Capítulo 14
Un pequeño gemido salió de su garganta siendo amortiguado por el pedazo de tela que le habían metido en la boca para impedir que pudiera pedir ayuda.
Nadie vendría a su rescate y era mejor que de una vez lo fuera asimilando. A nadie le importaba. La criatura se fue acercando. ¿Estaba listo para morir? no, no lo estaba, pero... tampoco era como que quisiera seguir viviendo; estaba harto de todo, harto de las humillaciones, de los golpes, de las burlas; si esta cosa iba a ser la causante de su muerte, pues que así fuera. Lo único que quería era dejar de sentir dolor, tanto físico, como emocional.
«Gourav».
No pudo evitar pensar en él. De todos sus años escolares y de todos sus compañeros, él era el que mejor lo había tratado. Quiso esbozar una sonrisa, pero la mordaza se lo impidió. Agradeció a los dioses por haberlo puesto en su camino, al menos supo lo que era que alguien interviniera por ti. Ayer y hoy, por mucho, habían sido los mejores días de su vida, y con eso se quedaría, quizás algo bueno le esperaba en su otra vida.
Pensar en eso lo tranquilizó, sólo tenía que aguantar un último sufrimiento, el desgarro de su carne y huesos; y después de eso… esperaba solo encontrar paz.
La criatura llegó hasta él. Con su pata, le dio la vuelta para quedar boca arriba y pisó su estómago para impedir que escapara haciéndolo pujar por el dolor. Era pesada. Poco a poco fue bajando la cabeza hasta quedar a centímetros de su rostro; abrió la mandíbula lista para dar el primer mordisco mientras una gota de saliva caía en su mejilla.
No quería ver. Cerró los ojos y trató de pensar en cosas bonitas mientras llegaba su final.
La criatura chilló y se abalanzó a su rostro. Amari apretó sus ojos, esperando el inminente dolor, pero lo único que sintió, fue como quitaba su pata de encima, y después… barios sonidos de gruñidos y rugidos.
Abrió los ojos solo para quedarse atónito.
Aquella criatura, estaba siendo jalada por alguna especie de telaraña. Siguió esta con su mirada hasta toparse con otra criatura, se parecía a una araña, pero esta era enorme, más o menos debía medir un metro con ochenta con las patas completamente extendidas. Su rostro era una combinación entre lo animal y lo humano, camuflándose muy bien con su entorno; quizás había estado ahí desde el principio.
Al ser más grande que la primera criatura, no tuvo ningún problema en terminar con ella; levantó su cola en la cual al final había un aguijón, y no dudó en traspasar el cuerpo del primero, matándolo al instante.
Pero lo que más miedo le dio, fue cuando posó sus ojos sobre él, la criatura se fue acercando, pero sorpresivamente se detuvo a un metro de distancia. Levantó la cabeza, mirando la espesura del bosque, cabe decir que, el sol ya se estaba comenzando a ocultar, por lo que él, como humano, no podría ver nada en unas pocas horas; esperaba que lo que fuera que veía esa criatura no fuera otra más peligrosa.
Se sobresaltó al ver la velocidad con la que se movió y subió al árbol donde anteriormente estaba. Lanzó su telaraña enredando sus pies y comenzó a jalarlo.
¿Qué estaba haciendo?, ¿a dónde lo llevaba?
Cuando Gourav atravesó aquellos matorrales, se dio cuenta de que el aroma de Amari era mucho más fuerte ahí, paseo su vista por todo el lugar en busca de él, percatándose de aquella criatura muerta a unos metros de distancia. Arrugó su nariz debido al fuerte olor que emanaba; si vivos apestaban, muertos era peor.
Se acercó a donde el olor de Amari era más intenso y analizó la tierra; había huellas de una criatura que suponía, era la que estaba muerta, ya que las huellas coincidían perfectamente. Las segundas que encontró tenían la forma de picos; seis iguales, está debía ser una criatura de seis patas y, por último, pero no menos importante, Amari, quien había sido arrastrado algunos metros por aquella criatura, y lo que más temía, el olor a sangre era fuerte, y para su desgracia esta pertenecía a su pequeño Femboy.
¿Estaba muerto?, ¿había llegado tarde? No, no, no, no, eso no podía ser, se reusaba a creerlo. Su vista se dirigió hacia el rastro que habían dejado al arrastrar a Amari, el cual se perdía entre unos matorrales.
—¡Maldita sea…!
Corrió siguiendo aquel aroma, si no quería perderlo necesitaba darse prisa, algo le decía que Amari aún seguía con vida. No se rendiría, mientras su cadáver no estuviera frente a sus ojos, seguiría buscándolo.
No supo por cuanto tiempo corrió, hasta que comenzó a escuchar el sonido del agua, al parecer, cerca de ahí había un rio, fue entonces cuando el paisaje cambió. Los arbustos tenían enormes telarañas al igual que los árboles e inmediatamente se detuvo. Su expresión cambió de concentrada y seria a una de terror puro.
—¡No, no, no, no, no, me lleva Pifas! Porqué rayos, de entre todas las malditas criaturas, tenía que ser una araña. —Caminó de un lado a otro pensando que hacer—. ¡Arg! —Gruñó frustrado. Miró la maleza, se armó de valor y caminó hacia ella, pero antes de llegar se detuvo y dio media vuelta recorriendo la misma distancia, hizo lo mismo durante unos minutos—, Voy, no voy, voy, no voy, voy, no voy ¡JODIDA, PUTA, MIERDA! —gritó a los cuatro vientos sin importarle que alguna de esas cosas lo fuera a escuchar—. ¡Más te vale que sigas vivo, peque, porque ni mierda regresaré con un maldito cadáver después de esto!
Al terminar de infundirse valor, volvió a retomar el viaje.
Las lágrimas incrementaron al ver como aquella «araña» en volvía su cuerpo con su telaraña, ahora comprendía lo que eran todos los demás capullos que colgaban de aquel árbol, seguramente era algún animal o alguna persona que tuvo el infortunio de toparse con esa cosa igual que él. Podía notar, pese a las vueltas que le daba y pese a la poca visibilidad, que algunos de ellos aún se movían. ¿Cuánto tiempo llevarían ahí?, ¿alguno era una persona?
Hacía tiempo que había dejado de luchar para tratar de zafarse, uno: por qué ya estaba demasiado exhausto, y dos: porque todo su cuerpo dolía horrores, además, si lo hacía, corría el riesgo de caer a aquellas aguas turbulentas debajo de ellos; no sabía nadar, y así como estaba atado de manos y pies, seguro y no tendría ninguna oportunidad de sobrevivir, aunque, si lo analizábamos bien, en ninguna de ellas sobreviviría, para este momento ya estaba resignado. Rezaba a los dioses porque su muerte fuera rápida.
Entonces y para su muy mala suerte, apareció otra de esas cosas. La araña dejó de enredarlo, para poner toda su atención en el «inconveniente» que tenía en frente. Tal parecía que aquella segunda araña tenía toda la intención de robarlo de su captora, ya que ambas comenzaron a pelear mientras él era balanceado de un lado a otro, lo cual, por cierto, hizo que su estómago se revolviera y comenzara a temer realmente caer a aquellas aguas, la pelea siguió por unos minutos más, hasta que… sucedió lo que tanto temía. La segunda araña, lanzó su aguijón contra la primera, pero esta pudo esquivarlo sin ningún problema, provocando que el aguijón diera directo en el hilo que lo mantenía suspendido en el aire.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente, sintiendo como su estómago se contraía por la caída, sus gritos, llenos de terror, fueron amortiguados por la mordaza entre sus labios.
Esperaba sentir pronto el choque de su cuerpo contra el agua, pero esto nunca sucedió. Abrió los ojos y miró hacia arriba sorprendiéndose al ver ahí a Gourav, el cual estaba colgando de la rama del árbol, sosteniendo parte del hilo de la telaraña que habían cortado. Cuando lo volteo a ver, su rostro mostraba una sonrisa ladina.
—¿Me extrañaste, peque?
Sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad al oír su voz. Habían venido por él; ¡Gourav había venido a su rescate!
Desgraciadamente ese pequeño momento de felicidad fue interrumpido al darse cuenta que aquellas arañas venían por ellos. Hizo señas con sus ojos para que Gourav mirara hacia arriba, y, en cuanto lo hizo, apenas y le dio tiempo a hacerse a un lado antes de que una de ellas lanzara su aguijón contra él, pero por desgracia, no pudo impedir que cortara aquel pequeño hilo que lo sostenía. Sus ojos se abrieron de par en par, esta vez no habría nada que le impidiera caer a aquellas aguas.
Vio el momento en el que los ojos de Gourav se agrandaron y cambiaron a ese color dorado que tanto le gustaba, para después soltarse del árbol y lanzarse hacia él.
Su visión fue borrada por el impacto del agua contra su cuerpo. Estaba helada. Fueron arrastrados por la corriente que era demasiado fuerte. Intentó contener la respiración todo el tiempo que pudo, pero la necesidad de jalar aire se hizo más fuerte, no aguantaría, moriría ahogado, y justo cuando la desesperación lo estaba consumiendo, lo sintió, sintió como era jalado hacia arriba y como de un momento a otro su cabeza salía a la superficie, lo cual le dio el tiempo suficiente para jalar el tan valioso aire que necesitaba antes de volver a sumergirse.
Abrió los ojos y se encontró con la mirada de Gourav, realmente parecía un sueño que alguien se hubiese preocupado lo suficiente por él como para arriesgar su vida y venir a rescatarlo. La corriente los empujó hacia arriba, cosa que aprovecharon para tomar aire. En ningún momento vio duda en los ojos de Gourav, ni siquiera miedo a pesar de la situación en la que se encontraban.
Necesitaba sacarlo, si seguía así no iba a aguantar mucho. Luchar contra la corriente era demasiado cansado y para rematar el agua estaba helada. Un sonido proveniente de entre los árboles lo hizo mirar hacia arriba, dándose cuenta que una de las arañas aún los seguía, ¡maldita sea!, ¿qué no se cansaba?
Al parecer Amari también se percató de ella, pues soltó un gemido lastimero.
La criatura apresuró su paso y en un santiamén les dio alcance. Sin miramientos se lanzó a ellos. A Gourav no le quedó de otra más que volverse a sumergir; desgraciadamente el aguijón de la criatura logró herir su brazo, el rostro de Amari se desfiguró de preocupación al ver la sangre brotar de su brazo, pero Gourav no pudo hacer nada más que abrazarlo al ver que se dirigían hacia una gran roca en medio de aquel rio. El impacto era inminente.
Dio media vuelta cambiando sus posiciones justo a tiempo antes de impactar. Su agarre en Amari se aflojó, dándole oportunidad a la corriente de arrancarlo de sus brazos.
—¡Carajo! —pensó.
Trató de alcanzarlo mientras luchaba contra la criatura. Pero cada segundo que pasaba la corriente alejaba más a Amari, haciéndole imposible llegar a él. Sacó un cuchillo de los que aún conservaba para poder defenderse.
La criatura, al ver que Gourav ponía resistencia, volteo a ver a Amari, quién se hundía y volvía a salir a la superficie en repetidas ocasiones debido a la fuerza de la corriente. Vio en el a una presa mucho más fácil.
—¡Maldita sea, no! —gruñó al ver que se dirigía hacia él.
Trató de nadar para darle alcance, pero aquella cosa lo superaba en velocidad; saltaba de un árbol a otro y de una piedra a otra sin la necesidad de tocar el agua: los árboles ayudaban demasiado al juntar sus ramas y troncos con los del otro lado.
Si no hacía nada se lo iba a arrebatar.
Al ver que llegaba a él y lo tomaba con sus patas, no le quedó de otra más que buscar un punto de apoyo, y tal parecía que los dioses estaban de su lado. Al volver a ser jalado hacia abajo vio que se acercaba a una piedra lo suficientemente alta como para apoyarse y sonrió. La usó como apoyo para impulsarse fuera del agua, justo cuando la araña acercaba a Amari a sus mandíbulas dispuesta a darle un buen mordisco.
Silbó para llamar su atención mientras estaba suspendido en el aire, y, al voltear esta, lanzó el cuchillo dándole a medio rostro. La «araña» murió al instante. Amari y el volvieron a caer al agua, durante los minutos siguientes luchó para tratar de darle alcance, lo cual logró después de un tiempo.
Buscó con la mirada alguna raíz que pudiera usar para salir. Por fortuna metros más adelante vio su oportunidad, había un brazo caído; sus ramas daban exactamente por donde ellos iban a pasar. Los siguientes segundos eran decisivos. Si perdía esta oportunidad, sería su fin.
Luchó contra la corriente durante lo que le parecieron minutos interminables, pero sabía que solo habían pasado unos pocos segundos cuando por fin tocó aquellas raíces, usó lo último de sus fuerzas para sacarlos del agua. Su pecho subía y bajaba de manera errática por todo el esfuerzo.
—Joder…
Volteó a ver a Amari percatándose de su inusual falta de movimiento.
—¿Oh? ¿Amari?
Se levantó a la carrera y comenzó a analizarlo, sus ojos estaban cerrados y para su desgracia y consternación, no respiraba.
—¡Mierda, mierda, mierda!
Tomó uno de los cuchillos más pequeños, y cortó la mordaza que traía para no perder tiempo, cortó también la telaraña que cubría su pecho. Pensó por un momento que eso sería suficiente, pero por desgracia no fue el caso. Amari seguía sin respirar ni hacer ningún movimiento.
—¡Amari! —gritó en un intento por despertarlo—, maldita sea —rápidamente comenzó a dar el RCP—. Vamos, despierta… abre los ojos.
Sin reacción. ¡Mierda! El pánico comenzó a apoderarse de su ser. No podía morir, jodidamente no iba a permitir que ese niño muriera en sus brazos; no después de todo lo que habían pasado.
—¡Abre tus ojos, peque, por favor, no puedes morir!
NOTA DEL AUTOR:
Denle a este hombre 10 hectáreas, 100 borregas y 10 vacas, se las merece.
Sentí la sorpresa y la alegría de nuestro pequeño Amari al ver a Gourav. ¿Ustedes no? Solo espero que Amari no siga la luz al final del túnel.
Aún no hay comentarios
Inicia la conversación sobre esta publicación.