Gourav… —Susurró.
La sonrisa en su rostro delataba el placer que le había causado hacer aquello. Pero Amari pudo ver la tensión en su cuerpo y las venas de su cuello marcarse en demasía.
—Ransés —Gruñó Pablo hirviendo de coraje mientras se levantaba.
—El mismo que viste y calza —se burló.
—¡Maldito!
—¡¿Pero qué mierda te pasa, Ranses?! —intervino con molestia Cristian—, ¡¿por qué putas te metes en donde no te llaman?!
—Me meto porqué quiero, porqué puedo y, ¿qué crees? —sonrió con descaro poniéndose al frente de Amari, dejando su mochila cerca de él—, porqué se me da mi pinche, puta, perra, regalada gana. ¿Algo más que quieras que te aclare, pedazo de imbécil?
—Maldito, ¿te quieres meter por el asqueroso puñetas moja/pantalones? —levantó la mano señalando a Amari acusadoramente—. Piensa muy bien lo que vas a decir, porqué de eso depende que no te molamos a golpes.
Gourav no pudo evitar elevar una ceja mientras soltaba un resoplido burlesco enfadando más a los bulíes.
—¿Molerme a golpes?, ¿a mí? Me encantaría ver eso —retó con una sonrisa llena de superioridad.
—¡No te burles hijo de perra!
Se lanzó a él con el puño en alto dispuesto a todo para borrarle la sonrisa del rostro. Cabe mencionar que, en menos de un parpadeo, Gourav lo dejó en el suelo revolcándose del dolor, mientras agarraba su estómago. Una exclamación grupal de sorpresa fue lo único que se escuchó.
Si las miradas matasen, seguro cómo el infierno estaría tres metros bajo tierra debido a la intensa mirada que Pablo le estaba dedicando.
—Bien Ranses, si eso es lo que quieres, entonces prepárate, te aremos la vida imposible a ti y a tu maldita puta lame pollas.
Gourav rodó los ojos ignorando aquellas palabras, supuso que, de tantos golpes recibidos en la nariz, logró también afectarle el cerebro. Si no mal recordaba, de todos los enfrentamientos que habían tenido durante estos dos días, ninguno de los cinco logró asestarle un golpe… al parecer ellos veían cosas que él no podía. Y he ahí el por qué los niños no deberían consumir sustancias ilícitas, les alteraba la realidad.
Posó su vista en uno de ellos, más específicamente en Dareck, quien no les había quitado la mirada de encima. Se observaron durante unos segundos mientras Pablo ayudaba a su amigo a ponerse de pie. Al poco tiempo se retiraron.
Volteó a ver a Amari quien, al sentir su mirada levantó ligeramente la cabeza. Las lágrimas escurrían por sus mejillas, mientras pequeños temblores surcaban su cuerpo, notó como trataba inútilmente de tapar el desastre entre sus pantalones. Paseó su vista por toda la bola de imbéciles que aún seguía ahí, observando.
—¿Qué putas miran payasos? —Ante su arrebató, algunos incluyendo a Amari, se sobresaltaron; este último por instinto bajo la cabeza sumisamente—. ¡Órale, ahuecando el ala!
La bolita a su alrededor comenzó a disiparse. Era increíble que todos ellos estuvieran dispuestos a seguir observando lo que pasaba sin siquiera hacer nada para impedirlo. Se agachó, recogió el libro y posteriormente se lo entregó.
—¿Oh? Gra-gracias —dijo apenas con voz queda mientras apretaba el libro.
Gourav miró por unos instantes sus pantalones, frunciendo el ceño, el olor a orines lo hizo arrugar ligeramente su nariz.
—¿Traes algún cambio de ropa?
—S-sí.
—Bien. —Antes de caminar hacia los baños, se quitó la chamarra y se la puso, dejando al pequeño desconcertado ante su actuar. Al ser tan pequeño la prenda pudo cubrir perfectamente la mancha, por lo cual podían ir a los baños sin necesidad de humillarlo más—. Vamos.
Se recargó en la pared pensando en lo que había pasado mientras esperaba fuera del cubículo… ¿Que tan constante eran aquellas dinámicas como para que el pequeño femboy estuviera prevenido con un cambio de ropa?
—¿Haz pensando decirle al director sobre el acoso? —preguntó curioso.
El ruido de la ropa al rosar la piel se detuvo unos instantes.
—Y-yo… lo hice —su voz salió pequeña, entrecortada debido a los sollozos que trataba de reprimir.
—Hmp… supongo que no hizo nada.
—N-no, dijo que… era mi culpa.
—¿Que? ¿y cómo putas eso es tu culpa? —su furia aumentó y sus uñas comenzaron a crecer.
No lo había querido admitir, pero en cuanto vio lo que los imbécil le estaban haciendo en el pasillo, una rabia como nunca antes había sentido se apoderado de él, requirió de todo su autocontrol para no cometer una estupidez.
—Bu-bueno… é-él dijo que eso m-me ayudaría.
—¿Ayudarte?, ¿a qué, según él?
—A no co-comportarme como ma-maricón.
Apretó sus puños con mucha más fuerza en un intento por menguar su rabia. ¿Cómo era posible que le hubiese dicho aquello a un alumno? Se supone que él, como autoridad, tendría que estar para frenar todo el acoso, independientemente de si al chico le gustaban o no los hombres.
Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar el pequeño pasador del cubículo siendo desplazado, al voltear, Amari salió de este con un nuevo cambio de ropa. Pudo ver que la playera de manga larga que ahora portaba era demasiado ligera, casi transparente, y lo corroboró una vez que Amari le entregó su chamarra, pues inmediatamente frotó sus brazos en un intento por calentarse. El clima había comenzado a cambiar ya que estaban a nada de entrar a otoño por lo que las mañanas y las noches eran mucho más frescas, por no decir frías.
—¿Y tú suéter?
—Se-se manchó.
Sin dudarlo, se acercó a él y volvió a poner la chamarra sobre sus pequeños y delicados hombros.
—¡Oh!
—Úsala, te hace falta más a ti que a mí.
—Eh… ¿d-de verdad? —Sus mejillas adquirieron nuevamente aquel tonó rosita.
—No hay problema.
—Gra-gracias…
Asintió, había estado tan molestó que no reparo en lo adorable que se veía en ella, centrándose solo en el problema en cuestión.
—Te vez adorable —se le escapó.
¿Adorable?, ¿él? Esas palabras lo hicieron elevar la cabeza y mirarlo como si le hubiesen salido dos cabezas.
—E-eso…
El sonrojo se hizo más evidente al ver la intensidad con la que lo observaba por lo que bajó de inmediato la cabeza, ¿a-adorable?
Ver aquella reacción lo hizo sonreír de medio lado, joder, como le comenzaba a gustar eso de poner sus mejillitas rosas. Notó que el aroma a su alrededor se intensificó, solo que no de manera sexual como había ocurrido en la madrugada, no, más bien, de una manera… que le hacía sentir una inmensa ternura.
—U-un hombre n-no debe de ser a-adorable —exclamó jugando con sus manos.
—¿Hmp…? —sonrió, no le creía, algo le decía que esas palabras eran influencia de las burlas y humillaciones, más no su opinión en si—, quizás, pero a ti se te permite. —Al decir aquello revolvió sus cabellos, teniendo cuidado de no lastimarlo.
—¡Oh!
—Vamos, regresemos al salón. —Dijo mientras caminaba hacia la salida y mantenía la puerta abierta para que saliera primero.
Esa linda acción le ganó otro sonrojo. Intuyo que quizá esta era la primera vez que alguien lo trataba como el ser humano que era.
—S-sí.
Cada tanto, su mirada se dirigía al pequeño femboy. Por algún motivo que no comprendía era un imán para sus ojos. Frunció el ceño ante la estruendosa carcajada de una de sus compañeras y no pudo evitar rodar los ojos. Lo único que no le gustaba cuando un maestro faltaba, era todo el alboroto y caos a su alrededor, ¿no podían simplemente quedarse callados?
Y como fue costumbre sus ojos se dirigieron nuevamente a su pequeño protegido, notando como olfateaba su chamarra y trataba de impregnarse más con su aroma. Sonrió, solo había una palabra para describir tan linda acción; jodidamente adorable. Bueno, eran 2.
El hecho de que todo el llevará su olor le causaba muchísima satisfacción y calma, le gusta, y lo peor de todo era que le gustaba jodidamente demasiado.
Le llamó la atención cuan concentrado estaba en su libro. Era la primera vez que conocía a una persona tan interesada en estos. Hoy en día, muchos preferían estar en sus teléfonos publicando babosada y media en las redes sociales. Pero al parecer el pequeño ratoncito de biblioteca era la excepción a la regla, muy pocos tenían el hábito de la lectura.
Al parecer, lo observo tan intensamente que lo hizo despegar los ojos de su valiosa lectura, haciendo que lo buscara. Sus miradas chocaron y no pudo evitar esbozar una sonrisa de medio lado elevando una ceja interrogativamente, haciendo que su pequeño femboy se sonrojara. Por un momento creyó que se daría la vuelta avergonzado, pero… hizo algo que nunca se esperó; levantó su pequeña manita cubierta casi por completo por la manga de su chamarra y lo saludo.
Tan. Jodidamente. Adorable.
Sonrió haciendo un ligero movimiento de cabeza para que supiera que le estaba correspondiendo el saludo. Su sonrojó aumentó y nuevamente regresó a su posición inicial, pero no antes de que su exquisito aroma lo delatara, aunque esta vez no al grado de volverlo loco como había sucedido en la madrugada. Pero eso no impidió que su pene se fuera endureciendo. Cerro los ojos para tratar de controlarse, lo cual fue un grave error, solo consiguió que su mente recordara lo pequeñas y suaves que eran sus manos y su diminuta cintura, la cual escondía muy bien detrás de esos suéteres holgados que solía usar.
Se imaginó esas pequeñas manitas recorriendo toda su longitud, masturbándolo deliciosamente. Seguro como el infierno que se sentiría en la gloria. Sus manos se apretaron en puños ante el mero pensamiento; abrió de un tirón los ojos y lo primero que vio fue a Amari observándolo con ojos llenos de sorpresa y un sonrojo en sus mejillas, su olor se había intensificado, atrayéndolo como un imán. ¡Mierda! el pequeño Femboy estaba reaccionando a su excitación justo como había ocurrido en la madrugada, «¿qué putas está pasando?»
Amari creyó haber visto cambiar los ojos de Gourav de un negro profundo a un oro fundido tal y como había pasado cuando lo llevó a casa de su tío. Su aroma era tan delicioso que todo su cuerpo comenzó a calentarse y vibrar de excitación mientras su parte trasera se humedecía. Trago saliva con dificultad, su garganta la sentía seca, ¿qué estaba pasando?
Su cuerpo clamaba por estar a su lado, por ser tocado, por ser…
Poseído.
NOTA DEL AUTOR:
Ora, ora, las hormonas las traemos algo alborotadas no les parece, XD ¿qué tal el capítulo de hoy? La cosa anda potente ¿qué creen que pase en el siguiente capítulo?
De antemano gracias a aquellos que se toman el tiempo de leer esta loca locura. >w<
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