Capítulo 6 de 15
Marzo 2008
El aroma a café era perceptible entre la serenidad del espacio. No había demasiadas personas en la biblioteca, lo que la hacía tan divina.
Se podía escuchar el suave roce de las hojas, pasando a nuevas historias que nunca tienen final en el universo de la imaginación.
Era una biblioteca extensa de dos plazas; la inferior, que era la pequeña cafetería para pasar el rato leyendo sin que nadie te molestara, aislante del mundo que conocemos para viajar a uno totalmente nuevo. La planta alta, donde estaban las enormes estanterías con una infinidad de diferentes libros que contenían miles de respuestas y misterios ocultos.
Nash caminaba a mi lado entre los estrechos pasillos, divididos entre los muebles de madera.
Con cada paso que dábamos, el crujir del piso era cada vez más notable, como si anunciara nuestra llegada.
Por un momento parecíamos habernos perdido entre los libros de química cuántica y las enciclopedias pesadas de tapas duras.
—¿Estás seguro de que este es el camino?, no veo por ningun lado un libro de historia—
—Creo que estamos cerca, hace mucho tiempo que no venía a buscar libros.—
—Espero que no estemos perdidos. Se supone que debes volver a la escuela en una hora.—
—Lo sé, llegaré a tiempo no te preocupes. Además, ¿desde cuándo te preocupa tanto mi educación?, llevamos poco de conocernos—
—De donde vengo, la educación es un tema muy importante, así que no insultes mis creencias—
—¿Te indignas por lo que dije?—
—¿Qué?, no— Mencionó Nash rápidamente —Sólo hay que apresurarnos a buscar los libros que necesitamos—
—Si, su majestad—
Nash frunció el ceño y mostró una expresión de sorpresa, incluso se detuvo y se llevó la mano derecha al pecho.
—¿Cómo te atreves?, eso es una falta de respeto deliberada hacia mi rango.
Los antiguos reyes de Kinsley se retorcerian en sus tumbas monumentales si te escucharan decir algo así—
—Ay lo siento, ¿entonces cómo se supone que debo llamarte, majestad?—
—Detente, no me vuelvas a llamar de esa manera.—
—¿Por qué no?, se supone que es el título que le das a alguien de la realeza, ¿no?—
—Si, pero solo al rey le puedes decir majestad, eso hasta un bebé lo puede saber— Nash tomó un libro al azar y me dio un leve golpe en el cerviz, lo que me hizo quejarme del breve dolor.
—¡Auch!, ¡ya!, ¡ya!, ¡detente!, ya entendí. No volveré a confundirme con los títulos… majestad—
Ante la última palabra me eché a correr por los pasillos solitarios.
—¡A dónde crees que vas?!— Escuché a Nash exclamar desde donde habíamos estado.
Pocos segundos después, pude escuchar sus pasos resonando detrás de mí. Definitivamente era veloz, pero por mi parte, sentía el cansancio comenzando a pesar en mi cuerpo;se fue ralentizando poco a poco, me faltaba el aire y estaba hiperventilando a un ritmo constante.
Me detuve, colocando mis manos en mis rodillas, con la cabeza inclinada y tomando bocanadas de aire intentando respirar nuevamente.
En ese momento, Nash chocó contra mi haciendo que ambos cayéramos. Me impacte contra una repisa de madera, haciendo que varios libros se derrumbaran y terminaran en el suelo, cayéndonos encima como si fuera una lluvia de libros.
—¿Estás bien?, me golpeé demasiado fuerte contra ti. ¿No te lastime?—
Mencionó Nash arrodillándose en el suelo y colocando las palmas de sus manos en mis mejillas, girando mi rostro para buscar algún rasguño.
—Estás más pálido de lo inusual…—
—No lo estoy, es mi tono natural. Y si, estoy bien. Es más, ni siquiera me dolió el golpe—
—Eres un hombre de palabra quebrada, me sacas de quicio. Aveces ni siquiera se porque soporto tus desdenes—
—¿Mis que, disculpa?—
—¿Lo ves?, a eso me refiero. Ni siquiera intentas entenderme.—
—Sabes, no soy un diccionario, ni siquiera sé qué significan ese tipo de palabras que usas.—
—Deberías intentarlo aunque fuera un poco—
—Si, si, tranquilizate, no te esponjes—
—¡¿No me qué?!, de que-...—
—Mejor vamos a buscar los libros que necesitamos. Al fin de cuentas a eso venimos, ¿por qué no vamos a buscarlos?, anda, vamos, vamos— interrumpí las palabras de Nash antes que pudiera reprocharme de nuevo.
Empujé con ligereza sus hombros y tomé su mano para seguir caminando por los pasillos de la biblioteca.
Finalmente llegamos a la sección de historia; todo tipo de libros se encontraban ahí. Espero que se encuentre un libro relacionado con Kinsley, no me gustaría que todo esto haya sucedido en vano.
—Bueno, manos a la obra. Tenemos mucho terreno que tantear y muchos libros que revisar.
Cualquier libro que tenga el título de tu reino hay que dejarlo a nuestro lado… oh y también donde menciona algo como “historias sobre pueblos” o algo así. Quizás encontremos buena información ahí.—
—Espero que así sea. — Nash por su parte se fue al otro extremo de la estantería para poder encontrar más libros.
Diez pasillos, diez largas y enormes estanterías con miles de libros… era demasiado que leer.
Pasamos una hora entera revisando cada libro sobre historia, hojeando las páginas, revisando los índices, los títulos, incluso los autores, en caso de que algún personaje haya escrito algo sobre lo que necesitamos saber.
Para la hora y media cumplidas, había encontrado aproximadamente cinco libros sobre Kinsley, sobre historia de su monarquía, sistemas de gobierno, estructuras arquitectónicas y algo que decía “Datos interesantes”, no lo sé, pensé que quizás podría contener algo que en los otros libros no.
Pude vislumbrar que Nash apenas había encontrado tres libros, quizás él sabía más sobre esto que yo y por esa razón se lo estaba tomando todo con calma; después de todo, esto era muy importante para él.
Continuamos investigando y buscando por los estantes cada libro que pudiera ayudarnos, pero no encontramos demasiados.
El tiempo se había acabado, habíamos encontrado doce libros sobre la historia de Kinsley o lo que se supone que debía venir en esos libros.
—¿Crees que estos libros sean suficientes para mostrarme mi pasado?— Comentó Nash antes de que nuestras miradas se encontrarán, deslizando y retirando mi mirada en tan poco tiempo. Aunque capté un poco de tristeza y preocupación en esos ojos brillantes, pero no lo mencioné.
—No lo sé…— Tomé los libros que había recogido y me dirigí a las escaleras que daban a la parte baja, sin esperar a que Nash me siguiera. Dejándolo con las palabras que no pudo decir.
—¡Addam!... ¡¿Addam a donde vas?!—
Ni siquiera me detuve a mirar hacia atrás, no tenía ganas de hablar, ni de ver a nadie en ese momento.
Baje los escalones a un ritmo normal, pero me detuve en el último escalón aún con mi mano apoyada en el barandal.
Observé las pocas personas que había, quienes pasaban con sus propios asuntos y conversaciones. No olvidé hacia donde iba, aunque ni siquiera tenía un camino fijo en este lugar. Mis ojos avellana se quedaron mirando con detalle el suelo, disociado de la realidad del momento; dejé caer mi pie en la alfombra y caminé por la planta baja.
Entré al sanitario, pero solo me senté en una esquina; con las piernas dobladas hacia mí, mis brazos cruzados sobre mis rodillas y mi mirada en los libros que arroje al suelo antes de ello. Se abrieron, quedando expuestos en páginas sin orden alguno.
No tenía nada que pensar, ni qué hacer.
Coloqué mi rostro en medio de mis brazos, solo disfrutando de la nada sin razón aparente. ***
Giré mi cabeza por cada pasillo, recorriendo cada sección en busca de Addam. Podía sentir mi corazón latiendo a toda velocidad mientras corría en su búsqueda. Miles de preguntas vinieron a mi mente cual marea interminable; ¿lo había hecho enojar con mi comentario?, ¿estaba irritado de mi?, no quería pensar en ese tipo de cosas, pero me hacían sentir algo parecido a un hueco en mi alma.
Bajé a la plaza baja, tropezando entre mis pies.
Volteé a todos lados con la esperanza de verlo, pero no lo logré.
Con un paso apresurado, me acerqué a una pareja que parecía absorta en su lectura en aquella mesa.
—Disculpa, ¿no han visto a un chico de estatura mediana, delgado, pelinegro y con ojeras?, necesito encontrarlo, por favor. ¿Saben algo de él?—
Me apresure a decir, con un temblor y casi trabando mis palabras.
Para mi desgracia, estas personas me ignoraron, no dieron señal alguna de que desearan ayudarme.
Resignado, fui con la bibliotecaria, una anciana detrás del mostrador qué se suponía estaba anotando algo en hojas extrañas.
—Señora, podría ayudarme a encontrar a mi amigo. Lo perdí en la plaza de arriba, ¿no lo ha visto?—
De nuevo, no obtuve respuesta. Ni siquiera levantó la mirada para verme.
Di un gruñido de frustración y me tomé del cabello mientras caminaba hacia en medio de la sala, no muy lejos de donde estaba.
—¡¿Alguien podría ayudarme, porfavor?!...—
Grité con mi voz quebrada.
Baje la voz a un tono casi vulnerable —...Yo solo quiero encontrar a mi amigo...
Todas las personas a mi alrededor no me notaron importancia, ni siquiera me callaron por gritar. Me evadieron cual joya oculta entre la tierra.
Me llevé las manos al rostro, cubriendo mis ojos y frotándolos. Suspiré pesadamente en busca de paz.
Sin saber que hacer, caminé por la sala sin un rumbo fijo, hasta sentarme en un pequeño banco cerca de la entrada.
Entrecerré mis propios dedos y jugué con ellos, intentando aliviar mis sentimientos y torbellinos.
Al pasar de la hora, estaba tan sumido en mis pensamientos, culpándome de lo que había sucedido hace algunos minutos infinitos.
Pude observar unos converse entre mis piernas y brazos. Al levantar mi mirada, pude apreciar a Addam, quien tenía un aspecto casi más deprimido.
—Lo siento, no quería hacer eso. Fue mi culpa... ¿podrías... perdonarme?—
Fruncí el ceño y me levanté de mi asiento.
—¿A dónde fuiste?, ni siquiera me diste un indicio de dónde estarías o porque te querías ir. Estuve esperando aquí casi una hora y de la nada regresas esperando a que te perdone?...—
—Lo lamento, no quería-...—
—Ya deja de disculparte... ¿qué te sucede? A veces estas conmigo alegre y de la nada... te vas sin decir nada... eso no es normal.—
—¡¿Tu que sabes de lo que es normal?!—
—...
—Es complicado para mí, ¿sabes?... A veces me siento inútil varios días, siento como si me estuviera pudriendo por dentro y nadie me escucha... no te estoy echando en cara nada, solo quiero que lo sepas.—
—¿Saber que?—
—Pronto lo sabrás.—
Addam caminó hacia la puerta giratoria a mi lado y salió sin decir ninguna palabra más.
Suspiré con frustración, manteniéndome sentado unos segundos, considerando cualquier cosa posible. No se de que me habla, es casi un enigma para mi. Si pensaba que yo era complicado, a mi parecer él es el doble de ello. Me saca de quicio, hace que mi cabeza de vueltas y quiera explotar sin razón alguna.
Inhale y me levanté de mi asiento para seguirlo.
***
El vacío, blanco, no existe nada que ver en el hueco de este espacio interminable e infinito... ahora me pregunto... ¿qué carajos voy a pintar en este lienzo?
La Sra. Margarett, maestra del Taller de técnicas artísticas, nos pidió crear nuestra propia obra con materiales medievales; el objetivo es pintar un suceso que haya marcado mi vida pero de manera artística...
No tengo idea de que bocetear, ¿quizás el accidente de mis padres?, ¿mi falta de atención desde la niñez?, no, tal vez algo diferente... pero no recuerdo que.
Debe de haber algún momento en mi memoria qué no haya olvidado, ¿un miedo?, o ¿una tristeza?
—¿Por cuánto tiempo seguirás viendo ese lienzo como si fuera un desconocido?—
—El tiempo que sea necesario para que me llegue una idea.—
Nash resopló y se recostó en la silla a mi lado, cruzando sus brazos.
—Deberías buscar inspiraciones. A este paso te tardará muchas lunas terminarlo.—
—Tendré que arriesgarme, la entrega es a principios de invierno.—
—Eso es algo bueno, ya que el sol quema como llamas—
—Sabes, tienes una peculiar forma de hablar—
—Tu eres el que tiene un habla llena de rareza—
—No volvamos a tener esta discusión, por favor. Solo no estoy acostumbrado a escuchar esas palabras. Para tu información ya nadie las usa, así que si, hablas como viejito.—
—¿Viejito?—
—Diminutivo de "viejo", "anciano", "ruco"—
Nash dio una expresión sorprendida.
—Me estás diciendo... ¿que hablo como elder?...
—... supongo que si?—
Mi expresión era confundida, no sabía qué significaba esa palabra y porque le sorprendía tanto.
Tome un poco de óleo y lo diluí en aguarrás antes de esparcir un tono café claro como base, dando pinceladas adecuadas y precisas. Me sumí en un mundo de serenidad, donde solo existían mis trazos sobre el lienzo. Poco después comencé a crear la forma base de un círculo. Aunque no tenía una idea fija, sabía que en algún momento llegaría; después de todo, aún tengo nueve meses para terminarlo. ***
Estaba frente a mi casillero, dejando los instrumentos de pintura; los cuales acomode con exactitud para evitar olvidar donde los deje.
Me gire para ver a Nash.
—Se que el día... no fue de lo mejor y me siento pésimo por ello.
¿Te parece si te llevo a tomar una bebida?... ¿una malteada?—
Nash tenia una expresión desconcertada, como si intentara entender —¿Qué es una malteada?—
—¿No sabes que es una malteada?—
—No tengo la menor idea—
Pensé un poco, reconsiderando que podría saber o no sobre ello.
—Entonces, mejor te llevo a probar una. Si te la describo probablemente me dirás que estoy demente o intentaras reprocharme.—
—De acuerdo.—
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