Capítulo 9 de 15
Julio 2008
—¡Addam apurate, no quiero llegar tarde al museo!—Escuche a Nash gritar desde la habitación
—¡Ya voy!, no tardo— Mencioné con calma.
Desde aquí pude oír su gruñido de frustración. Parecía realmente emocionado por ir al museo desde que le comente la idea, toda la mañana ha hablado de ello como un niño.
Sali de la regadera, secando mi cabello con la toalla antes de vestirme; solo una camisa carmesí de manga corta, pantalones negros y mis converse de siempre, no era como que fuera a ir a una pasarela.
***
Nuestro camino fue interrumpido por el festival de Gardelias, una celebración de Kinsley, que a lo que yo sé, es como un festival honrando la fertilidad de la naturaleza y los frutos que este da.
—¿Qué es eso?— Preguntó Nash con curiosidad
—Es el festival de Gardelias, ¿sabes que es?—
—No tengo la menor idea—
—¿No existía en tu época?, es como un festival de las flores—
Nash pareció considerar mis palabras como si intentara recordar, después sonrío.
—¡Si!, ya lo recuerdo. Pero no se porque le dices asi, se llama Festival Flowsert.—
Fruncí el ceño con confusión. —Si tu lo dices.—
—Ay espero que sea como antes… ¡¿espera, qué es eso?!—
Nash corrió a un puesto cercano y por miedo a perderlo, lo seguí casi al instante.
—¿Qué es eso?— Mencionó maravillado mientras yo recuperaba el aliento.
Levanté mi mirada y observé el objeto que Nash señalaba.
—Ah, es un oso de peluche.—
—¡Es hermoso!, me encanta—
—¿Tu… quieres uno?—
—¿Puedo tener uno?— Su expresión era confundida y radiante, podía ver sus ojos brillar de entusiasmo.
—Puedo intentarlo, es un juego de feria… podría ganarlo por ti—
***
Mala idea. Era un juego de dardos, el objetivo era fácil, solo insertar el dardo en el punto, obviamente.
Para mi desgracia, se me fue el dinero en veinte intentos fallidos y contando.
Nunca he tenido una puntería perfecta… ni recta. No sé a qué lío me vine a meter.
—Vamos Addam, tú puedes—Nash intento animarme, con esperanzas de darme apoyo moral, tal vez.
Respiré y me queje de manera frustrada antes de lanzar el siguiente dardo, el cuál fue directo a clavarse en la madera del puesto.
Ya llevo mucho tiempo aquí, hasta el señor del puesto no me tiene fé, se sentó desde hace rato.
En mi último intento, inhale con más calma, disipando los pensamientos negativos de mi mente.
Con confianza, lancé el dardo; pero para mi sorpresa, este si cayó en el hueco.
—¡Al fin!— Gritó Nash emocionado
El señor del puesto esbozó una sonrisa y me entregó el enorme oso de peluche.
Más adelante en el camino, se lo di a Nash. Sería extraño que el peluche que acabo de adquirir desapareciera en el aire, esas eran mis razones para no hacerlo a la vista de aquel hombre.
***
Pasamos un rato agradable, incluso Nash se divirtió en el camino.
Compre algodón de azúcar, lo que parece que le fascino, no paraba de comerlo. Lo único que no fue muy agradable para él fue que no podía jugar a ningún juego, eso lo note en su expresión… pobrecito. ***
Con el tiempo, al fin llegamos al tan esperado museo.
Era un hermoso lugar, ya había venido antes; cuando mire el retrato de Nash por primera vez. Es extraño verlo con él a mi lado.
Había incontables retratos con marcos de oro en salas divididas, estatuas con leyendas, las paredes doradas y el piso de mármol, un lugar muy pintoresco.
Nos detuvimos en el pasillo de pinturas temporales, aquellas que solo estarían poco tiempo en el museo; para mi sorpresa, estaba mi favorita, “Noche Estrellada” de Vincent Van Gogh, una magnífica obra. Me encantan sus tonos azules y amarillos, es como si la tristeza bailara con la alegria y compartieran una sola escencia para crear a una persona, en este caso, una pintura.
Nash curvo sus labios mientras apreciaba con admiración y anhelo la pintura, quizás era la primera vez que la vislumbraba.
—¿Qué opinas de esta obra?—
—Es… exquisita…— Noté como sus ojos brillaban ante la representación, a mi parecer le encantaba.
—¿Qué te transmite?—
—Qué todos somos nuestro propio mundo de colores…—
Las comisuras de mis labios se elevaron, pero luego la borré antes de que lo notara.
—Creo que deberíamos de ver otras pinturas, aún hay mucho que ver y vivir.—
—Esta bien—
***
Nos dirigimos a la sala de retratos reales, una sección que Addam pensó que sería una buena idea entrar; por los retratos de mi familia que me podrían traer recuerdos.
Pase el arco dorado de madera y me detuve, con mi aliento retenido en mi garganta, mis manos ligeras en mis costados… mis ojos lagrimosos y mi nariz roja…
—¿Sucede algo?— Preguntó Addam confundido frente a mi.
No pude hablar, solo señalé el cuadro que estaba a mi vista, el que me había hecho romper mi fortaleza por completo.
No necesitaba recordarlo para saberlo… esa mujer radiante y alegre con el bebé brazos… era mi madre.
Me acerqué a pasos lentos y precisos, como si no quisiera que la pintura se alejara.
Era un hermoso marco blanco, en el centro, la maravillosa mujer que me dio la vida; su cabello era rizado y cobrizo, tenía las manos claras y pálidas alrededor de mi. Sus ojos fijos en el bebé que fui… me cargaba al nivel de ellos y me sonreía con un amor que jamás pensé ver… un cariño que solo una madre podría darte con su dulzura.
Se veía como un ángel con su vestido blanco esponjado y su tiara dorada con piedras preciosas.
Me senté en el suelo frente al cuadro…
— Madre…— Las palabras salieron de mis labios como si nunca se hubieran ido. Quería guardar este momento, capturarlo en mi corazón para recordarla todos los días y llevarla conmigo siempre.
Pude sentir a Addam colocar sus manos en mis hombros como un gesto reconfortante, aunque sentía un hueco en la garganta.
—¿Qué le habrá pasado?—
—No tengo idea…—
—¿Qué crees que habrá sentido cuando… morí?—Gotas cristalinas inundaron mis ojos, deslizándose lentamente por mi mejilla hasta caer en mi barbilla.
El cálido abrazo de Addam lleno mi cuello y mis hombros con suavidad.
—No pienses eso ahora…—
—Claro que sí… ¿Qué tal si no durmió pensando en mí?... en su angustia… su tristeza…—
Addam me observo a los ojos con calma —... Soy consciente de que esto es difícil para ti y se que aunque su muerte haya sido hace años, te seguirá doliendo. No lo se, quizás la amabas con toda tu alma y solo quieres un abrazo de ella justo ahora… pero estoy seguro de que ella no querría verte triste, mucho menos frente a su propia pintura donde te sostiene con tanto cariño.
Se ve que ella te adoraba y de seguro te esta cuidando desde el paraíso donde este…—
—Callate antes de que me hagas llorar más — Interrumpí a Addam antes de limpiar mis propias lágrimas —Gracias.—
—Ven, hay que continuar. Anímate, sé que ella lo hubiera querido.—
Noté que Addam se acercó para ver la leyenda y agregó —Corrección; Odeliah lo hubiera querido.—
Me levanté y enlacé mi brazo con el suyo para continuar nuestro camino por los corredores .
***
El lugar había sido muy agradable, miles de pinturas y retratos que jamás había visto, frente a mi panorama era fascinante.
Hace unos minutos salimos del museo, Addam fue a comprar una botella de agua y yo me quedé en la entrada para esperarlo.
—Bienvenido a casa, Nash—
Abrí los ojos con asombro, esa no era la voz de Addam… se suponía que nadie podía verme más que él.
Me giré para buscar la fuente de la voz; un anciano, de ropas arrugadas color gris, cabello plateado y de rostro cubierto por una tela blanca.
—¿Quién es usted?, ¿cómo puede verme?—
—El sol de Kinsley debe regresar… pero cuidado, el infierno se puede desatar.—
—¿¡De qué está hablando!?—
En ese momento, el hombre me dio la espalda y desapareció sin dejar rastro.
—¡Espere!, ¡regrese aquí!—
Corrí hacia Addam, quien regresaba con un par de botellas de agua.
—¡Addam! un hombre me vio… él… él debe de saber algo.—
—¿Espera, qué?, ¿a qué te refieres con que te vio?—
—Me vio, sabe mi nombre; debe de saber porque estoy aquí.—
—Calma…¿Qué te dijo?—
—Mencionó … algo como que un sol regresaba a Kinsley y se quemaba o algo asi, no lo se muy bien.—
—Eso es extraño, ahm… tal vez deberíamos buscarlo, ¿a dónde viste que se fue?—
—Desapareció sin más, quizás esté dentro del museo.—
Apenas había pronunciado aquellas palabras, el silencio fue quebrado por los gritos de quienes huían del museo. Hombres y mujeres corrían presos del pánico, empujándose unos a otros en su desesperación. El lugar estaba siendo devorado por las llamas.
—Creo que deberia de entrar por el anciano—
—¿Qué?, no. No sabemos si eres un fantasma o una entidad diferente, no sabemos cómo reaccionas al fuego; si no eres inmortal, podrías morir.—
—¡Pero estoy muerto!—
—¡No estamos seguros!—
Me quejé de frustración.
—Como sea, voy a entrar.—
Sin aguardar respuesta alguna, me adentré entre las llamas y crucé el umbral del lugar.
—¡Nash regresa!, ¡es peligroso!——
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