Capítulo 11 de 15
Julio 2008
—Entonces, ¿me estás diciendo que viste al rey y un sacerdote hablando sobre ti?
—¡Si!, así fue.
—¿Pero por qué estarían hablando sobre ti?, ¿no recuerdas algo más?—
—No mucho, solo se escuchaba como... indeciso, algo así.
—Genial, otro misterio por delante. ¿Cuándo terminaremos con esto?, siento que no estamos avanzando en nada. Ni siquiera hemos descubierto porque estas aquí.—
—Ay por Dios, Addam, ¿podrías simplemente tranquilizarte un poco?
No todo es tan negativo como piensas—
—Aja... dime algo positivo que ha ocurrido hasta ahora—
—... ¿pude ver a mi madre?— Los labios de Nash se curvaron en una ligera y amigable sonrisa aunque dudosa.
—Vaya avance...—
—Oye anímate... si, se que no hemos descubierto muchas cosas aún; pero por lo menos ahora sabemos que mi padre y... ese hombre están relacionados con lo que sea que haya pasado aquí—
—Con "ese hombre", ¿te refieres al sacerdote?—
—Si, ese señor...—
—Por cierto, ¿porqué siempre que hablamos sobre él intentas evadirme?—
—Porque no me agrada—
Me detuve al instante, en medio del sendero lodoso y lleno de pasto.
Estaba atardeciendo, así que el sol estaba bajando con lentitud; parecía tomarse su tiempo mientras que la brisa del viento se refrescaba con el río a nuestro lado.
—¿Qué te hizo ese hombre?—
—No lo se—
—De verdad, dímelo... ¿te hizo algo?—
—¡Te dije que no lo se!— Replicó Nash girandose hacia mi. —¿Qué parte de "no lo se", no entiendes? No se porque siento esto, solo se que no puedo estar hablando de ese hombre. Tan solo pensar en cuanto lo vi...— Nash movió sus manos hacia todos lados como si quisiera aplastar algo, aunque al final solo dio una patada al suelo. —¡Me hierve la sangre!—
—Esta bien lo entiendo, calmate—
—¡No me digas que me calme, no estoy histérico!—
—Si lo estás... espera haz una pausa.—
Tome las manos de Nash, quien pareció quejarse un poco pues quería continuar caminando.
—Se que esto es difícil para ti por esa... peculiar experiencia traumatica...—
—¿Epifanía?—
—Te dije que no es una epifanía—
—Si lo es—
—Qué no—
—Qué si—
—¿Me dejas terminar?, gracias.—
Nash resopló y cruzó sus brazos, observando mis ojos con exasperación; parecía que quería clavarme un puñal justo ahora.
—A lo que me refiero, es que quizás todo esto está sucediendo por alguna razón.—
—Estupendo, exuberante...— Menciono Nash con sarcasmo. —¡No me digas, Socrates! ¡Si no me dices, ni siquiera me doy cuenta! Ya estoy harto de todo esto, no estamos avanzando en nada; solo es ir de un lado a otro sin sentido.
¡Ni siquiera se porque estoy aquí y parece que jamás lo sabré!—
El cielo comenzó a llorar sobre nosotros, cubriendo nuestras ropas con miles de claras gotas.
Llenaba el piso de lodo y charcos inundados.
La noche había llegado y los relámpagos con ella.
—Nash tranquilizate, estas muy alterado...—
—¿Alterado?... no sabes como me siento, creo que nunca lo supiste en realidad.—
Nash camino de regreso entre los charcos de lodo qué lo hacían quejarse, parecía tener dificultad para caminar, pues la tierra lo detenía.
—¡Nash espera!... ¡Regresa!—
Casi de inmediato lo seguí, mi mirada peleando con saber en donde pisar y no atascarme.
Al levantar mi mirada, no pude vislumbrar a Nash.
—¿Nash?...—
—¡¡ADDAM!!— La voz se escuchaba distorsionada por la distancia, un grito visceral qué hizo vibrar mis huesos.
El río había arrastrado a Nash hacia las profundidades del agua.
—¡Nash!—
Corrí detrás de él, ignorando las ramas de los arbustos y los krakens de barro qué parecían ralentizar mis pasos, resbalando entre mis propios pies por llegar.
* * *
La corriente me arrastraba, jalandome cada vez más lejos.
El agua llegaba a mis ojos, cegando mi vista y ahogando mi respiración.
Saqué mi cabeza a la fuerza buscando aire, tomando bocanadas tanto como podía.
—Nash~...—
Entre mi esperanza por sobrevivir, pude escuchar una voz llamándome entre la corriente; una muy diferente, pero era claro que no era Addam.
Agite mis manos y patale contra el río, pero la marea me arrojo una ola qué hizo llevarme hacia el fondo.
Cerré mis ojos, nadando hacia la superficie al más no poder.
Pude sentir unas manos sobre mi torso, seguido de un filo cerca de mi garganta.
Fruncí el ceño y abrí los ojos lentamente, mis mejillas llenas de aire estaban a punto de dejarme…
Frente a mí había una figura oscura de ojos oscuros, parecía desvanecerse entre el agua pero no podía irse. Esta tenía una sombra con una daga en su mano, apuntando a mi cuello.
—No debiste volver...—
La voz sonaba rasposa, sería y grave.
Esos ojos ardían de odio mismo y estaban dirigidos a mi.
Mis piernas y brazos intentaron alejarlo, pero este se aferraba a llevarme más a la profundidad.
Es un río, ¿que tan lejos podría estar el fondo, por todos los cielos?
Entre mis dedos, al intentar estrujar el cuello de la figura, esta desapareció y con ello mi consciencia.
—Tu tienes algo que yo necesito...—
Logre escuchar antes de cerrar mis ojos poco a poco.
* * *
—¡Nash despierta! ¡Necesito que despiertes!—
Nadé hacia la orilla, sosteniendo a Nash debajo de sus brazos y tirando de él para llevarlo conmigo.
La lluvia rugía con fuerza, los árboles se sacudian; dejando caer ramas y hojas por doquier.
—¡Vamos Nash, aguanta!—
Logré sostenerme de la orilla, pero una ola me golpeó, lo que me hizo cerrar los ojos y soltar.
La corriente nos llevó a un camino sinuoso, pude apreciar que venían curvas anchas y otras más angostas, cerca de piedras y arbustos.
No podría sostenerme mucho más, el agua me estaba empujando, sabía que no podría sacarnos a tiempo antes de llegar hacia aquel camino, mucho menos con esta tormenta qué alimentaba su furia.
Respire todo el aire que pude y sostuve a Nash frente a mi, con mis manos debajo de sus brazos y cubriendo su cabeza con ambas manos.
Sin aviso, el agua descendió y nos arrastró sin aviso, haciéndonos caer, casi me hizo perder el control y soltar a Nash. Acabábamos de entrar hacia un territorio de bordes rocosos, esto era malo con Nash desmayado. Lo coloqué entre mis brazos, justo en medio. Suspiré y cerré los ojos, listo para recibir los golpes del río y las piedras furiosas.
Sentí el impacto seco de las rocas contra mi costado mientras el río no se detenía. Seguido de una punzada contra mi espalda, lo que me hizo quejarme del dolor intenso, podría jurar qué me hirió; pero solo me mordí el labio y continúe sufriendo todas las embestidas venidentes, cubriendo a Nash con mis brazos e intentando alejarlo de las piedras.
Pude ver un tronco sepultado contra la tierra a lo lejos, era mi última oportunidad de sacarnos de este embrollo.
El río llevó a nosotros una ola llena de odio, arrojando nuestros cuerpos más adelante.
Parece que eso le dio una zarandeada de realidad a Nash, pues note que despertó observando hacia todas partes.
—¡No te vuelvas a desmayar!—
Sostuve la madera del tronco y levante a Nash hacia la tierra del claro, para que pudiera estar fijo al suelo de nuevo.
Nash tomó mi brazo, tirando de el y llevándome a tierra firme. Terminé cayendo encima de él.
—¿Qué...— Nash respiró agitado —sucedió?...—
Yo por mi parte, intente capturar todo el aire posible, pero me era imposible con el dolor en mi espalda. Estaba jadeante, mi corazón se apretaba contra mi pecho dejándome sin aliento, incluso mi garganta se cerraba.
Pude sentir las palmadas qué Nash me comenzó a dar en la espalda con la esperanza de que volviera a respirar. Se estaban volviendo demasiado rápidas, ansiosas y más fuertes.
Pero al golpear mi herida, me queje.
—No...— Tosí, llevando mis manos a mi boca para cubrirme —... estoy bien—
—No lo estas... tu, loco... fuiste por mi—
—¿Qué querías que hiciera?, ¿que te dejará ahogarte? Y no me vuelvas a decir que estas muerto, porque parecías muy vivo allá adentro—
En ese momento, el abrazo de Nash me envolvió sin espero; su cálido aliento cerca de mi oído y su barbilla en mi hombro.
Estábamos empapados, era una sensación rara para mi; odio sentirme mojado, especialmente los zapatos.
—Gracias por salvarme... aunque fue muy imprudente de tu parte arrojarte por mi—
—No fue nada, pero porfavor no vuelvas a resbalar cerca de un río.—
—Cierto...—
* * *
Después de secarnos, me senté en el colchón de mi propia cama, observando y jugando con mis propios dedos mientras espero que Addam salga de la ducha.
Desde que regresamos no he dejado de pensar en esa figura y sus palabras... ¿Qué puedo tener yo que esa cosa quiera? , no me suena coherente.
Pero pensandolo bien... ¿y si el agua me estaba alejando de esa cosa? Nunca sentí que me atacara o intentará ahogarme, más bien... era como si quisiera llevarme lejos.
Me encantaría poder decirle a Addam todo lo que escuche, pero creo que el pobre ya ha sufrido mucho por toda esta situación...
* * *
—Addam... ¿crees que podemos hablar? Se que es tarde, hemos tenido un día izquierdo y horrible, pero en verdad... senti que el agua me llamaba, como si me conociera—
—¿Hablaba?... eso si que es algo nuevo—
—Y... vi una figura oscura, dijo que tengo algo que necesita—
Addam frunció el ceño —¿Algo que necesita de ti? Esto se pone cada vez más raro.—
—Oye no te lo tomes a la ligera—
—Lo siento... no es fácil estar al borde de la muerte y después hablar con calma, no puedo...—
—Si, lo se... pero de verdad, creo que esto es importante. Además, estoy seguro de que el río nos estaba alejando del peligro.—
—¿Alejar del peligro? Nash, una roca me golpeo la espalda—
—Quizás no logro cuidarnos bien.—
—Tu y yo tenemos una inmensa mala suerte.—
—No digas eso...—
—Escucha... te creo, si dices que el río te estaba cuidando y te hablaba, esa figura que dices que te arrastraba y que tus casi veinte minutos desmayado fueron causa de ello, confío en tus palabras.—
—Eso suena a disparate, si no lo hubiera vivido diría que estas chiflado.—
—Ahora me entiendes...—
Me senté al lado de Addam y coloque mi cabeza en su hombro con tranquilidad.
—Todo nos ha salido de la patada estas semanas...—
—Estamos salados—
—¿Qué es eso?—
—Que tenemos mala suerte para todo.—
—Auch...—
—Tal vez... podríamos ir con una tarotista qué nos ayude un poco con esto.—
—¿Te refieres a una bruja?—
—Algo asi—
—No, me niego. No puedo ir con una bruja, quien sabe que tipo de encantamientos nos arrojara. Además, mi religión me lo impide.—
—Nash, tu religión yo creo que ya no existe.—
—Si, si lo hay. Yo vi una iglesia donde solía ir, así que de mi no te puedes burlar.—
—Esta bien, lo siento.—
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