Capítulo 3 de 8
Desde lejos, contempló sus lágrimas resbalar mientras observaba a Pablo destrozar las páginas de su libro y esparcirlas por el suelo. Sus puños se apretaron y su expresión se llenó de furia. Como quería partirle la cara y borrarle esa estúpida sonrisa que se cargaba.
Justó en ese momento, sus miradas se cruzaron. La sonrisa de Pablo se agrandó y en un acto cobarde, agarró a Amari del cabello aventándolo contra los arbustos. Posterior a eso, sacudió sus manos como si acabara de desechar algo que ya no valía la pena, en seguida dirigió su mirada hacia él lanzándole una advertencia.
Le resultó divertido, ya que claramente no tenía idea de con quién se estaba metiendo. Al parecer el golpe con el borrador no había sido lo suficientemente doloroso para mantenerlo a raya. Y eso, eso se tenía que corregir. Quizá, estampándole un golpe a su rostro de princesa o mejor aún, por qué no desfigurársela. Pensar eso fue satisfactorio.
Cuando sus agresores se retiraron orgullosos, burlándose de lo que acababan de hacer, el pequeño ratoncito salió de entre los arbustos, sacudiéndose la tierra y las hojas que se le habían adherido a su ropa y cabello.
¿Por qué putas no hacía nada para defenderse?
Justó entonces, sus ojos se abrieron en sorpresa, dándose cuenta de que no tenía ni porque ponerse así. Nunca antes algo como eso le había molestado. Con un resoplido llenó de molestia, apartó la mirada.
Amari se inclinó para recoger las páginas desperdigadas de su libro. Sin embargo, algunas habían sido arrastradas por la suave brisa que soplaba, mientras otras terminaron bajo los pies descuidados de los alumnos, que, sin prestar atención o interés, pasaban por encima de ellas sin detenerse.
Fue tan estúpido al bajar la guardia. Cuando lo vio, ya era demasiado tarde y por desgracia para él, la vida le había enseñado que escapar solo traería más sufrimiento. Al menos, en esta ocasión, el daño fue poco.
Aunque sentía una profunda tristeza por su libro. Le tomó más de seis meses juntar el dinero para comprarlo, y ahora… ahora estaba arruinado. Su corazón se apachurró.
La campana sonó, dando inicio al segundo periodo de clases.
Aunque Gourav intentó ignorar al pequeño Femboy, su aroma a vainilla lo hizo girar la cabeza en su dirección, justo cuando entraba. Notó de inmediato su expresión abatida y el dolor reflejado en su rostro mientras aferraba con fuerza el libro y las páginas que pudo salvar. Sus ojos estaban enrojecidos por las lágrimas que intentaba inútilmente contener.
Poco después, las carcajadas de Pablo y sus achichincles lo alertaron. Notó como su cuerpo ya de por si pequeño, se encogía tratando de pasar desapercibido, lo que lo enfureció. Una mirada taladró su costado. No necesitaba ser un genio para saber a quién pertenecía; al voltear, ambas miradas se encontraron clavándose una en la otra, la sonrisa arrogante no lo inmutó.
Su mente no pudo evitar divagar en cómo se vería con un par de dientes menos, un ojo morado y la mirada perdida debido a su golpe. Solo pensar aquello le generó una satisfacción tan grande que le hizo esbozar una sonrisa de medio lado, lo que terminó por borrar la de Pablo.
Lo vio con intensión de acercarse y seguramente, comenzar una pelea. Su sonrisa se ensanchó, si ese era el caso, estaba más que dispuesto a escuchar sus huesos crujir bajo la fuerza de su puño.
Sin embargo, todo quedó atrás en el momento en que el maestro hizo acto de presencia.
Una verdadera lástima...
Amari se apresuró a guardar sus cosas una vez que la campana sonó marcando el terminó de las clases. No quería volver a ser agredido, por hoy había sido suficiente. Salió del salón siendo uno de los primeros. Desde su lugar, Gourav fue testigo del miedo y preocupación que adornaban su rostro.
Volteo a ver a la bola de inadaptados quienes, al parecer, no tenía ninguna prisa en irse. Estuvieron bromeando unos minutos, mientras el salón se vaciaba.
Sintió una intensa mirada y al posar su vista en dicha persona, se percató de que era otro de los amigos del imbécil mayor; Dareck, si no mal recordaba, quien lo veía fijamente, y él, por supuesto, hizo lo mismo. Al parecer ninguno estaba dispuesto a bajar la mirada, y si no fuera porque Pablo lo llamó, seguro eso se hubiera alargado durante algunos segundos más. Los cinco salieron, Pablo dedicándole una sonrisa burlona al final. Más no le dio importancia.
Fue el último en salir, no tenía ninguna prisa por llegar a casa, ya que su padre no se encontraba desde hacía más de 2 semanas debido a su investigación.
Al salir, no pudo evitar alzar una ceja al ver al grupo de cinco inadaptados esperándolo. Porqué si, sabía que era a él a quien esperaban.
—Hasta que por fin sales, imbécil —gruñó Pablo—, bien, estoy esperando mi disculpa.
—¿Disculpa? —Era increíble el grado de idiotez que ciertas personas poseían.
—¿Qué creías?, ¿qué te ibas a salir con la tuya? —señaló el suelo—. ¡Arrodíllate, y pídeme perdón si no quieres tener problemas!
Gourav miró al suelo y después a Pablo, quien seguía esperando. Era una maldita lástima que eso nunca fuera a pasar, en su vida se había arrodillado ante nadie, ni mucho menos pedido perdón y ciertamente no iba a comenzar ahora con un par de idiotas que se creían intocables... Toda esa situación lo estaba aburriendo así que, sin más, dio media vuelta, dejando a los presentes sorprendidos.
—¿Qué carajos? ¡¿qué haces, imbécil? ¡Te dije que te arrodillaras! —exigió.
—¿Que no escuchaste al jefe, idiota? —Exclamó Marcelo, quien se apresuró a tocar su hombro impidiéndole que siguiera caminando.
Eso lo molestó, odiaba que lo tocaran o que invadieran su espacio personal, así que, sin previo aviso, lo agarró de la muñeca apoyándolo en su espalda y lanzándolo por los aires, haciendo que se estrellará de espalda contra el suelo, provocando que todo el aire saliera de sus pulmones. Aunque abra que de decir que, tampoco hizo nada para amortiguar su caída.
—No tengo tiempo para sus niñerías.
Gruñó y siguió caminando.
—¡¿Quién putas te crees que eres, imbécil?! —Escupió—. ¡¿Te crees mejor que nosotros?!
Gourav se detuvo y volteó a verlo con una sonrisa llena de superioridad, arrogancia y burla.
—¿Creerme mejor? ¡Ja! No te confundas, pedazo de mierda. Yo —se señaló—, soy mejor que ustedes —se aseguró de poner especial énfasis en el «yo» y en el «soy».
—¡Tú, no eres más que mierda! —Su rostro enrojeció de rabia, ¿cómo se atrevía aquel pedazo de imbécil a faltarle al respeto de esa manera? —. ¡Chicos, enseñémosle a este estúpido, quien putas manda en esta escuela y en este pueblo! —Ordenó sonriendo.
Los cuatro restantes se lanzaron al ataque, Gourav no tuvo ningún problema en ponerlos en su lugar. Patadas, puñetazos, empujones, y nuevamente la nariz lastimada de Pablo, fue el saldo de aquella pelea. Habían sido cinco contra uno, y, aun así, la balanza siempre estuvo a su favor.
—Escucha, reverendo imbécil —ordenó sosteniendo a Pablo del cuello de la playera
—¡Suéltame! —exigió.
Pero, aunque tratara de zafarse de su agarre, fue inútil, era como si Gourav poseyera alguna especie de fuerza sobre humana.
—Vuelves a tocarme los huevos de esta manera y para la siguiente no solo serán pequeños moretones lo que te voy a dejar, ¡¿oíste?!
Su vista se posó en un contenedor de basura que había a escasos metros de él, y sonrió ladinamente.
Segundos después, imitó la misma acción que Pablo había hecho al haber aventado al pequeño Femboy.
—¡Ranses, maldito! —gritó con rabia desde el bote de basura en el que se encontraba atascado, mirando como este se iba alejando como si nada— ¡Esto no se va a quedar así, no sabes con quien putas te has metido, haré de tu estadía aquí un maldito infierno, eso tenlo por seguro!
Poco le importaron sus amenazas. Perdido la cuenta de cuantas personas a lo largo de su vida lo habían amenazado, por lo que, una más, no hacía gran diferencia.
Al llegar a casa, fue directo al refrigerador buscando algo de comida, para su desgracia, su apetito lo abandonó al ver las pizzas para recalentar, llevaba 3 días comiendo de eso y ahora solo con verlas se le revolvía el estómago. En momentos así, extrañaba a su mamá y su exquisita comida cacera. Su padre y él eran un absoluto y completo desastre en lo que concernía a la preparación de cualquier comida, así fuera hervir agua.
Dejaron de intentarlo desde la última vez que incendiaron la casa, malditos frijoles, deberían ponerles una etiqueta de: «¡PELIGRO, PREPARE BAJO SU PROPIO RIESGO!»
Aunque él seguía insistiendo en que su padre, hizo algo que no debería de haber hecho para que la pinche lata explotará. Un incendio pequeño se convirtió en uno grande una vez que vertieron agua. ¿No que los incendios se combaten con agua? Bueno pues eso era una vil mentira porque lo único que consiguieron fue avivar el fuego, ¿cómo?, no lo sabía.
Desde esa experiencia tan traumática para ambos, decidieron que lo mejor para ellos, para su hogar y sobre todo para sus corazones era mejor comprar comida apta para microondas, ese sí que lo sabían usar, aunque, había veces que mejor pedían a domicilio o salían a comer, no querían que su suerte se les fuera a terminar. Pero a final de cuentas, nada de eso remplazaba a una buena comida casera.
Su teléfono comenzó a vibrar, al sacarlo de la bolsa y ver el identificador de llamadas, contestó de inmediato. Antes de cerrar el refrigerador, sacó un poco de jugo.
—¡Corazón de Pollo! —se escuchó del otro lado de la línea la tan inconfundible voz de su padre—¿Qué tal el primer día en tu nueva escuela? ¿hiciste amigos? —Su voz llena de euforia.
—Yo no diría que amigos —exclamó indiferente—, creo que, entran más en la categoría de enemigos.
—¡Maldición! le pedí demasiado a los dioses.
—Definitivamente —concedió.
—Bueno entonces, ¿qué tal tus nuevos enemigos? —el ánimo regresando.
—Son unos idiotas, y a pesar de ser cinco, ninguno de ellos es dignos de una buena pelea.
—Eso es obvio, tu fuerza no se compara a la de... espera —se interrumpió— Gourav Ranses, ¡¿te peleaste?! —acusó molestó.
—¿Yo? Por supuesto que no.
—Tú mismo me lo acabas de decir, idiota.
—Quizás escuchaste mal, viejo —se burló.
—¡¿Viejo?! ¡ja, viejo los cerros y todavía enverdecen! —el orgullo desbordando—. Bueno pasando a otro tema ¿algo más que quieras contarme?, ¿algo nuevo a parte de tus enemigos?
—¿Nuevo?
No pudo evitar un pensamiento fugas hacia el pequeño Femboy y en ese aroma tan exquisito que desprendía. A decir verdad, era raro, nunca en su vida alguien había llamado tan poderosamente su atención como lo hacia él, y habrá que decirlo, nunca había olido un aroma tan condenadamente delicioso como ese, y si lo admitía para sí mismo, fue un poco difícil no saltarle encima, lo cual, como había dicho, era bastante raro, pues en su vida había sentido atracción hacia un hombre.
—, no nada —exclamó saliendo de sus pensamientos.
—¿Seguro?
—Seguro.
—Qué raro.
—¿Por? —Elevó una ceja.
—No sé, me esperaba algún comentario como: «oye tienes que pagar este hospital porque mande a otro desgraciado de visita con sus antepasados» —trató de imitar lo mejor que pudo su tonó de voz—, no sé, algo así.
Gourav no pudo evitar rodar los ojos, su padre lo conocía tan bien.
—Bueno, no cantes victoria aún, quizás en la semana haya algo.
—Procura mejor que no. —Amonestó —. Los Dioses debe de estar hasta las narices de mandar de regreso a los pobres desgraciados que tuvieron el infortunio de toparse contigo.
—No prometo nada —se escuchó un suspiro resignado del otro lado de la línea, lo que lo hizo sonreír—. Y, ¿encontraste a la persona que estabas buscando? —Decidió que lo mejor era cambiar de tema.
—¿Qué si lo encontré? Ja —la burla, molestia y asco presentes en su tono—, si te contará, el imbécil, estaba tan borracho que tuve que esperar a que se le pasará.
—¿Tú?, ¿esperarte? —cuestionó incrédulo—, eso es nuevo.
—¡¿Estás loco?! A los 30 segundos me desesperé y le eché un balde de agua helada.
—Bueno, si no moría por cirrosis, seguro lo matas de hipotermia.
—No había mucho que perder de todos modos. —En eso estaba completamente de acuerdo.
—Y ¿qué averiguaste?
—El imbécil resulto ser toda una fichita. Tenía familia. Su mujer estaba embarazada, pero este estúpido al tener tantas deudas y estar relacionado con gente mala, terminó por venderla juntó con el bebé.
Se percató en seguida del odio y coraje en su voz, y no lo culpaba, para Rauno, la familia era sagrada. ¿Cómo un hombre era capaz de hacer semejante atrocidad?, vender a la persona a la que, según amas para luego apuñalarla por la espalda, no tenía perdón, ni de los dioses, ni de nadie.
—Hanna Gamboa, ese era el nombre de su esposa.
¿Gamboa? Ese apellido le sonaba bastante familiar. ¿Dónde lo había escuchado? Tardó solo unos segundos en recordarlo, pero cuando lo hizo, la imagen de Amari se proyectó en su cabeza. Era verdad, el pequeño Femboy era Gamboa.
Vaya coincidencia…
NOTA DEL AUTOR:
Hola amikos, ¿Qué tal el segundo capítulo?, ¿les gusta la relación padre e hijo?, ¿qué opinan de Pablo?, ¿hizo bien Gourav en aventarlo al bote de basura? >w<
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