Capítulo 5 de 8
Todo había ocurrido en un segundo, la adrenalina se disparó por sus venas y el cambio sucedió.
La esclerótica se pintó de negro, su iris pasó de ser negra a dorada y sus pupilas se ovalaron. Sus rasgos se volvieron bruscos y fuertes dándole un aspecto más animal; sus uñas pasaron de ser normales a convertirse en garras letales. Por último, su cabello se engrifó y sus orejas se volvieron puntiagudas.
El viento fue cortado por la velocidad que llevaba la espina. El sonido de huesos crujiendo, y la espina clavándose en un tronco, seguido de un fuerte impacto fue lo último que se escuchó.
Todo el bosque se sumió en un profundo silencio siendo este interrumpido por la respiración agitada de Gourav. La criatura yacía inerte en el suelo a varios metros de distancia.
Gourav había aplicado tanta fuerza en aquel golpe que el monstruo salió disparado por los aires, aterrizando a metros de distancia de él.
El agotamiento fue evidente en su cuerpo. Odiaba tener que llegar a ese extremo; sobre todo porque al momento de transformarse, mucha de su energía se drenaba. Sentía como sus pies a penas y podían sostenerlo, pero necesitaba moverse. Si había más de esas criaturas, podría ser que se sintieran atraídos por el olor a sangre y putrefacción.
Poco a poco volvió a la normalidad sintiendo aún más el cansancio. Caminó hasta donde yacía la criatura y extrajo el cuchillo de su pierna, limpiándolo y atorándolo en su cinturón.
Miró su ropa, dándose cuenta de lo desgarrada que estaba su chamarra, joder, y era una de sus favoritas. Decidió que lo mejor era quitársela, un pedazo de trapo desgarrado era lo único que había quedado de ella.
Estuvo a punto de emprender el viaje de regreso cuando se percató de cuan adentro estaba en el bosque. Se sumió tanto en la pelea que no lo notó. Miró al cielo, la tarde estaba pardeando. En pocos minutos la visibilidad en el bosque sería escasa.
Llevaba quizá diez minutos caminando, pero para él, ya había pasado una eternidad; su cuerpo lo sentía pesado, lo único que quería era llegar a casa y descansar. Sus párpados apenas podía mantenerlos abiertos notando el camino por el que iba.
Fue entonces cuando todos los bellos de su cuerpo se erizaron; el olor a putrefacción haciéndose presente. Su cuerpo se movió por sí solo. Sacó su cuchillo táctico, dio media vuelta y cortó por la mitad a aquel ser que se lanzaba hacía él, la sangre salpicó el suelo y parte de su cuerpo.
Como resultado la adrenalina bombeo por todo su torrente sanguíneo, sus ojos volvieron a cambiar de negro a dorado. Miró a todos lados en busca de más atacantes, pero solo escuchó el silencio del bosque.
Se acercó a aquella criatura; era larguirucho, al igual que sus brazos y piernas, completamente lampiño, sin ojos, al parecer atacaba a través del sonido. Lo intuyó por las ranuras al lado de su cabeza. Su boca era pequeña, pero estaba seguro de que, con esos dientes que se cargaba fácilmente podía arrancarle a una persona o animal el pedazo de carne, dejándolo en una situación bastante comprometedora.
A pesar de medir no más de unos 50 o 70 cm de largo, podía ver lo peligroso que podía ser, su velocidad lo hacía letal. Si para él, que tenía sus sentidos más desarrollados que los de un humano común fue difícil detectarlo, no podía imaginar lo que sería para alguien normal, seguramente para este momento estaría muerto.
Escuchó como las hojas de los árboles comenzaban a moverse y como el olor a putrefacción se hacía mucho más espeso e intenso. De entre los matorrales salió otra de esas criaturas, seguida de otra y otra más, cuando acordó estaba completamente rodeado.
—Me lleva la que me trajo —farfulló con preocupación y humor agrio en su voz.
No dudó en volver a tomar su cuchillo, como siempre, con una actitud desafiante, listo para la pelea. A pesar de su cansancio una sonrisa fría curvó sus labios. La comida no les saldría barata.
—Bueno, si va a tronar, que truene de una vez.
Durante los siguientes minutos lo único que se escuchó en aquel bosque fueron los sonidos de carne siendo golpeada, gruñidos, chillidos, respiraciones pesadas, quejidos, etc...
La noche calló fría y pesada. El bosque volvió a estar en completa calma, algunos animales como los grillos volvieron a chillar, los búhos a ulular, hojas y ramas resquebrajándose bajo los pesados y cansados pasos de Gourav, quien emergía victorioso de aquella batalla.
Aunque cabe recalcar que también tenía en su cuerpo múltiples heridas, pues aquellas criaturas no se la pusieron nada fácil, su playera estaba hecha jirones, su cuerpo mostraba algunas heridas de gravedad, por las cuales no dejaba de emanar sangre.
Sus párpados apenas podía mantenerlos abiertos. Estaba hecho añicos. Se detuvo y se agarró a un árbol debido al temblor en sus piernas. Mierda, necesitaba llegar a casa antes de perder el conocimiento.
Fue en ese momento que un rico aroma a vainilla asaltó su olfato. Levantó la cabeza, buscándolo. La silueta que se acercaba a él era borrosa. Lo último que pudo oír fue su nombre siendo expresado con preocupación antes de que todo se volviera negro.
La bruma en su cerebro empezó a desvanecerse lentamente. Trató de moverse, pero el dolor lo hizo quedarse en su lugar. ¡Joder! todo su maldito cuerpo dolía, ¿cuándo fue la última vez que había recibido una paliza como esa? Ah sí, nunca.
No quería abrir los ojos, estaba demasiado cómodo y para ser sincero, quería seguir durmiendo. Al momento de mover su mano, tocó una cosa suave y calientita.
Abrió de golpe los ojos, al principio su vista estaba completamente desenfocada, pero con el pasar de los segundos volvió a la normalidad quedando desconcertado al darse cuenta de que el techo no era el de su cuarto, ni mucho menos el de su casa. Paseo su vista por el lugar, era una habitación demasiado pequeña; sólo contaba con un escritorio, una cama y un mini ropero.
Definitivamente esta no era su casa. Al mirar hacia donde sentía eso suave y calientito, se percató de la persona a su lado dormido, y eso que tocaba no era otra cosa sino su pequeño brazo.
—¿Amari? —se cuestionó.
¿Qué mierda hacia el pequeño femboy ahí?, ¿este era su cuarto? Poco a poco comenzó a levantarse. Cuando la sábana resbaló de su pecho, notó que tenía varios parches cubriendo sus heridas, y no sólo en su pecho y abdomen, sino también en sus brazos.
Al inspeccionar más el lugar, notó varias envolturas de vendas y gasas cerca del bote de basura.
Así que él lo curó. Lo inspeccionó durante unos segundos, a decir verdad, era bastante bonito, y eso que no era gay. Sus pestañas eran largas y tenía una piel que a pesar de los hematomas se notaba suave y tersa; sus rasgos eran finos y su pequeña nariz parecía un botón. Debía admitir que por un segundo llego a pensar que era una mujer.
Sin pensarlo siquiera, llevó su mano hasta su mejilla acariciándola con cuidado. No se equivocó.
La imagen de su cuerpo temblando debido al miedo que le infundían los 5 imbéciles, taladró su mente. ¿A qué putas le temía Pablo?, se notaba a leguas que Amari, no representaba ningún peligro para nadie.
Un movimiento por parte del niño lo hizo retirar su mano, este se enderezó y con una mano talló sus ojos, por algún motivo ese simple gesto causó cierta ternura en él.
—¡¿Oh?! —Se espabiló al ver a Gourav despierto—, Go-Gourav de-despertaste.
Esta, era la primera vez que escuchaba su voz y se sorprendió al oír lo suave y delicada que era. Bueno, si el niño irradiaba delicadeza por cada uno de sus poros, ¿por qué no también su voz?
—¿Dónde estoy? —su voz salió más dura de lo que pretendía.
—E-en casa de m-mi tío —exclamó nervioso y tímido a partes iguales.
—¿Cómo llegué aquí?
—Y-yo te traje —guardó silencio al ver su expresión de incredulidad, al instante sus mejillas se sonrojaron, así que comenzó a explicar—, iba a llamar a una ambulancia, pe-pero me dijiste que no, así que lo ún-único que se me ocurrió fue traerte a casa de mi tío, y-ya que tampoco sabía do-donde… vivías. —Balbuceo jugando con sus manos.
Joder, ni siquiera recordaba nada de eso, pero algo que le hizo ruido fue la primera parte.
—Dudo mucho que con ese cuerpecito que te cargas hayas podido tu sólo —notó como el sonrojó se intensificaba y por algún motivo eso le gustó.
—N-No, t-tú me ayudaste, caminaste hasta acá. — Señalo. ¡¿Qué mierda?!—. Yo solito no hubiera podido. Cre-creo que fue más tu fuerza de voluntad, po-porque, llegando aquí te de-desmayaste nuevamente.
Bueno, eso explicaba esa parte.
—¿Qué hora es? —preguntó mientras hacia un esfuerzo por sentarse en la horilla de la cama.
—S-son las… tre-tres de la mañana.
—Hmp —gruñó.
Amari se quedó observando, no era buena idea que se moviera de esa manera, sus heridas podían abrirse. Estuvo a punto de decírselo, pero se mordió la lengua por miedo a que lo fuera a ofender y terminara arremetiendo contra él.
Tenía tantas preguntas que hacerle. Al estar curándolo notó ciertas cosas, que lejos de asustarlo, lo sorprendieron y fascinaron todo al mismo tiempo. Pero decidió quedarse callado, nunca se sabía cómo iba a reaccionar una persona al descubrir su «secreto»; y como él lo veía, Gourav era una persona de mucho cuidado, si Pablo pegaba fuerte, no quería imaginar cómo serían los golpes de Gourav; no, era mejor guardar silencio y esperar a que se fuera.
—¿Alguien más sabe que estoy aquí? —dijo sacándolo de sus pensamientos.
—N-no —comenzó a jugar con el dobladillo de su playera—, no hay nadie en casa, mi-mis tíos se fueron de va-vacaciones y... regresan mañana por la tarde. —Al terminar se arrepintió. ¿Qué pasa si intentaba golpearlo?
—Ya —soltó un suspiro—, ¿qué rayos hacías tan tarde en aquel parque?
Por más que trató de contener su curiosidad, le fue imposible. Le intrigaba su respuesta, era peligroso para alguien como el estar tan noche en un lugar tan desolado. Amari alzó ligeramente la cabeza ante su pregunta.
—¿Oh? e-eso… m-me e-escondía —exclamó con vergüenza a penas en un susurro, esquivando su mirada.
—¿Que? —preguntó desconcertado—. ¿Por qué mierda te escondías?
—Oh —volvió a retomar el juego con el dobladillo de su playera—, y-yo… v-vi a Pa-Pablo.
De no ser por los sentidos tan desarrollados que poseía seguramente no lo habría escuchado. Tal parecía que el acoso no solo se limitaba a la escuela. Un resoplido burlesco escapó de sus labios.
—Eres patético.
Patético, la palabra lo hizo encogerse de hombros. ¿Cuántas veces no había escuchado esa palabra? Para estos momentos debería de estar acostumbrado, pero lo cierto era que su corazón seguía doliendo con la misma intensidad que la primera vez que su tío se la dijo... Sintió como sus ojos se iban humedeciendo, no quería llorar, no en frente de esta persona.
Se hizo un silencio demasiado incómodo que se prolongó algunos segundos.
Gourav pudo percibir el cambio en su olor, el pequeño estaba a punto de llorar. Y eso no le gustó, no le gustó ser el causante de ese olor ni mucho menos de su estado. ¡Maldita sea! Se hubiera quedado cayado. Y era por ese motivo que evitaba estar cerca de personas tan sentimentales y frágiles como él. Demasiado con lo que lidiar para alguien que simplemente no se le daba bien lidiar con tantos sentimientos.
Abrió la boca, ¿para qué? no lo sabía, pero antes de que dijera cualquier cosa, un gruñido bastante fuerte los hizo a ambos abrir los ojos con sorpresa. Gourav se llevó una mano al estómago, ahora que recordaba no había comido nada desde el receso en la escuela.
Volteo a ver a Amari sobresaltándolo en el proceso, haciendo que retrocediera un paso y que su cuerpo se pusiera rígido. Ver la expresión de desconcierto en su invitado lo hizo agachar la cabeza avergonzado por su reacción.
—¿Tienes algo de comer? —Cuestionó ignorando lo que paso.
—¿E-eh? S-sí —exclamó mirándolo a través de sus pestañas sin levantar la cabeza.
—Bien, yo no he comido nada desde el receso, ¿crees que puedas darme algo?
—¿Oh? s-sí, e-en seguida te lo tra-traigo.
—Bien.
Rápidamente salió del cuarto. No pudo evitar soltar un gruñido al quedarse solo. Por algún motivo que no lograba comprender, no le gustó verlo temeroso, y, ¿por qué siquiera eso le importaba? Y más importante aún, ¿qué iba a decir antes de que su estómago lo interrumpiera?, ¿se iba a disculpar?, ¿él? Mierda, definitivamente la pelea contra esas cosas había atrofiado algo en su cerebro.
Caminó tratando de acostumbrarse después de todo el consumo de energía que tuvo que usar; sus piernas temblaban un poco, pero podían sostenerlo sin ningún problema. Fue hacia la ventana y abrió un poco las cortinas, la luna hoy estaba mucho más brillante y grande.
Las 3 de la mañana, recordó, nunca en su vida se había desmayado durante tanto tiempo, bueno, no que el recordara y eso ya era decir demasiado. Soltó el aire, la noche parecía inusualmente tranquila. Pero ahora sabía que no era así.
¿Qué mierda fue todo aquello?, ¿de dónde salieron esas cosas? Parecían alguna especie de experimento gubernamental.
¿Su padre sabría algo sobre ellas?, no, no lo creía posible, de ser así, le hubiese comentado algo, incluso lo hubiera puesto sobre aviso como siempre hacía. Nuevamente soltó un suspiro, en cuanto se pusiera en contacto con él, lo pondría sobre aviso.
Entonces recordó las noticias que vio antes de salir de casa. Acaso, ¿todos esos videos eran reales?, ¡mierda! de ser así, estaban en muy, muy grabes problemas, pero… ¿Por qué el gobierno no había hecho nada?
Necesitaba averiguar algunas cosas, si algo iba a pasar tenía que estar preparado.
NOTA DEL AUTOR:
Hola personitas lectoras, ¿qué tal el capítulo de hoy?, espero que les haya gustado tanto como a mi editarlo y subir las imágenes, en una de las imágenes no pude ponerle a Amari las heridas ya que la IA no me lo permitió más que en una de las imágenes que subí ToT. Pero bueno, ya ni modo. Gracias a las personitas tan lindas que se están tomando el tiempo de leer esta loca locura.
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