Capítulo 13 de 15
Advertencia ⚠️ contenido sensible y escenas explícitas/gráficas (pueden considerarse grotescas)
—Sí, de verdad estoy muy seguro de que esta es—
—¿Cómo estás seguro de que esta es la iglesia que recuerdas?
—Addam, cuando yo estaba vivo no había otra iglesia más que está; mi padre la envió a construir.
Además, ninguna de las que hemos visitado se parece tanto.—
—Si tu lo dices...—
—Ya estoy cansado de caminar, entremos de una vez—
Seguí por detrás a Nash, mis pasos huecos contra el pasillo de rocas, que poco a poco comenzó a resonar por la loseta reluciente de la catedral.
Era enorme, con pilares fortificados que se elevaban como troncos de piedra; en medio de cada uno de ellos, vidrieras religiosas contando una historia que todos en nuestra fé conocemos. Estas reflejaban una lluvia de luz azul resplandeciente por el sol, pero esta se apagaba y no llegaba a iluminar el pasillo, dando un tono gris oscuro y lúgubre.
Las bancas de madera vieja y desgastada, casi ruñida, escondiendo sus astillas para el momento correcto.
Los únicos pasos resonantes eran los míos, que chocaban y hacían eco entre el corredor. Era interminable, siento como si estuviera caminando sin llegar a ningún lugar.
El silencio reinaba el lugar con puño de hierro, pero casi podía jurar escuchar el órgano tocar en todo su esplendor en una macabra melodía sonsonante.
Choque contra Nash casi al final del pasillo, mucho antes de llegar al altar.
Era extraño que él se detuviera tan bruscamente.
Lo rodeé, observando su expresión seria pero sorprendida, casi como si intentará contener las gotas de un vaso qué estaba apunto de derramarse.
En el altar, parado frente a la escultura de Dios, un sacerdote de mediana edad con túnica blanca; cortando la palma de su mano derecha con un artefacto qué no pude vislumbrar. Llevaba los ojos cerrados, los cuales se apretaron ante el corte. Un quejido leve llenó el salón, seguido de la presión de sus dedos contra la carne y las gotas de sangre cayendo a la copa dorada.
Caía ligera, rápida y en gran cantidad, no parecida a la sangre espesa y lenta que conocíamos.
Unos largos segundos pasaron, juraría que se sintieron como horas al quedarme petrificado; no solo era yo, Nash estaba en las mismas.
El tallar de la tela contra la clara y gran herida, hizo jadear y gruñir al hombre, dejando el paño de lado.
Cuando pensé que este había terminado su... extraña ofrenda.
Él hombre levantó la copa con ambas manos hacia el cielo, un poco más por encima de su propia cabeza. La bajo y dejo caer en esta algo que no pude notar.
El girar de la copa era peligroso, conteniendo aquel líquido extraído al que no le encontraba motivo.
Bebió de la copa, cosa que jamás pensé ver... ¿Un hombre, bebiendo su propia sangre recién extraída?
Éste la bajó y murmuró unas palabras en latín qué no logré reconocer; había escuchado algunos rezos en ese idioma antes, pero este no se comparaba o se relacionaba con alguno de ellos, era algo totalmente nuevo.
Aclare mi garganta, saliendo de mi ensoñación y dando indicios de mi llegada a aquel sacerdote.
El hombre abrió los ojos de golpe, dejando la copa de lado.
—Ah hola hijo mío, ¿qué te trae por aquí?— Hablo con una voz suave y serena mientras bajaba los escalones hacia el pasillo.
Nash tenía la mirada fija en él, como una lechuza qué evalúa cada movimiento de su víctima.
No podía decirle nada, no frente a este señor.
—Vine por una tarea, padre; mi escuela me pidió saber sobre un caso religioso de este pueblo y que mejor manera de saberlo que venir en persona a una de las iglesias más antiguas.—
—Muy bien pensado. Entonces tu curiosidad por la verdad te trajo hasta aquí y eso es bueno.
Así que cuéntame, ¿cuál es ese caso tan importante que necesitas saber?—
—Es sobre el príncipe Nash Roosevelt—
La expresión serena del hombre se volvió un poco más tosca; su sonrisa bajo, sosteniéndose a pesar de todo, sus cejas ahora fruncidas marcando las leves y casi notables arrugas.
—¿De quién me hablas con exactitud?...—
—El antiguo príncipe de Kinsley, Nash Orpheus Roosevelt.
No puede decirme que no lo conoce, padre. Está en la historia del pueblo, muchos lo conocen—
Pude ver que Nash apretó los puños hasta dejarlos blancos, no había despegado la mirada desde que éste bajó del altar y se acercó a mi. Pensaría que en algún momento se le lanzaría, estaba con toda la intención, pero no podría detenerlo ahora. Mi única esperanza era que se comportará y que lograra recapacitar lo que esté pasando por su mente en estos momentos. Nunca se había comportado así, manteniendo la mirada sin dejarlo ir, con sus ojos cargados de odio y algo que pude ver como una montaña de furia e irritación.
—Oh sí, el joven Orpheus... pero eso sucedió hace siglos, hijo mío.
Pero tengo curiosidad, ¿por qué tu escuela te envía a saber sobre estos temas?—
—Mi escuela es católica, por ahora estamos tocando temas sobre familias de la realeza que puedan haber formado parte de esta religión.
Solo me faltaría saber qué tan relacionado está el príncipe de Kinsley con la iglesia—
El hombre me sonrió y fijó su mirada en la mía sin parpadear en ningún segundo.
—Lo único que te puedo decir, jovencito... es que la iglesia tiene registros de que pudo haber sido poseído por una entidad demoníaca, eso es todo.—
—¿Es por eso que lo enviaron quemar?-...—
El sacerdote me interrumpió. —¿Disculpa?, ¿a qué te refieres con eso?—
—¿Lo enviaron quemar, para sacar esa "entidad" que su iglesia dice que tenía?... ¿qué tal si hay algo más?—
—Mira, niño... no quiero que vuelvas a pisar mi iglesia de nuevo. Estás profanando la gracia de Dios-...—
—No, solo estoy diciendo lo que creo— interrumpí. —Y yo digo que hay algo más en ese expediente. Me gustaría verlo.—
—Escucha...— Se acercó, con sus pasos resonar hasta que su mano apretó mi hombro. —Más vale que te vayas ahora, este no es asunto tuyo.
Eres demasiado curioso, pero déjame darte un consejo; deja el pasado donde debe de estar, no quieras remover los escombros. — Soltó mi hombro. — Ahora vete, no quiero volverte a ver.
Me dirigí a la salida sin pensarlo demasiado, definitivamente no me quería aquí.
Observe por encima de mi hombro y me gire para ver mejor detrás de mí, donde Nash estaba frente al hombre, analizando cada detalle, con su frente fruncida y su indecisión. Logró notar mi mirada y caminó de regreso a mi lado pero no dijo ninguna palabra, solo salió antes que yo.
La puerta crujió y chocaron contra sí ante nuestra salida.
* * *
—¿Oye que te pasó ahí dentro?—
—Nada, creo estar viendo alucinaciones—
—¿A qué te refieres con eso, Nash?—
No hubo respuesta.
—Nash...— Nash te estoy hablando—
—Creo que lo vi, ¡¿ya me dejas?!—
—¿A quién se supone que viste, según tu?—
—Ese hombre tenía un extraño parecido al sacerdote que vi, pero... no, debo de estar delirado.—
—Eso no puede ser posible de ninguna manera, ¿han pasado que... ochocientos años?—
—No lo sé, no llevo el conteo de las décadas en que morí; pero gracias por recordarmelo— Nash cruzó sus brazos.
—Solo estoy tratando de decir que no es lógico lo que dices. Nadie en esta vida puede vivir tantos años.—
Nash me dio una mirada filosa.
—A excepción de ti, pero porque eres un fantasma.—
—¿Y tú creías en los fantasmas antes de conocerme?—
—... Buen punto.—
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