Capítulo 15
ADVERTENCIA: Este capítulo convendrá escenas fuertes y de suicidio, se recomienda la discreción del lector.
Por primera vez en mucho tiempo suplicó. No comprendía porqué todo esto lo estaba afectando más de la cuenta. Sus uñas crecieron convirtiéndose en garras, sus colmillos hicieron acto de presencia y su pelo se engrifó; sus ojos adquirieron un dorado mucho más intenso al que tenía desde que vio a Amari caer al agua.
—¡Amari, joder, no me enfrenté a esa cosa solo para que al final mueras! ¡¡¡REACCIONA!!! —Gritó, ya para ese momento desesperado.
Y como si necesitara de esas palabras, Amari comenzó a expulsar toda el agua que estaba dentro de sus pulmones. En el minuto en que Gourav lo escuchó, experimentó un gran alivio y toda la tensión que se había estado acumulando en sus hombros lo abandonó. Lo ayudó a ponerse de costado para que le fuera más fácil expulsar el agua.
—Eso es… —se quedó junto a él acariciando suavemente su hombro.
Una vez que se hubo controlado, se apresuró a desatarlo, notando en seguida lo mal que tenía sus muñecas; el alambre que habían usado perforó su piel y sangre seca se cernía alrededor de ellas. Pero cuando vio sus pies, su enojo escaló, estaba descalzo y uno de sus tobillos lo tenía jodidamente hinchado.
A pesar de ser de noche, podía ver perfectamente bien todo el daño que le habían causado. Las plantas de sus pies fueron cortadas con alguna especie de navaja, no eran tan profundas, pero si lo suficiente como para necesitar vendarlos.
Apretó su mandíbula haciendo un esfuerzo por controlar su rabia.
Con ayuda de Gourav, Amari pudo sentarse. Comenzó a frotarse los brazos para tratar de entrar en calor, con su mirada comenzó a buscar a Gourav. No fue ningún problema dar con él, debido al cambio en sus ojos, los cuales brillaban hermosamente a la luz de la luna, ese color dorado le agradaba.
—G-Gourav —exclamó con voz ronca y frágil, oírlo hizo que el corazón de Gourav se apachurrara; nunca había tenido a una persona tan frágil entre sus brazos—, ¿p-por qué?
Fue todo lo que alcanzó a decir antes de desmayarse debido al intenso dolor que las heridas hechas por Pablo y los demás le causaban.
—¡Amari! —se apresuró a sostenerlo para que no callera al suelo—. ¿Amari?
Acercó el oído a su nariz temiendo que no respirara. Por «fortuna» solo estaba inconsciente, supuso que debido a todo el shock.
De cualquier modo, no podían quedarse ahí, necesitaba buscar un lugar seguro y prender una fogata para calentar sus cuerpos. Regresar a casa supondría ponerlos a ambos en peligro. Si alguna de esas cosas llegara a aparecer; su atención tendría que estar dividida entre el pequeño y las criaturas. No, no podía correr ese riesgo. Además, el también necesitaba descansar.
Sin más preámbulos, tomó su pequeño cuerpo entre sus brazos y a pesar de la delicadeza que tuvo, Amari aún se quejó.
—Perdona. —Se disculpó sabiendo que no podía escucharlo.
Hallar un lugar adecuado para establecerse fue una tarea condenadamente difícil. Pero al parecer los dioses se compadecieron de él, pues encontró una cueva lo suficientemente espaciosa como para albergar a 2 personas, incluso se podía caminar parado; no era muy profunda por lo que si encendía un fuego se calentarían rápidamente, solo esperaba que eso mantuviera a aquellas cosas lo suficientemente lejos de ahí.
Una vez que acomodó a Amari en el suelo, se dedicó a recolectar leña para hacer fuego, agradecía a los dioses por siempre cargar consigo su ferrocerio con magnesio, eso le ahorraría mucho tiempo.
Una vez que el fuego cobró vida, se apresuró a cortar algunos árboles delgados y tallarlos de tal manera que terminaran en picos. El plan era usarlos como armas si alguna de esas cosas quería atacarlos. De igual manera cortó barias hojas y las puso en el suelo, se acercó al fuego y comenzó a desnudarse; ensartó dos de los palos que había tallado anteriormente y los clavó en la tierra cerca del fuego, improvisando un tendedero donde puso su ropa para que el calor del fuego las fuera secando.
Se acercó a Amari para hacer exactamente lo mismo, pero en cuanto lo tocó notó lo frio que estaba.
—Mierda.
Su temperatura había bajado demasiado por dejarlo en el suelo. Lo desnudó lo más rápido que pudo, escuchando de vez en cuando sus quejidos y los pequeños sollozos que salían de sus labios.
—¡¿Q-que mierda?!
Sus manos se apretaron en puños, esta vez el cambio fue rápido. La razón: ver el cuerpo de Amari exageradamente herido, y no solo eran heridas de días, no, había heridas que tenían meses o incluso años. Su pequeño cuerpo estaba plagado de moretones y cicatrices. Hematomas donde se podía ver la sangre molida.
¿Quién putas le había hecho todo eso? ¿Por qué mierda lo habían herido de esa manera? Amari ni siquiera representaba un potencial peligro, entonces… ¿por qué?
No quería ver su cuerpo herido, ni mucho menos quería verlo en ese estado tan lamentable, no se lo merecía. De entre todas las personas quizás Amari era el único que no se merecía nada de lo que estaba viviendo. Unas enormes ganas de morderlo comenzaron a invadirlo. ¿Qué le estaba pasando?, no podía hacer eso, él quería aliviar su dolor, curar su cuerpo, no herirlo más.
Sacudió la cabeza en un intento por centrarse en lo primordial; hacerlo entrar en calor. Lo demás por ahora podría esperar y trataría de ignorar esa sensación.
Lo tomó entre sus brazos y se sentó con él en el pequeño montón de hojas que había dejado cerca del fuego. Con su calor corporal tan elevado y el calor que irradiaba el fuego, sería suficiente para mantenerlo calientito.
No supo cuánto tiempo pasó cuando Amari comenzó a despertar y a quejarse.
—¡Ahu, m-me duele!
—Lo sé, peque.
Abrió desmesuradamente los ojos al oír la voz y, a pesar de lo herido que estaba, comenzó a luchar al ver a Pablo sosteniéndolo.
—¡No, por favor, por favor, no me lastimes, no me lastimes, por favor!
—¡Amari, basta! —con su mano libre tomó las de él, impidiendo que siguiera luchando, su olor irradiaba el terror que en esos momentos sentía—. ¡Soy Gourav!
Tardó solo un segundo en registrar las palabras y el tono de voz, deteniéndose abruptamente. Al mirarlo, el rostro de Pablo se desvaneció, siendo sustituido por el de Gourav.
—Soy yo, Gourav —volvió a repetir, esta vez suavizando su voz—, nunca te lastimaría, Amari.
—G-Gourav… —su labio tembló.
—Sí —sonrió—, así es.
Fue todo lo que Amari necesitó para que se acurrucara contra él y comenzara a llorar cual niño pequeño.
—Ya no más, Gourav, por favor, ya no más… por favor, por favor.
Suplicaba de una manera tan vulnerable y frágil que no supo que hacer. Joder, ahora si odiaba su incapacidad para brindarle apoyo emocional a los demás. ¿Que se supone que se debía decir en esos momentos?
—Por favor…
—¿Por favor que, peque?
—Y-ya no quiero seguir aquí…
—Mañana a primera hora te llevaré a casa.
Oír aquello lo hizo tensar su cuerpo mientras se separaba de él y lo miraba a sus ojos.
—N-no, por favor, no… por favor.
—Bien, bien —lo tranquilizó dándole un abrazo y acariciando su cabeza con ternura, teniendo cuidado de no lastimarlo—, si no quieres no lo haré, pero dime: ¿qué quieres que haga?, ¿qué necesitas?
El silencio en la cueva se volvió pesado. Por algún extraño motivo temió lo que fuera a salir de sus labios.
—Má-mátame —oír aquellas palabras salir de su boca hicieron que sus vellos se erizaran.
—¡¿Q-que?!—pensó, por un momento, que había escuchado mal.
—Por favor, ya no quiero seguir aquí, ya no… por favor. —Nuevamente volvió a llorar—, tengo miedo, so-solo quiero de-dejar de sufrir, por favor, Gourav.
—No me pidas eso pequeño, no podría.
Y hablaba enserio, solo imaginar dicha escena hacía que su estómago se apretara y su corazón doliera. Más lagrimas resbalaron por las mejillas de Amari ante la negativa de Gourav. Su mirada se dirigió al fuego que los iluminaba, para después detener su vista en uno de los cuchillos que Gourav había dejado cerca de ellos. Ni siquiera se detuvo a pensarlo, se deshizo de su agarre, y gateo hasta el cuchillo más cercano a ellos ante la atónita mirada del moreno.
—¡No! —gritó en un intento por detenerlo.
Pero para su sorpresa Amari fue mucho más rápido y cortó las venas de su mano izquierda, haciendo una herida bastante profunda, de la cual no tardó en emanar sangre. Planeaba hacer lo mismo con la derecha, pero esta vez Gourav fue más rápido, deteniéndolo justo a tiempo.
—¡¿Qué hiciste Amari?! —Le quitó el cuchillo poniendo su mano en su muñeca para hacer presión y tratar de detener el sangrado—. ¡No, no, no, no, maldita sea!
—Por fin… —volteo a verlo al oír sus palabras, dándose cuenta de la sonrisa y la mirada que le dedicaba; llena de paz y de una profunda tristeza y soledad—, n-no más dolor —sus ojos comenzaron a cerrarse debido a la pérdida tan rápida de sangre—, Gourav… gracias.
—¡NO!
La desesperación se apoderó de su cuerpo, y sorprendentemente lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas. Alrededor de su cuerpo apareció una especie de bruma negra, la cual los comenzó a rodear.
Algo dentro de él suplicaba salvarlo, las ganas de morder volvieron a invadirlo, esta vez con mucha más intensidad haciendo que sus encías picaran.
Un golpe sordo se escuchó seguido de una caída, un niño de 10 años yacía en el suelo, limpiando la sangre de la comisura de su boca. Su playera estaba empapada en sudor y su respiración era irregular debido a todo el entrenamiento que habían estado haciendo.
—¡Mierda!
—¡Gourav! —amonestó su padre poniéndose frente a él con los brazos en jarra y un ceño fruncido.
Rauno era un hombre grande, moreno igual que él, ojos negros y barba de candado con una actitud imponente. Años en el ejército le habían dado aquel porte seguro con una apariencia ruda. En pocas palabras, Gourav era su vivo retrato, pero en chiquito.
—¡No hice nada!
—¡Esa boquita!
—Pero tú las dices todo el tiempo.
—Sí, porque yo soy un adulto, y los niños bonitos como tú no deben de decir eso.
—¡Yo no soy bonito, yo soy rudo!
Oír aquello hizo que Rauno cruzara sus brazos sobre su pecho y elevara una ceja interrogativamente.
—¿Y que, un rudo no puede ser bonito?
—No, un rudo es rudo y ya. ¡AY! —Se quejó sobándose la cabeza debido al golpe que recibió.
—Pendejo.
—¡Ya vez…!
—¡Tú tienes la culpa!
—¿Ah? Oílo, ¿y yo por qué?
—Porque me sacas de mis casillas.
—Pues contrólate —Rauno achicó los ojos fulminándolo con la mirada, aunque cabe mencionar que a Gourav eso no le afectaba en lo más mínimo, quizás, si hubiese sido otra persona seguro que lo hubiese hecho orinar de miedo, pero no a el—, eres el adulto aquí, deberías comportarte como tal.
Un tic nervioso apareció en el ojo de Rauno durante unos segundos, para después, nuevamente, darle un golpe en la cabeza.
—¡AHU!
—En fin —decidió que por el momento era mejor dejarlo así, su hijo era necio como… bueno, como él—, ¿Qué te dije de seguir tu instinto? —regañó con los brazos cruzados—, pudiste leer mis movimientos y aún así decidiste ignorarlos.
—TKS… fue un pequeño error.
—Ese error puede ser tu perdición, Gourav, tuya, o de algún ser querido. Grábatelo en la cabeza —recalcó cada letra, cada palabra y cada sílaba, para que le quedara claro el punto—, a lo largo de tu vida, te vas a tener que enfrentar a situaciones muy complicadas, situaciones que incluso requerirán de la violencia, o en algunos casos que por “x” o “y” razón tu no puedas, tu instinto tomará el control; no lo reprimas, no lo ignores, siempre haz caso.
“No lo reprimas, no lo ignores, siempre haz caso”, esas palabras resonaron en su cabeza una y otra vez. Miró a Amari quién comenzaba a perder la temperatura en su cuerpo.
—TKS, espero que no te equivoques, instinto.
Dicho esto, lo volteó de tal manera que le mostrara su nuca, acercó su rostro y antes de morderlo, inhaló un poco de su esencia, la cual comenzaba a desaparecer, y sin más preámbulos lo mordió con suma delicadeza.
Nunca, jamás, pensó que al hacerlo sería bombardeado por tantos sentimientos, entre ellos; la desesperación, el terror, la desesperanza, la tristeza, la soledad… Le tomó un segundo comprender que esos sentimientos no le pertenecían a él, sino a Amari.
Nuevamente las lágrimas comenzaron a escurrir por sus mejillas, aferró más el cuerpo que tenía entre sus brazos. Sus sentimientos eran tan abrumadores y crudos que incluso él estaba teniendo problemas para contener su furia. Todo eso había guardado para sí mismo que no le sorprendía para nada que hubiese tomado la decisión que tomó, ahora comprendía muchas cosas.
Se separó de él y por puro instinto lamio la herida, notando como se cerraba lentamente, lo cual lo sorprendió. Volvió a acomodarlo entre sus brazos y miró su rostro todo magullado.
—No más, pequeño, a partir de aquí nadie nunca volverá a ponerte un dedo encima. —Prometió.
Una luz proveniente del vientre de Amari llamó su atención, sus ojos se abrieron en sorpresa al ver como una figura comenzó a aparecer, casi como si alguien lo estuviera tatuando.
Para su sorpresa, su brazo adquirió el mismo tono de luz, aunque el patrón que se dibujaba en su piel era ligeramente diferente al de Amari. Poco después aquella luz desapareció dejando como único testigo aquellas marcas plasmadas en sus cuerpos.
Gourav no pudo evitar admirar la marca en el vientre de Amari; sus trazos eran delicados y finos, tan diferentes a los de él, que eran bruscos y gruesos. Por algún motivo, algo dentro de él, quedó complacido con tan hermosa figura.
Era una especie de corazón con antenitas, quizás una abejita o una mariposa, no sabría describirlo bien, su cola simulaba una cadena de ADN, o al menos era la sensación que le daba. No pudo evitar tocar aquella zona y acariciar el trazo con delicadeza.
NOTA DEL AUTOR:
Yo estoy de acuerdo con Gourav, Amari NO se merecía nada de eso. Ese Pablo tiene todo lo necesario para irse al infierno junto con los demás.
Fin de la lectura
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