Capítulo 14 de 15
La mañana estaba reluciente, con el naranja amanecer bailando a través de mis párpados cerrados, alcanzados por la nube de cansancio y sueños en el reino de la imaginación, uno del que no me gustaría despertar.
Posado en la cama, me estiré con esmero, con mis dedos girando entre mis ojos con la esperanza de abrirlos y así fue.
Las cortinas de tela clara, apenas cubriendo los radiantes rayos de la mañana, las sábanas envolviendo mis piernas relajadas, y mis rizos dorados por la luz, rebeldes e inquietos, totalmente sin rumbo.
Separé las cortinas, dejando que el brillante sol bañara la habitación compartida.
Un suave quejido sonó desde la cama de Addam, creo que no le gusta mucho la luz tan temprano... que lastima, tan linda que se ve.
—Addam, despierta— Agite su hombro con lentitud —Ya es de mañana... despierta—
No hubo respuesta alguna, solo el girar de si; me dio la espalda.
—Addam, ¿Estás bien?—
—Ah... si, si... estoy bien— Estornudó. Un sonido que me exaltó.
—Eso no suena a que estas bien. Déjame verte— Intente apartar las sábanas qué cubrían su rostro. Sin embargo, este se giró y se cubrió de mantas. —Addam, basta.—
Me volvió a evadir.
Suspiró con exasperación.
—¡Addam, ya!—
El levantar de las sábanas me mostró su rostro un poco más pálido, con una nariz rosada, unos ojos entrecerrados, casi pesados. Su expresión relajada y ligera.
El suave tintineo de sus dientes, aunque estuvieran cerrados, su mandíbula se movía en temblores.
—¿Qué te ocurre?, que yo sepa esto no es normal...— Enterré mi dedo índice en su mejilla y lo retiré con rapidez. —Auch, estás hirviendo.—
—Creo que me enferme, pero está bien, no es para tanto...— Sorbio, pero no logre percatar qué y tampoco me dieron ganas de saber.
—¿Enfermo?... ósea... ¡¿Te vas a morir?!—
—¿Qué?, no. Nash, es solo una gripe—
—Pero estas enfermo, aun existe esa posibilidad—
—Nash, tengo mocos—
—Eso es lo que decían los de mi época cuando iban a morir—
Addam se quejó, intentando volver a cubrirse, pero tiró de las sabanas.
—¡Ya se!, te prepararé un té—
—¿Tu prepararme un té?, por favor no quemes el hotel—
—Oye no conoces mis dotes culinarios y de herbolaria, que sabes tu de mi.— Levante la barbilla en alto con seguridad —Por ahora descansa y déjame cuidarte—
—Eso suena más peligroso—
—Déjame. Ahora regreso—
Lo deje solo en la cama mientras pensaba que iba a colocar en mi té anti-enfermedades.
* * *
—A ver... ¿Qué dijo Santa Miriam qué se usaba para los remedios?— Di toquecitos a mi barbilla mientras observaba el arbusto de flores frente a mi. —Mmm... esta se parece al tomillo... si, creo que si es. — Arranque un par de ramas y las guarde en el bolso de cuero café qué cargaba cruzado. —Mmm... creo que me falta algo... ¡Miel!— Camine un poco lejos del hotel hasta el camino de los puestos, no creo que Addam se enoje si me alejo un poco... aunque creo que tampoco se debe de enterar.
Un puesto de mermeladas estaba a la vuelta de la esquina, regalando miel a mi parecer. Tome un frasco y escribí una nota antes de pegarla en el lugar donde tomé el frasco.
También lo guarde en mi bolso.
* * *
—¡Ya volví!, te traje el té qué te salvará la vida— Dio una entusiasta sonrisa al colocar la taza en el mueble a su lado.
—¿De verdad hiciste té?— Pregunto Addam levantando la cabeza para apreciarlo. Después de un largo rato de dudes, lo bebió. Aunque este al darle un trago hinchó sus mejillas.
—¿Qué pasa?, ¡no me digas que eres alérgico!— Di unas palmadas rápidas a la espalda de Addam, quien trago y tosió de seguido.
—Ah no, no, al contrario... si, muy rico... solo no me lo vuelvas a dar—
—¿Por qué?, si se supone que es el mejor remedio para este tipo de cosas— El dorso de mi mano tocó el ardiente frente de su rostro. —Ni siquiera ha bajado tu temperatura. Voy escribiendo mis cartas de despido.—
—Nash...— Hablo Addam con irritación.
—Es que ya no se que hacer, temo que te explote la cabeza.—
—Calmate, ¿quieres ayudarme, verdad?—
—Si, lo intento. Pero no mejoras—
Resopló y se levantó con las sábanas cubiertas, anotando sobre un papel amarillento con el girar del bolígrafo.
Extendió la nota hacia mi.
—Solo ve a la farmacia y tráeme esto. Toma mi cartera y no olvides dejar el dinero en la caja.
No pueden verte, pero mínimo se respetuoso y deja el dinero, no solo lo tomes.—
—Que nombres tan extraños tiene esta cosa... si, entiendo. Pero ¿cómo sabré qué es cada cosa?—
—Verás pequeñas cajas con diferentes nombres, toma las que tengan lo mismo que la nota. No traigas otra cosa, y por todos los cielos no hagas que se mire extraño—
—Lo intentaré... aunque no creo que haya nada más raro que esos títulos—
—Solo ve... me siento peor— Se dejó caer en la cama y abrazó una almohada.
La nota ahora estaba contra mi pecho y mi corazón latía levemente aunque subía con cada visión. Addam debía de estar sufriendo mucho, he visto como muchas personas morían de lo que sea que fuera eso... pobre de él.
* * *
—Así que solo debo tomar las cajas, dejar dinero y salir... esta bien eso suena fácil—
Gire entre los puestos en busca de esta tal "farmacia", hasta que la encontré; no fue difícil, creo que la suerte está de mi lado.
* * *
—¿Trímetro... chucha?, no esa no es...— Tome otra caja— X... no esa no...— Revise la nota de nuevo. —Paracetamol, clorfe... algo, ¿fenilextrina?, y Dextrometorfeno... ¿qué es esto?, esto suena a veneno andante... pero esto fue lo que pidió Addam, creo que debo buscarlo en otras secciones.—
Los pequeños pasillos blancos estaban a mi alrededor, tenía un aroma muy... peculiar, demasiado limón para mi gusto.
—¡Oh aquí está la primera caja!, Ay gracias a los dioses. — Poco después me tope con las demás cajas, aunque no tenían el nombre exacto, podían funcionar tal vez.
Guarde las cajas y me dirigí con una señora vestida de blanco; «quizás se va a casar, que bonito. Aunque es un atuendo un poco casual, pero bueno.» Dejé el dinero a su lado y tomé una nota para escribir y dejarla a un lado: "Felicidades por tu boda."
Después salí del lugar.
* * *
Mi camino era un poco largo, caminé demasiado por el sendero de compras, especialmente por la parte de segunda mano que se me atravesó... solo espero que Addam este bien...
* * *
—¡Ya estoy aquí!— Anuncié mi llegada, dejando caer el bolso a mi cama, sacando las cajas.
Addam no estaba en su cama y al parecer había pedido otro té abajo con los sirvientes... hmm, ¿qué tiene ese té que el mío no tenga?, es mejor.
—¿Addam donde estás?— Busque por toda la habitación con velocidad, recorriendo cada pequeño hueco; incluso me agaché para observar debajo de la cama.
Ahí pude ver los pies de Addam del otro lado. Asomé mi cabeza de regreso.
Estaba empapado y llevaba una bata blanca con un calzado demasiado plano.
—Ahí estas, te estuve buscando por todas partes—
—¿Trajiste las pastillas?—
—¿Las que?, no, traje las cajas— Aseguré.
—Esas son las pastillas.—
—Oh... entonces si—
* * *
—¿Así que ese artefacto plano proyecta estas cosas que tú llamas... videos?—
—Si, pero no se llama así. Es una televisión.—
—¿Oh, es porque la podemos ver?— Retire un mechón de su frente.
—¿A qué te refieres con eso?—
—Pues "visión" es que se ve, ¿no?—
—¿Si?...— Mencionó Addam con confusión mientras se acomodaba en mi torso.
—Entonces, ¿el "tele" de donde viene?—
—... No hagas preguntas que me hagan pensar, me dolerá más la cabeza.
Yo digo que fue tu té rancio—
—¡Oye ese té ha salvado vidas!–
—La mía no, así que no puedo confirmar nada.—
—... ¿Mínimo te gusto?—
—¿Quieres que te sea sincero?— Addam levantó su mirada para encontrar sus ojos con los míos.
—Si, quiero sinceridad pura y casta—
—Sabía horrible.—
—¡¿Qué?!, ¿porqué dices eso?—
—Dijiste que querías que fuera honesto, eso hice.—
—Pero yo te ayude, te hice té—
—Pero sabía feo—
—Ya no quiero escuchar nada, déjame ver esa cosa en el espejo parlante—
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