Capítulo 6 de 9
Domo ocular del universo desdoblante
Posibilidad ardiente de la arena
Mirada y luz del hondo anhelo se dispara
Aún después de que incineral la fiel ofrenda
Ya de por sobre sí se nos mantuvo gravitante
Ser que en el ignoto lapso de otro riel acaso fuera
Comba de luz o bien zafir, que no casi diamante
Proclive estalla en fin procaz su firmamento
Tras el obús occidental que ajeno suelo explora
Por no querer saldar aquí los abismos de esta aurora
Hiel y cenizas absorbe la marea...
Y el contador de pulsos memoriales
Memorioso nuevamente se consterna
Ante el milagro vano del afelio
Que arco tangible, rombo expectante,
Se complace en proclamar equidistantes
Arcanos secretos que no son ya más que baldíos...
Lejanos mares en que se aburren persistentes
O aquestos ríos, que cual fulgores destellantes
maledicentes no mal maldicen laberintos
tras los que afloran graves dones que revisten
solo áureo albor bajo el que se esconde gris misterio...
Más que el leve estar el quehacer produce rutilante
Y el ah del viento pasmado ante Natura se estremece:
Din don: Din dan, repica el intelecto
Abriendo cual maitín la nave de los muertos
... Cual oquedad ladera o precipicio
También fondo de fuego trasluce el pericarpio
Y arde desde su centro el loco aliento
En que oscilará ruin porvenir que se hace añejo
(Oruga de sol se envuelve calavera
Más mariposa nacerá si adviene lucimiento...)
Obligado no es que al tal le guste el fuste
Sino que revierta savia contumaz el dulce fruto...
O que te nutra sustancial te sorba el seso
por ver si así lo regurgitas cual delfín trova viajera,
aunque una llave angelical reanime tu experiencia
¿Y es que (pues, por fin), en qué quedamos compañera?
¿Salta o no salta el conejo tras la acera?
O sabrás tú, sí, que mi canción más prolifera
Si de por mi ser la muerte piropea
(Más que botada tengo ahora la canica
Después de andar merodeando por la esfera...)
Quiera que no el verso multiplica
Tal deleite moridor del vivir goces despierto:
Te dejo pues ágil fragor en gris desierto
Para que imprimas sendas de su ardor por todo el predio
No por glorias enanas, sabrás que mis astillas cantan...
Y sólo flores agrias cosecharás si sus secretos labras
Mas sí, al querer (o no) siempre algo habrá que aquí no explico:
Mucho mejor será que el hombre calle el pico
Cuando el silencio dice más que mil palabras.
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