Capítulo 7 de 9
Joder.
La fina línea rosa de la vida
acaba de comprarte un billete de viaje en mi vagón.
Y como polizón, sin permiso, te instalas en su interior,
te aprovechas de mis víveres,
te apoyas en la ventanilla para poder ver mejor
y acaricias sutilmente mis pensamientos
para hacerte un sitio quiera o no,
pero ¡no!
¡Yo no te di permiso para entrar!
¡No te dije que anidaras ahora en mí!
¿Te pedí que viajaras a mi lado?
¿Te invité a que subieras en mi tren?
No sé si quiero viajar acompañada,
porque el peso del equipaje es liviano
y no quiero recargarlo inútilmente,
no quiero tener que compartir mi asiento,
no sé si quiero cargarte
no sé si quiero.
No sé si…
No sé si decidir seguir sola.
Si sigo sola.
¿Y si decido seguir sola?
¿Si decido expulsarte de este tren?
¿Si decido ignorar que estás aquí,
y lanzarte al exterior sin miramientos?
¿Y si decido que no quiero?
¿Y si decido que no quiero,
que en tus labios me dibujes un te quiero?
¿Si decido que tus ojos no vislumbren los senderos,
ni descubras la belleza de los cielos,
ni te bañes en el mar de los recuerdos?
¿Y si decido que te vayas arrojando al cieno?
¿Y si decido que no puedas regalarme los luceros,
ni los insomnios dormidos por abrazarte en tus miedos?
¿Si decido que no quiero que me beses?
¿Si decido que no quiero tus recuerdos?
…
Si decido que te marches
y como Dios te condeno y te arrebato la vida.
¿Qué será de este viaje?
¿Quién me llenará de dichas?
¿Quién calmará mi conciencia cuando no te pueda ver?
¿Quién, cuando llegue esta fecha, consolará tu recuerdo?
No quiero, joder, no quiero.
No quiero que el mismo infierno se levante ante mis ojos.
No quiero que la tortura de no dejarte vivir
me acompañe en el viaje,
que me recuerde en mi trayecto que no estás,
que tu tierna y dulce mano no me agarra
y no puedo enseñarte la belleza de la vida,
ni enseñarte que la luna se transforma para crearte una cuna,
ni enseñarte cómo el grillo que te arrulla, te compone una nana,
y las estrellas te cuidan y te sonríen y brillan,
y tu mamá te vigila para que, en este viaje,
si está la estación vacía,
si se estropea el vagón
o los raíles se tuercen
y este tren se descarrila,
yo estaré ahí, mi cielo, para enderezar las vías,
para que, en este viaje, no te engañen ni te hiera la injusticia,
y recoger momentos que llenaremos de risas.
Yo estaré siempre a tu lado, enseñándote la vida,
arropándote en tus llantos y sanando tus heridas.
Estaré en las estaciones, cuidándote, mi bebé,
y diciéndote al oído que te quiero,
porque mi amor, mi lucero,
si has subido a este tren, yo te recibo con miedo,
pero voy a recibirte con confianza y amor
porque tu vida es mi vida,
y en mi vida yo te quiero,
y si he de decidir,
y si he de decidir que viajes junto a mí
o arrojarte de este tren.
Y si he de decidir,
yo decido.
Yo,
Decido que te quiero.
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