Capítulo 15 de 15
—¡Auch!, no tan fuerte—
—¡No te muevas!— Se quejó Nash
—¡Oye, eso duele!—
—Deja de quejarte tanto—
—Y tú deja de apretar tanto la mano—
—Addam, no puedo curar tus heridas si sigues quejándote y moviéndote como lombriz todo el tiempo— Espetó Nash —Además, tú mismo me diste esta agua mágica curativa.—
—Olvidaba lo mucho que ardía...—
—Pero me lo diste, ahora ya no te muevas y déjame terminar de curarte—
El algodón suave contra mi espalda era ligero, pero el escosor del ungüento... era horrible. No ayudaba en absoluto la fuerte presión de las manos de Nash contra mi espalda.
—No sé por qué no me contaste que tenías heridas desde aquel día... Se te pudieron haber infectado—
—No es importante—
—¡Claro que lo es! Por si no lo sabes, se te pudo haber podrido la herida y te habrías quedado sin espalda.—
—Nash, ya no estamos en tiempos medievales. Son los dos mil ahora.—
—¿Y eso qué? No te hace mejor.
¿O acaso yo te estoy restregando mi título en la cara?—
—Eres muy pretencioso—
El golpe de una almohada contra mi espalda me hizo quejarme y aferrarme a la cama.
—Veamos, ¿qué sucede contigo?—
—¿Yo?, pero si tu me acabas de golpear—
—No me refiero a eso— recalcó — ¿Por qué nunca quieres mi ayuda? Digo, no sé si es porque viene de mí o... no lo sé. No te entiendo—
—Solo no necesito que todo el mundo me ayude. Yo puedo solo con esto, no veo por qué tengo que involucrar a más personas en esto...— Mi mirada volvió a enfocarse al lienzo qué descansaba entre mis piernas.—
—Eres demasiado obstinado para mi gusto... Sabes, no espero que mi ayuda te haga sentir como una carga... solo intento ayudarte porque puedo hacerlo, aunque sea para curar tus heridas. Después de todo, yo las cause cuando resbale en el río—
—Tú no las causaste—
—Sí lo hice, fue mi culpa—
—Yo entré al río por decisión propia… Decidí ir por ti, pero eso no significa que mis heridas fueran tu culpa. ¿O acaso tú tomaste una piedra y la tallaste contra mi espalda? No.
Así que por favor, no vuelvas a repetir eso.—
Aquel suspiro resignado resonó en la habitación silenciosa.
Mis manos comenzaron a dibujar ligeros trazos de rostro en el lienzo previamente preparado. Volví a borrar varias veces aquel detalle de la nariz, una vez más lo hice.
—Ay cielos, deja de trazar línea sobre linea— La mano de Nash tomó mi muñeca y me ayudo a plasmar la nariz del retrato. —Tienes que imaginar la línea, no intentar mil veces hasta dar con el resultado esperado.—
—Ese es el punto de pintar— Gire mi rostro, encontrándome con su rostro posado en mi hombro; podría sentir su cálido aliento contra mi oído.
—No lo es. Su objetivo es expresar y crear.—
—Es casi lo mismo—
—No lo es. De seguro reprobaste tus materias de arte, parecer muy inculto—
—Uy perdón si no he vivido mil años—
Su pesada mirada se encontró con la mía, dejándome atónito.
—Si ya entendí, ya no digo nada.
Nash levanto su cabeza, mirando por encima de mi hombro la pintura.
—Por cierto, ¿que pintaras? Tienes el boceto de un rostro—
—No lo se, tal vez haga un retrato de una persona o algo... por lo menos ya tengo las facciones—
—No puedes hacer eso. ¿Cómo vas a hacer las facciones de un rostro que no sabes como pintaras?—
—¿Instinto?—
—Ay cielos...—
—¿Qué tiene de malo?, necesito adelantarlo. No creo que estos meses me den para terminarlo, mucho menos con todos estos problemas que intentamos averiguar. Parecen misiones secundarias...—
—¿Qué es eso?—
—Una misión que tiene y no tiene que ver con la original, se ve en video juegos—
—De verdad, jamás entenderé las maneras en que tu gente nombra los objetos hoy en día.
—Tal vez es porque eres un joven con mente vieja—
Nash abrió los labios en una expresión sorprendida y se llevó una mano al pecho casi al mismo tiempo.
—¡Retractate!—
—No—
De nuevo, otra almohada me golpeo, esta vez me tomo desprevenido, dejándome caer a la cama.
Tome mi pincel y di un manchazo color verde a la cara de Nash.
—Te queda bien el color— Mencioné con suficiencia.
—¡Como te atreves!— Las manos de Nash se llenaron del mismo color, ensuciando mi camisa negra.
—Tu vas a lavar esto—
—No, tu lo harás—
Lo manche de nuevo, y él me lo regreso pintando mi ceja con su pulgar.
Las pintura saltaba por aquí y por allá, llenando nuestros rostros y prendas de un verde neón para luces de árboles.
Fin de la lectura
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