Capítulo 2 de 8
No podía creer lo tonto que había sido al bajar la guardia, y ahora, solo por eso, se encontraba en esa situación. No podía culpar a nadie más que a él mismo por su estupidez. Frente a él, sonriéndole con su acostumbrada arrogancia, se encontraba Pablo, acompañado como siempre de sus 4 mejores amigos; Cristian, quien lo igualaba en maldad; Dareck, el más callado de todos; Marcelo y Roberto, quienes solo lo seguían por pura y mera diversión.
—¿Querías escapar de nosotros, pequeña mierda miserable? —Sonrió burlón.
Intentó responder, decirles que lo dejaran tranquilo, que se marcharán y lo dejaran en paz. Pero su voz se negaba a salir. Los recuerdos de aquella ocasión en que los enfrentó, permanecían profundamente arraigados en su memoria. Ese día, debió correr con mucha suerte como para no haber muerto debido a todos los golpes que había recibido.
Pablo a provechó el momento de distracción por parte de su víctima y le soltó un fuerte golpe en el estómago dejándolo sin aire. Pequeños destellos comenzaron a danzar frente a sus ojos. ¡Dios!, no quería desmayarse. Cayó al suelo debido a la inestabilidad de sus piernas y a lo mareado que se sentía por la falta de aire.
—Eso te pasa, por querer hacerte el listo con nosotros.
—Por favor, ya basta —suplicó entre lágrimas, poniendo sus brazos al frente como escudo—, no me hagan daño.
—Ay, pobrecito —se burló. Con brusquedad lo tomó del cabello haciendo que soltará un pequeño quejido de dolor—, de mi nadie se burla, pequeña e insignificante mierda —volteo a ver a sus amigos con una sonrisa en el rostro—. ¿Qué opinan ustedes muchachos, el retrete o una buena golpiza?
—A mí se me apetece golpearlo —exclamó Cristian—, hace como una semana que hemos estado usando el retrete en él, seguro y los moretones ya desaparecieron de su cuerpo, y habrá que volverlos a poner ahí —chocó su puño contra su palma para darle más énfasis a sus palabras.
—Tienes toda la razón —aprobó.
Al mismo tiempo, sus amigos soltaron exclamaciones de júbilo. El cuerpo de Amari tembló lleno de terror anticipando lo que estaba a punto de pasar.
—Por favor n-no —suplicó entre pequeños hipidos tratando de hacer que cambiaran de opinión, aunque sabía que eso no pasaría, quiso creer que quizás este día sería diferente—, por favor.
Desgraciadamente sus palabras cayeron en oídos sordos, pues los golpes no se hicieron esperar.
La campana sonó, anunciando así el inicio de clases.
—Atención jóvenes —pidió el maestro.
Amari quien ya se encontraba en el salón después de tan tremenda golpiza, dejo el libro que estaba leyendo para prestarle atención a su profesor, en su rostro se mostraban algunos hematomas que los golpes de sus compañeros habían dejado en su cuerpo. Por efímeros segundos el maestro posó su mirada en él, pudo notar como esta se oscurecía de tristeza. Aun así, no preguntó.
Y no lo culpaba, tenía una idea de lo que podría pasarle si intentaba hacer algo, no por nada algunos maestros habían perdido su empleo y con ello la posibilidad de seguir ejerciendo.
—Tomen asiento por favor —espero a que todos y cada uno de los estudiantes estuviera en sus respectivos lugares para seguir—, muy bien, llevamos una semana de haber iniciado el ciclo escolar nuevo, y espero que todos ya se hayan aclimatado, porque lo bueno comienza esta semana —amenazó, recibiendo algunas quejas—, pero... antes de eso —los ignoró—, hoy se nos ha informado que tenemos un nuevo estudiante —su vista se dirigió hacia la puerta—, pasa por favor.
Una vez que el chico entro, los cuchicheos no se hicieron esperar, frases como:
—Esta guapo ¿no te parece? —expreso una compañera quien le hacia el comentario a su amiga, la cual sonrió de forma pícara.
—Es enorme… —decían otros.
—¿Y ese prietito color carbón qué?
Se oyó decir a Pablo. Amari no pudo evitar voltear a verlo notando la sonrisa burlona que adornaba su rostro... después observó detenidamente a su nuevo compañero; una tímida ráfaga de aire se coló por la puerta, llevando consigo su aroma; era una combinación entre bosque y lluvia. Se permitió cerrar durante breves segundos sus ojos para disfrutar de tan delicioso aroma, nunca en su vida un olor lo había relajado tanto como ese, cuando los abrió siguió con su análisis.
Su cabello era de un hermoso tono negro, su mirada penetrante, fácilmente podía calcularle 1 metro 85 cm, y para él, que, tan solo media 1 metro con 55 cm (lo que lo hacía víctima de muchas de las burlas por parte de sus compañeros) era intimidante. El joven se puso a un lado del maestro, sacándole más de 1 cabeza, su complexión era fuerte, y desprendía un aura de peligrosidad y seguridad en exceso.
—Silencio por favor —pidió—, su compañero se llama Gourav Ranses, y es 3 años mayor que ustedes.
—¡¿3 años?! —Exclamaron algunos compañeros, entre ellos, Pablo, el cual lo había dicho con un tonó entre sorprendido y burlón.
Gourav siempre se había preguntado si todas las escuelas se ponían de acuerdo para que cada una tuviera a su imbécil personal, o si solo era su maldita mala suerte de toparse con ellos.
Le prometió a su padre portarse bien mientras estaba fueras, pero… tal parecía que eso no iba a ser posible. Bueno, aguantaría todo lo que pudiera y trataría de evitar tener problemas. Ante el pensamiento tan absurdo, no pudo evitar esbozar una diminuta sonrisa de medio lado; ¿portarse bien?, si claro cómo no. Pensó con ironía.
Un olor extremadamente dulce capto su atención, si no se equivocaba era vainilla, con disimuló buscó al propietario de tan delicioso aroma. No tardó mucho en identificarlo, el chico era menudo, con pelo castaño, unos ojos grandes color miel, con pestañas largas; los moretones y hematomas no pasaron desapercibidos para él. El chico rayaba en lo femenino. Ante su escrutinio bajo la cabeza, pero no lo suficientemente rápido para ver un leve sonrojó en sus mejillas.
Amari podía sentir como su corazón se aceleraba con tan solo esa breve mirada que le dedico, nunca nadie lo había observado con esa intensidad. Llevó sus manos hasta su pecho pues temía que su corazón se fuera a salir, o que los demás se percataran del sonido. Ver a Gourav lo había hecho sentir raro, como si una corriente eléctrica atravesara su cuerpo… ¿qué le pasaba?
—¡Pablo! —amonesto el maestro, sacándolo de sus pensamientos y haciendo que prestara atención a lo que sucedía a su alrededor.
—No estoy haciendo nada maestro—, exclamó inocente—, solo me sorprendí, ¿qué, a poco si de veras estas tan burro, como para a ver reprobado 3 años...?
Su comentario causo que algunos compañeros no pudieron evitar reír, pero la risa solo les duro efímeros segundos, pues, sin que nadie lo previera, un borrador salió disparado estrellándose en medio de su rostro con un sonido sordo, del impacto tan fuerte, cayó hacia atrás.
El salón se quedó sumido en un profundo silencio.
Todos incluyendo al maestro, voltearon a ver a al nuevo estudiante, quién se notaba imperturbable ante lo que acababa de hacer. Todos en ese instituto sabían que no se debían meter con él si no querían tener problemas, pues al ser sobrino del director e hijo de un funcionario público, podía hacer prácticamente lo que quisiera, sin ninguna consecuencia de por medio. Lo peor era que lo había demostrado en varias ocasiones.
—¡Idiota, ¿qué putas te pasa?! —le grito Cristian, quien no dudo en acercarse a su amigo para brindarle ayuda.
Cuando Pablo se levantó, sostuvo su nariz debido al derrame que tenía. Sus amigos flanqueándolo a cada lado, listos para poner al nuevo en su lugar.
—¡No sabes con quien putas te has metido, Ranses! —exclamó lleno de rabia mientras escupía un poco de sangre que se le había metido a la boca.
—Con la reina del drama al parecer —rodo los ojos indiferente.
Amari salió de su estupor al oír lo varonil que era su voz, los bellos de su cuerpo se erizaron y por algún motivó que aún no lograba comprender, pero que se le había hecho muy normal; su parte trasera se humedeció. Se sintió incómodo y avergonzado ante su reacción. El sonrojó instalándose en sus mejillas.
Fue en ese momento que sus miradas volvieron a toparse, no sabía porque, pero… algo le decía a Amari que Gourav se había percatado de su estado, lo cual era ridículo, porque nadie sabía de ello, aun así, no pudo evitar avergonzarse más de la cuenta y al no poderle sostener la mirada volteo hacia abajo jugando nervioso con el dobladillo de su suéter.
—¡Basta chicos! —dijo el maestro poniéndose en frente de Gourav con las manos en alto para tratar de calmar la situación—, Pablo ve a enfermería para que te chequen.
—¡¿No le dirá nada?! —grito lleno de indignación.
—¡Pablo, ve a enfermería! —le exigió.
Apretó los puños y salió echando chispas, siendo seguido por Cristian.
Amari sabía que después de eso, Pablo le haría la vida imposible... aquellos que intentaron enfrentarlo terminaban expulsados o transferidos de escuela al poco tiempo, pero, aun así, no pudo evitar sentir cierta satisfacción por lo que acababa de presenciar.
—¿Me va a mandar a dirección o me puedo ir a sentar? —cuestiono Gourav con calma, dirigiéndose al docente.
El maestro soltó un suspiro de cansancio y llevó una de sus manos hasta sus ojos para masajearlos, aun no eran ni las 10 de la mañana y ya se sentía cansado.
—Toma asiento donde gustes.
Sin decir más, Gourav se encamino a la primera fila donde precisamente se encontraba Amari, se detuvo unos segundos mirándolo intensamente ya que, por algún motivo, su olor se había vuelto mucho más espeso y rico, casi que podía saborearlo en su paladar. Apretó los puños y se encaminó a la parte trasera, nunca le había gustado sentarse en los primeros lugares, atrás, podía observar todo y a todos.
A la hora del recreo algunos de los alumnos se acercaron a él dispuestos a entablar amistad, pero rápidamente les hizo ver que no estaba interesado en formar algún vínculo con nadie, así que hizo que la bolita de alumnos a su alrededor, se disipara en un parpadeo. Aunque eso sí, no faltó quien se expresara mal de él, llamándolo “payaso” o “delicadito”, pero poca, o más bien dicho nula importancia les dio.
Se puso de pie, dirigiéndose hacia la ventana. Ahí fue cuando, sentado bajo la sombra de un árbol, se encontraba aquel niño, comiendo y leyendo un libro. ¿Qué tenían de interesante? Los libros eran aburridos, aunque, al parecer, para el pequeño ratoncito de biblioteca eran muy interesantes, pues se encontraba sonriendo como un idiota. Notó como se detenía, agarraba el libro entre sus manos y pecho y movía los piecitos, que, debido a su baja estatura, no lograban tocar el suelo; algo había pasado en ese libro que hizo que estuviera así de feliz.
Por desgracia nada duraba para siempre. Esa felicidad que había sentido se esfumó una vez que Pablo se acercó a él con todos sus achichincles, tal parecía que ya había salido de la enfermería y que se encontraba meridianamente bien. Que lastima, le hubiese encantado que se quedara ahí lo que restaba del día, pero bueno, no siempre se obtiene lo que uno quiere; no pudo evitar sentir satisfacción al ver que, en su cara, traía un parche producto del golpe que le había dado, si hubiera aplicado un poco más de fuerza seguro como el infierno lo mandaba de visita con sus antepasados.
Observó como le arrebataba el libro, intuyo que no era la primera vez que sufría a manos de aquel imbécil; y tenía el presentimiento de que los moretones que adornaban su piel, eran gracias a las manos de todos ellos. Vio como no hacía nada por defenderse ni por volver a recuperar el libro, sino que, se quedó ahí, de pie, con la cabeza gacha.
Eso lo molesto ¿por qué putas se quedaba quieto? No pudo evitar apretar sus manos convirtiéndolas en puños.
Era un imbécil por dejar que lo trataran así, si quería dejar de sufrir, lo único que debía hacer era ponerles un estate-quieto, el método dependía de él. Pero en lo personal, él escogería el de la violencia, era mucho más divertido y daba mucha más satisfacción.
Ahora comprendía porque que lo trataban como lo trataban, era demasiado fácil molestarlo, demasiado sumiso.
NOTA DEL AUTOR:
Hola amikos, espero que les haya gustado este primer capitulo tanto como a mi al escribirlo >w<. Nos vemos en el siguiente y Gracias por darle una oportunidad a esta loca locura.
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