Capítulo 5 de 15
Marzo 2008
Un torbellino gira sin cesar, repitiendo aquellas palabras del pasado que jamás debieron ser. —¡Traidor!—, gritan aquellas voces. —¡Mentiroso!—
Cuando menos lo esperaba, el ardor me consume, sintiéndolo en carne cruda. Como una montaña de emociones y sentidos sin final; no creo poder encontrar una paz en mi vida que llegue a cubrir esos murmullos.
Las llamas me empiezan a rodear, haciéndome agonizar y gritar de manera desgarradora ante el dolor incontrolable.
—Nash, despierta...— Me llama una voz suave y ligera. —Nash despierta, estás hablando dormido.—
Abrí los ojos aterrado, reviviendo aquel suceso que no lograba recordar con exactitud y que atormenta mi alma todas las noches.
Mis ojos miel recorrieron la habitación, encontrando oscuridad total, hasta que mi mirada se posó en Addam, quien estaba sentado al lado de la lámpara de dormir; qué iluminaba su rostro en una luz azul claro con un brillo singular.
—¿Tuviste una pesadilla?, estabas gritando— Mencionó Addam con una voz adormilada mientras frotaba sus ojos cansados, intentando despertar un poco.
—No tengo la más mínima idea, es solo que... tengo la sensación de que viví…— Estaba temblando un poco, lo note a duras penas, estaba tan concentrado en aquel recuerdo que no me preocupe en mí mismo o en terminar aquella oración.
Mi mirada recayó en Addam, quien apenas emergía de su anterior sueño —¿Puedo abrazarte mientras duermes?... no me siento muy cómodo.—
Percibí que Addam pareció dudar de mi propuesta, no muy convencido.
—Si no quieres no importa, yo... solo olvídalo.— Tome las sábanas y me cubrí hasta el rostro, para después girarme, quedando de espaldas a él.
Siento como si hubiera pedido algo ridículo, ni siquiera nos conocemos, ¿por qué debería haber pedido un abrazo en primer lugar?
A los pocos minutos, unos brazos rodearon mi cintura por atrás en un cálido abrazo. Podía sentir el cálido aliento de Addam en mi cuello. Había accedido a abrazarme… no parece una persona que le agraden este tipo de cosas.
—No quiero que me abraces por obligación—
—Para nada, creo que no tengo problema con ello. Además, si vas a quedarte aquí, lo mínimo que puedo hacer es asegurarme de que duermas en calma.—
Me quedé en silencio más tiempo de lo necesario, con los hombros tensos y la vista baja. Esperaba que Addam no notará ese cambio en mi rostro, no estaba listo para darle explicaciones sobre mi expresión deprimida.
Sin darme cuenta, una diminuta lágrima se deslizó por mi mejilla hasta caer en el lecho. ***
Los rayos de la mañana llenaron cada rincón de la habitación, empapando las sábanas de un reluciente dorado. La brisa de la ventana hacía ondear las cortinas en un movimiento suave. La habitación tenía un aura de meditación y paz que jamás había sentido.
Desperté lentamente, con mis ojos irritados por las lágrimas nocturnas. Sentía mi rostro más ligero y en calma, como si las emociones negativas hubieran desaparecido por completo.
Con mi mirada entrecerrada por el sueño, pude apreciar a Addam por encima de mi hombro, quien me abrazaba al dormir.
Este lugar se sentía como en casa, por primera vez me sentí bienvenido en un hogar, aunque eso es mucho decir. Supongo que de donde vengo, tuve una familia amorosa que me apoyaba y me adoraba, y probablemente un reino qué me hacía sentir que pertenecía ahí. Aunque de ello no estoy demasiado seguro, nunca he percibido esta sensación, es casi desconocida para mi.
Cada vez que veo a este hombre, me pregunto cómo será su mundo. Él no es nada parecido a cualquier hombre que he conocido en mi vida.
Mi mirada se desvía hacia los objetos de la habitación; carteles de grupos de personas que no pude identificar, pegados por toda la pared, pinturas bien combinadas de paisajes, libros de suspenso en una repisa, objetos que no pude identificar, y por una extraña razón, en la esquina de la habitación había una silla con mucha ropa (probablemente sucia). Que no me atrevería a olfatear, de eso es seguro.
También logré contemplar una foto enmarcada en la mesita de noche. Levante un poco la cabeza para apreciarlo mejor sin tener que despertarlo.
Era una foto de un niño pequeño y sus padres, era tan lindo; creo que es él.
Me pregunto cómo es su vida ahora y cómo estarán sus padres. ***
Al sentir el movimiento entre mis brazos, abrí los ojos con pesadez, sin esperar observar nada. Tenía la mirada borrosa y soñolienta, así que froté mis ojos para ver mejor.
Volví a sentir ese movimiento desconocido sobre mi abdomen. Al levantar mis párpados, me encontré con la dorada mirada de Nash; ahora estaba frente a mí, más no a espaldas. Su rostro estaba a poca distancia del mío, podía sentir su aliento cálido golpeando mi barbilla. Me dedicó una preciosa sonrisa optimista.
—¡Muy buenos días, Addam!, ¿cómo dormiste?—
—Buenos días... ah, podría decir que solo descanse un poco.—
—Oh... bueno, pero mira el lado positivo, ¡es un espléndido día!, de seguro tienes muchas cosas que hacer, ¿no?—
—Algo así, pero en realidad-...— en ese momento, fui interrumpido por un ruido fuera de mi habitación.
Podía escuchar el sonido de pasos resonar por fuera del cuarto. Me quedé petrificado, el aire no me alcanzaba y mi respiración se volvió corta, como si el pecho se me hubiera cerrado.
Debía ser Abigail quien estaba del otro lado de la puerta, ¡¿qué diría si encontrara a Nash aquí?!
Como si me estuvieran persiguiendo y sin decir una palabra, escondí a Nash debajo de las sábanas y lo cubrí.
En ese momento, la puerta se abrió.
—¡Addam es hora de despertar!—
Mentí estar profundamente dormido, así que fingí despertar, aunque no de manera exagerada.
—¿Qué pasa?, ¿por qué me despiertas de esa manera?... casi me da el soponcio.—
—Uy lo siento, señor delicado. Pero vas a llegar tarde a la escuela si no levantas tu trasero de esa cama.—
Un golpe de realidad llegó a mi... no había colocado el despertador. El peor error de mi vida.
Me queje y sujeté mi cabello con fuerza y frustración.
—Me arreglaré, solo... déjame solo.—
—Bien, pero date prisa. Esta vez yo te llevaré a la escuela y sabes que mi auto no espera a nadie.—
—Ah, si, si, me vestiré lo más rápido que pueda. Ya vete, porfavor.—
Podía sentir el movimiento de Nash debajo de las sábanas, intentando liberarse de la oscuridad que aparecía a sus ojos.
—Addam, no veo nada—
Fingí demencia al escuchar su voz, aunque note que estaba empezando a patalear debajo de las sábanas, lo que hacía que el movimiento fuera visible.
—¿Tía puedes prepararme un batido?, tengo mucha hambre— Mencioné con la esperanza de que saliera de mi habitación antes de que notará el movimiento.
Abigail me observo con extrañes —¿Un batido?— ella parpadeó confundida —Está bien, te prepararé algo—
Abigail salió del dormitorio sin hacer más preguntas, cosa que agradeceré al universo.
Recordé a Nash y retiré las sábanas qué estaban sobre él. Lo encontré con su rostro enterrado en mi abdomen, como un tipo camuflaje tal vez.
—¿Qué estás haciendo?—
Nash levantó la mirada, observando mi rostro con calma —Pensé que si tenía que esconderme, debía de ocultar mi rostro—
—¿Pero por qué contra mi estómago?—
—No se me ocurrió nada más. No hay muchas opciones cuando estás cubierto por sábanas—
—Buen punto.—
Un silencio incómodo reinó la habitación por unos momentos. Hasta que decidí hablar.
—Ahm... tengo que ir a ducharme... te quedarás aquí unos minutos. Solo no salgas de aquí, ¿de acuerdo?—
—De acuerdo—
Me levanté de la cama con serenidad y luego me dirigí al baño al final del pasillo.
Al cerrar la puerta, suspire al verme al espejo... me veo cada vez más deteriorado. Supongo qué esto es lo que sienten las personas mayores cuando están envejeciendo, es una emoción entendible para mi ahora.
Revolví mi cabello y después me levanté la camisa; observando en el espejo mi reflejo. Pude notar mi abdomen pálido, plano y delgado sin demasiado interés... me veo como una basura.
Suspiré y retiré el resto de mi ropa antes de entrar a la regadera.
Abrí la llave de la ducha, escuchando el caer de las gotas contra el suelo, comenzando a crear el vapor. El agua recorría cada contorno de mi ser, dejándome absorto. Cerré mis ojos, inundandome de la calma temporal.
Nunca lo he pensado, pero... creo que me gustaría conocer el mar. Suelo pintarlo con muchos colores, ver imágenes sin un rumbo fijo, soñando con el día de poder ver aquella inmensidad ante mis ojos. Estar en paz por una vez en la vida...
***
Regresé a mi habitación vistiendo solo una bata oscura, mi armario estaba en la esquina, así que no había manera de evadir el lugar.
Al entrar, Nash estaba sentado en la cama con las piernas cruzadas, jugando con una bola de nieve de cristal que contenía un diminuto oso con bufanda en su interior. Lo estaba agitando, observando detalladamente con anhelo como caía la nieve. Podía notar que sus ojos tenían un brillo infantil, como el de un niño que recibe su regalo soñado en navidad.
—¿Qué haces?—
Nash observó con curiosidad la esfera y volvió a agitarla. —¿Qué es esto?— preguntó con voz soñadora.
—Es una bola de nieve, solo... no la dejes caer.—
—Waoh, nunca había visto nada igual... es... hermoso—
—Supongo que lo es—
Intenté darle menor importancia, así que me desplace al armario en la esquina de la habitación, buscando entre los ganchos algún atuendo para vestir. Sin embargo, nada me agradó.
—¡Oh-oh!, yo quiero elegir algo para ti. ¿Puedo elegir tu vestuario hoy?, porfavor.—
—¿Tu... quieres escoger mi vestuario de hoy?— Pregunté con incredulidad.
—¡Sí!... bueno, si no quieres está bien, solo era una pregunta... no tienes que aceptar—
Reconsidere su petición un tanto indeciso, nunca he dejado que nadie elija mi ropa.
—Esta bien, pero solo por hoy.—
—¡¿En serio?!, ay gracias, te juro que no te arrepentirás. Intentaré elegir lo mejor que encuentre, créeme, quedarás como un dios griego.—
***
Eligió un cardigan a crochet de un tono rojo borgoña, un regalo de cumpleaños que jamás use; no suelo usar colores de este estilo, mucho menos este tipo de ropa. Una camisa blanca formal oversize con mangas anchas y cuello doblado, decorado por un moño negro atado levemente. Acompañado de pantalones de vestir negros y zapatos de charol... jamás había usado algo así, me siento totalmente extraño; ni siquiera mi madre se había atrevido a vestirme de esta manera.
—¿Este es tu concepto de "Dios griego"?—
Nash estaba de pie ante la puerta, admirando su creación de atuendos incoherentes que habían dado de resultado... lo que sea que parezca este atuendo. Tenía las palmas de sus manos cubriendo sus labios, como si estuviera maravillado ante la escena. Me dio tanta pena que no quería decirle que no me gustó...
—Es bellísimo— comentó Nash encantado.
—No tengo palabras para describirlo...—
—¿Verdad?, es... divino— suspiro con ensoñación. —Nunca había pensado que vería un atuendo así, es extraordinario.—
—Algo así...—
En ese momento, Abigail anunció desde la cocina que era momento de ir a la escuela, aunque agregó algo más; supuse que sería algún comentario de broma.
Mi corazón latió rápidamente y mi respiración se volvió entrecortada, debía pensar rápido que excusa usaría para que Abigail no sospechara de Nash. Mi mente giraba como un torbellino por posibles respuestas, pero solo se inundaba de ideas grises.
—Addam, te llaman— Logre escuchar por encima de mis pensamientos la voz de Nash, despertándome de mi ensoñación horrorífica.
—Ah sí...— Le di muchas vueltas al asunto en mi cabeza, pero solo giraban al mismo punto. No podía dejar a Nash en casa con Abigail, incluso si le decía que no saliera de la habitación, en algún momento ella entraría; y en el peor de los casos llamaría a la policía. El vaivén de mi mente se arremolinaba sin cesar en las peores situaciones.
—No te puedo dejar aquí. Tendrás que acompañarme todo el día... pero porfavor no hagas nada ridículo.—
—¡¿Saldremos?!— exclamó Nash con entusiasmo. —Lo siento, es que... nunca he observado este nuevo panorama y... parece que tu realidad es muy diferente a la mía.—
—En realidad, si lo es. Así que necesito que me escuches con atención. Por ahora, mientras encontramos una manera de descubrir cómo regresaste de... la muerte o algo así, te quedaras conmigo y me seguirás a donde vaya. ¿Entendido?—
—Lo juro, te seguiré a donde vayas. Nunca te dejaré solo—
—De acuerdo... entonces antes de salir tengo algunas reglas que debes seguir para que no...— hice un gesto con mis manos a él. — te identifiquen.
—Oh, cierto. Tienes razón, y ¿cuales serian?—
—Bueno...— Pensé un poco, tomándome mi tiempo para considerar cualquier posible contratiempo que indicara su legado. —Regla número uno, no hables con desconocidos, no sabemos cómo podrían reaccionar; regla número dos, debes prometer que nunca te separaras de mi lado, si te pierdes no tendré manera de encontrarte; y por último, no dejes que nadie sepa quien eres en realidad.—
La expresión de Nash se tornó decaída, como si algo dentro de él se hubiera apagado. —...Entiendo, trataré de no llamar la atención.—
Pude darme cuenta de un ligero cambio en las acciones de Nash, había estado tan emocionado y de la nada... fue como si se apagara por completo.
—De acuerdo, erá mejor irnos; mi tía ya debe estar esperando.—
Nash dio un suspiro resignado y al final asintió.
Di una sonrisa que no reconocí al instante; mis labios temblaron apenas, como si dudaran de su propio gesto después de tanto tiempo. Era pequeña, contenida, casi torpe… pero real. Sentí cómo algo dentro de mí se aflojaba, como si esa simple curvatura lograra abrir una grieta en todo lo que había estado guardando. No era felicidad completa, ni mucho menos, pero era un comienzo… y por primera vez en mucho tiempo, no quise detenerlo.
Sin mencionar una palabra, salí de la habitación, esperando que Nash me siguiera detrás, tomando camino hasta la cocina.
***
El camino a la escuela fue extrañamente sereno. Ni siquiera Abigail se tomó el tiempo de preguntar por Nash, quien había estado sentado en el asiento trasero del auto todo el camino. Solo le pareció confuso qué abriera la puerta y después la cerrará, pero no volvió a mirar atrás.
Supongo que eso es algo bueno, por ahora. Quizás pensó que era un amigo mío... o eso espero.
Abrí la puerta de entrada a la escuela, dejando que Nash entrará antes que yo, esperando no levantar ninguna sospecha.
Nash camino a mi lado por todo el pasillo principal; la escuela estaba pintada de un color café claro, había casilleros a los lados (algunos decorados a gusto propio), todos tenían su propio grupo de amigos con el que charlar... a excepción de los marginados qué caminaban con la cabeza gacha.
Por un descuido, Nash desapareció de mi lado.
Gire mi cabeza con rapidez intentando visualizarlo cerca de esa zona.
Pude notar a Nash saludando a un grupo de estudiantes, lo que me provocó un escalofrío. ¿Qué pasaría si lo reconocieran?
Sin pensarlo demasiado me acerqué y sostuve a Nash por los hombros.
—Lo siento, por favor ignoren eso... ¡no está muy cuerdo!— Comente al grupo de chicos antes de tomar la mano de Nash y dirigirnos al aula de mi primera clase.
Eche un vistazo por encima de mi hombro, donde pude notar que aquel grupo estaba confundido, como si no supieran qué hubiera ocurrido.
***
Tome asiento en el último lugar de la primera fila, generalmente siempre había un lugar vacío a mi lado, perfecto para que Nash se sentará.
Dejé caer mi mochila en el suelo y me senté en el asiento sin demasiado entusiasmo. Había sido un día cansado y apenas eran las primeras horas de la mañana, ya no podía ocurrir nada peor.
—¡Aquí estás, no puedes huir de mi!—
Gire los ojos, sabiendo perfectamente de quién era esa irritante voz. Mi mirada recorrió la habitación hasta que encontré la fuente de la voz a lo lejos. Era Theo, quien estaba asomando su cabeza en la entrada del salón. Él ha sido mi mejor amigo desde que teníamos seis años, así que si, siempre habíamos estado juntos por culpa de nuestras madres. Lo cual no me molesta.
Theo se acercó a mi asiento con emoción, no lo había visto desde hace dos años, desde el funeral.
Vestía una camisa blanca souvenir con las letras "I ♥ NY" en frente, lo suficientemente entallada para que el director lo regañara. También llevaba shorts negros sencillos y tenis deportivos con calcetas blancas.
Se detuvo frente a mi asiento, con los brazos doblados hacia arriba y las manos cerradas en puños, como si analizará algo.
—Por Madonna... ¡¿qué fue lo que te pasó?!— exclamó con asombro, apresurandose a girar mi barbilla y levantando mis brazos. —¿Addam Melfyer usando un crochet rojo?, se va acabar el mundo.—
—No exageres-...—
—¡Como quieres que no sea dramático si me estás robando mi estilo!—
Nash, quien estaba a mi lado, retuvo una risa, al punto que tuvo que cubrir su boca.
Por primera vez, di una diminuta y casi imperceptible sonrisa al verlo.
—¡Oh por Dios!, hoy si que estas radiante.— Theo se sentó en el suelo al lado de mi asiento, con piernas cruzadas una arriba de la otra. Era una auténtica diva.
—¿Porque lo dices?—
—¿No es obvio?, Parece que te dieron una noticia... o quizás?... ¡¿No me digas que conseguiste novio?!—
Le di una mirada de seriedad completa, dando indicios de mi punto.
—Ay señor amargado, solo era una pregunta. Pero sabes, deberías salir y conocer personas, a este paso te vas a empolvar.—
—No me voy a “empolvar" o lo que sea. Sabes que no me interesa.—
—Los años te están alcanzando Addam, vas a terminar solo y abandonado. Como un ruquito.—
—¡Theo!—
—Ay perdón si estoy siendo realista.
Solo digo que no te vendría mal conocer más personas.— La vista de Theo pareció recorrer el aula, hasta que por fuera de la puerta pasó un chico albino. Del que se quedó completamente embobado, e incluso se levantó un poco para poder verlo mejor.
—Parece que quieres "conocer" a ese chico nuevo, Theo.—
Theo salió de su ensoñación y volvió a mirarme. —Shh, déjame en paz. Es más, ya me voy, no me vayas a pegar tus malas vibras y me lo espantes. ¡Adiós Lupita Dalecio!— Se levantó del suelo y salió de la habitación más rápido de lo que canta un gallo. Estoy casi seguro de que va a ir tras ese chico, nada se le escapa.
Ante el apodo, en mi rostro se puso una expresión confundida. Qué apodo más rancio… típico de Theo. ***
Las horas pasaron y las clases se tornaron aburridas, ya ni siquiera estaba poniendo atención a la maestra Claris, quien hablaba de la teoría del color aplicada a las pinturas medievales.
Mis ojos se movieron hacia Nash, quien miraba con fascinación las pinturas como si las reconociera.
Tengo curiosidad por él, no por el porque está aquí o que lo trajo aquí, solo se que debe de tener alguna razón, no encuentro otra lógica.
Apenas lleva una noche en mi casa y no lo conozco demasiado, pero su vibra y la manera en la que se ha mostrado en ese periodo de tiempo… puedo decir que… es una persona muy alegre y tranquila, pero también siento que guarda y esconde emociones para sí. Se que quizás dado a su título como príncipe haya tenido incontables problemas y que tal vez no sea una persona muy estable mentalmente, sin embargo… siento que es una gran persona. ***
La campana sonó, indicando el final de la jornada de clases.
Me levanté de mi asiento y comencé a guardar mis libros, tenía una pereza pesada, mucho más de la habitual, la clase había sido demasiado... insípida.
—Addam, ¿estas bien?—
Escuché una voz por encima de mis pensamientos, estaba apunto de quedarme dormido de pie. Volví a mirar hacia donde provenía el sonido.
—Ah sí... estoy bien, Nash.— Bostece y me cubrí la boca vagamente —solo... olvídalo, no ocurre nada.—
—¿Estás seguro?, no te noto muy consciente desde hace unas horas—
—Si, muy seguro. Solo es... el aburrimiento, el aburrimiento eterno.—
Nash me dedicó una sonrisa comprensiva que parecía llegar a la diversión.
—Ya lo creo, supongo que a veces el aburrimiento es interminable.—
—Algo así...— suspire con cansancio —en fin, vamos a casa—
Nash asintió y me siguió con entusiasmo al salir del aula, recorriendo los laberínticos pasillos escolares. Juraría que casi parecen sacados de los pasillos de "El resplandor".
Tomamos camino hacia las serenas calles de la ciudad, con el sol en el crepúsculo de sus colores dorados y rosados eternos. El viento suspiraba y murmuraba miles de secretos que refrescaban el horizonte de mi propia tempestad.
No hablé la mayor parte del camino, tenía demasiadas cuestiones y problemas mezclados en mis pensamientos que ni siquiera me dio tiempo de hablar.
Aunque con los minutos, las palabras salieron resbalandose de mis labios, necesitando salir.
—¿Cómo es Kinsley?... bueno, me refiero... ¿Cómo es el lugar en el que creciste?—
La expresión de Nash pasó de serenidad, a una nostalgia confusa. Lo notaba un tanto inseguro.
—Yo... lo siento si es difícil hablar de ello.— Hice una pequeña pausa antes de detenerme en plena acera. —La verdad es que jamás había hablado con alguien por tanto tiempo. Estoy acostumbrado a... guardar silencio todo el tiempo, y cuando llegaste, tenía tantas preguntas-... que no me atreví a decir.—
Nash me observó con una expresión confundida mientras jugueteaba con los dedos de sus manos, un gesto que yo conocía a la perfección.
Coloque una de mis manos arriba y debajo de las suyas.
—Lamento si te incomode, yo no-, en serio no quería hacerlo— Mencioné rápidamente tropezando con mis propias palabras. Podría sentir mi temblor interno cada vez más rápido.
—No necesitas disculparte y por favor no vuelvas a hacerlo, abstente de ello.
En realidad no tengo muchos recuerdos de donde vengo, irónico ¿cierto?—
—Para nada, no lo es—
—Bueno siento que para mi lo es.—
Entre nosotros reinó un silencio qué no parecía tener un final.
—Si te soy sincero, los sentimientos que siento por mi reino son confusos. Aveces siento un enorme aprecio, pero también una profunda decepción; es algo que no he podido comprender con exactitud.—
—¿Cómo si supieras lo que sentiste aquel día?—
—¡Sí!, ¿cómo lo supiste?—
—He vivido algo parecido estos años... son cosas que me atormentan la mayoría de las noches...
Pero dime, ¿no recuerdas ni siquiera un lugar?, un indicio de donde pudiste haber estado?—
Nash se mostró dudoso, pensando detenidamente, probablemente metiéndose en su mente buscando cualquier recuerdo.
—Existe uno, un campo de girasoles. Siento que fue muy importante para mi, mi lugar de escape. —
—¿Crees que aún exista ese campo?—
—No lo sé, supongo que han pasado muchas cosas desde mi época y quizás ya ni siquiera exista .— su voz sonó con un pequeño temblor que pude percibir.
—No digas eso, probablemente hoy es un enorme y hermoso campo lleno de flora.—
—¿Lo crees?—
—Por supuesto que lo creo. De hecho una vez visite tu reino, solo que no tuve el placer de visitar aquel campo que mencionas.—
—¿Mi reino aún existe?— sus palabras parecieron sonar sorprendidas e incrédulas.
—Si, aun existe. El día en que te conocí, en la mañana había visitado tu pueblo.—
—Crees... ¿Podríamos visitarlo?... ¿Un día?...—
—Podría haber una posibilidad, aunque no estoy demasiado seguro.—
—¿Por favor?—
—.... Lo pensaré—
Nash me dedicó una sonrisa esperanzada antes de volver a caminar. Yo lo seguí con calma, sin embargo, la curiosidad se adueñó de mi.
—Por cierto, ¿cómo llegaste hasta... bueno, mi habitación?—
—No tengo idea, aunque ni siquiera tengo una noción de que hacía antes de llegar.—
—Creo que deberíamos investigar un poco más sobre quién eras, así podrías recuperar los pocos recuerdos que abundan tu mente.
—Tal vez tengas razón, ¿pero dónde buscaríamos?—
—Podríamos visitar la biblioteca de la ciudad, contiene muchos libros antiguos sobre diferentes pueblos, quizás encontremos algo que se relacione con tus recuerdos.—
—Es una gran idea, ¿cuándo podríamos ir?—
—Tal vez mañana después de la escuela.—
—¡Maravilloso!, entonces está decidido.— ***
El camino a casa fue un poco aburrido, pero ya no era nada tan tenso como al principio. Supongo que nuestra conversación aligero el ambiente pesimista, supongo que fue mi culpa.
Al llegar, Abigail no estaba en casa, probablemente había salido a comprar los víveres o algo para comer.
Me dirigí a mi habitación y me dejé caer en la cama en cuanto entré, quedando con los brazos y piernas extendidos sobre ella.
Dejé escapar un largo suspiro lleno de queja y cansancio.
Nash estaba debajo del marco de la puerta observando la escena desde lejos.
—Desearía estar muerto...— Comente para mí mismo, como si las palabras me pesarán y salieran más sinceras de lo normal.
—No tendrias porque pensar eso.—
Levante mi cabeza para apreciarlo mejor.
—Se supone que deberías estar de mi lado, ¿por qué no quieres que diga eso?—
—Porque es más complejo de lo que piensas—
—¿Complejo?, ¿estas bromeando?, sería increíble estar muerto; solo estar en paz, sin preocupación alguna, veinte metros bajo tierra con una lápida empolvada, sin mencionar que te da un suspiro de la vida... es simplemente hermosa.—
—Tienes un concepto erróneo.—
—¿Erróneo?, ¿qué te hace pensar que lo tengo? Entonces dime, ilustrame— Me senté en la cama en una orilla para volver a verlo. —¿Cuál es tu concepto de la muerte?—
—En realidad, si es hermosa, pero no como tu la describes.
Es divina no solo porque te da un suspiro de la vida, sino porque te permite reunirte con aquello que más amabas... los seres que perdimos y que se llevaron nuestra alma con ellos... la muerte es un regalo que pocos valoran, pero es tan preciada como la vida; a quien la menosprecian incontables veces como si fuera una tortura.
Al final... la vida es un baile interminable en el que intentas no caerte y chocar con los demás... la muerte, por otra parte, es el descanso de ello, que te permite llegar a la belleza de un nuevo comienzo.—
—Eso fue... hermoso. ¿Cómo?-...—
—Poesía... y experiencia propia, creo yo.—
—Tienes una perspectiva mucho más amplia sobre el tema que yo...—
—Parece que sí.—
La mirada de Nash se posó en los libros de mi estantería, me di cuenta de que los miro con curiosidad.
—¿Quieres saber si tengo algún libro en específico?—
—¿Tienes poesía?—
Me detuve a pensar unos segundos, recordando mi recopilación de libros que he llenado con los años.
—En realidad no, pero si quieres podemos pedir algunos libros prestados en la biblioteca. ¿Qué te parece?—
—¡Espléndido!, entonces ya está acordado.—
Nash se acercó a mí y se recostó en el colchón, justo a mi lado.
—Agradezco mucho que me estés cuidando durante mi estancia indefinida, de verdad es algo que aprecio incondicionalmente.—
—No hay de que. Aunque si me tomo por sorpresa tu llegada, eres bienvenido.
No estoy acostumbrado a estar rodeado de personas, así que yo te agradezco por haberme sacado de mi zona de confort.—
Nash sonrió y se levantó un poco para verme mejor, estando a centímetros de mí, con esos ojos brillantes que parecían ver a través de mi alma.
—Intentaré hacer lo posible para que mejores.—
Le dedique un asentimiento con tranquilidad antes de encender la lámpara para dormir.
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