Capítulo 5 de 5
“Existen 3 tipos de Estilos de Control; el más conocido/común: los Estilos Elementales/Subelementos. Los Estilos Psique; tienen el poder de controlar: la mente, el ánimo, valores y/o conceptos intangibles. Por último, el más raro son los Controladores de las Fuerzas físicas”
Título I — Disturbios
El bullicio de la calle hizo que me despertará con afán, al inclinarme a la ventana logré escuchar los gritos de las personas y el choque de espadas contra herramientas del campo.
El maestro entró de golpe a la habitación, me pidió que me vistiera rápido pues al parecer, una gran turba de personas ingresó a la capital dirigiéndose al Palacio del Concejo Real, con lo cual debíamos salir a apoyar a la Guardia Real y demás Caballeros Reales en la contención de la multitud.
Apenas salimos a la calle fuimos recibidos por 3 personas que se nos fueron encima con hoces y garrotes, pero antes de que se nos acercaran más, el maestro Pyxis clavó sus herramientas al suelo y los hizo caer al golpearlos con una varilla que les arrojó.
—¡No te quedes ahí muchacho, tenemos que llegar al Concejo antes de que ellos!
Enseguida reaccioné y comenzamos a correr hacia el Palacio, derribando de vez en cuando a manifestantes que nos atacaban sin razón, procurando no lastimarlos demasiado pues seguían siendo civiles que no teníamos permitido herir.
—Maestro ¿por qué estas personas actúan así?
—No tengo idea, parecieran que estuvieran bajo alguna técnica de Psique que los hace perder la cordura y solo actuar por instinto.
Al llegar al Palacio del Concejo Real, nos recibieron unos Guardias Reales junto a otros Caballeros que también llegaron con nosotros.
—Señores, la situación de orden público que estamos viviendo es preocupante, los manifestantes han intentado tomar varios edificios y casas, ahora sabemos que la horda se dirige así aquí, con lo cual les pedimos que hagan lo necesario para detenerlos antes de que intenten ingresar, pues no quisiéramos tener que entrar en acción y que haya más heridos sin ninguna razón —Dijo uno de los Guardias Reales.
—Deténganlos hasta que lleguen los refuerzos de las murallas o que recibamos una orden del Gran Maestro —Agregó otro Guardia.
—¿Él se encuentra aquí? —Preguntó el maestro.
—Negativo Sir Pyxis, aún no hemos recibido información de su llegada a la capital, pero con todo este lío ha sido poco lo que hemos podido comunicarnos con los del exterior.
—Pues entonces hagamos lo que debemos, nuestro deber es servir al reino en todo momento y en especial en estos —Dijo el maestro.
Al volver a las cercanías del Palacio, seguimos conteniendo a las personas. El maestro usaba sus poderes magnéticos para atrapar a las personas entre piezas metálicas o hacerlos perder la consciencia al saturar sus ondas cerebrales. Yo hacía más esfuerzo físico en luchar cuerpo a cuerpo contra ellos, desarmándolos de sus herramientas y noqueándolos lo menos dolorosamente posible como me enseñó el maestro, así estuvimos casi una hora hasta que el maestro me llamó para decirme que retrocediéramos, pues en la retaguardia del Palacio se acercaba una gran horda de personas según podía sentir.
Título II — El Gran Maestro; Corvi Algorab
Antes de que pudiéramos llegar a la retaguardia para apoyar a los demás Caballeros Legionarios que estaban reteniendo a la multitud, incluso con sus Estilos de Control, la horda tomó fuerza y los arrolló como una estampida de ganado que huyen del matadero.
—Estilo Corvus: ¡BANDADA DEL TERROR! —Se escuchó desde el cielo nublado.
Al instante un silencio sepulcral se hizo en la calle, pero fue seguido de un escándalo de cuervos que pasaron sobre nosotros hacia todos los manifestantes, toda la bandada de cuervos pasó y recorrió las calles cercanas como si buscaran a las personas, haciendo volver el silencio en menos de diez segundos, pero siguiéndolo un grito colectivo; las personas comenzaron a gritar y huir despavoridas del Palacio como si hubieran visto la muerte misma.
—¡Su Excelencia el Gran Maestro Corvi Algorab! ¡El Cuervo de 6 Alas! ¡Señor y protector del Santuario de los Vientos! ¡Segundo en el reino y miembro de la honorable Casa Corvus! —Gritaron 4 hombres desde el Palacio del Concejo.
Todos los caballeros y los Guardias Reales presentes se inclinaron de inmediato, hasta el maestro Pyxis lo hizo, no sin antes decirme que también me inclinara ante el Gran Maestro por respeto. Solo pude alzar un poco la vista y vi lo, un hombre de mediana edad que bajaba del cielo rezumbando el aleteo de sus alas, las primeras, eran de color blanco y salían de su espalda alta cubriéndolo como una sotana.
Las segundas, como la noche estrellada, las usaba para volar y el tercer par rodeaba su cuerpo como si fueran una gran bata, brillantes como la plata más pura.
—Levántense mis honorables caballeros, han hecho bien en contener a estas personas, lamento mucho mi tardanza.
—Su Excelencia, lamentamos que la situación se haya salido de control, es nuestra culpa por no contenerlos antes de que ingresaran a la ciudad —Dijo un Caballero Legionario sacando su espada y ofreciendo al Gran Maestro.
—Todo lo que está pasando no ha sido su culpa, nosotros no hemos hecho lo que es nuestro deber para procurar el bienestar común de cada uno de los ciudadanos del reino.
—¡En eso estamos de acuerdo su Excelencia!
A todos nos tomó por sorpresa aquella afirmación tan irrespetuosa hacia el Gran Maestro.
—¿¡Quien osa atreverse a hablarle así a su Excelencia!? —Gritó uno de los Guardias Reales desenvainando su espada.
Cuando todos giramos hacia aquel hombre que había gritado, no pudimos creer que era el mismísimo Alejandro Magno posado sobre un techo, con una armadura tan brillante que lo hacía ver más como una vajilla fina, que como un verdadero guerrero.
—¡Desdichado hombre! ¿Cómo te atreves a dirigirte de esa manera al Gran Maestro? ¡Mereces la muerte por tal ofensa!
—¿La muerte por hablar la verdad? ¿En qué régimen se ha convertido este precioso reino? ¿Ya no existe la libertad de expresión y de huelga? ¿Se fueron acaso los derechos de los ciudadanos junto con el cobarde de Betelgeuse? —Preguntaba Alejandro con altivez.
—¡Atreve a repetir eso contra su Majestad Orionis Betelgeuse, maldito y sabrás lo que corta mi espada! —Grito otro Guardia, mientras los demás desenvainaron sus armas.
—Solo digo la verdad, ustedes fueron unos salvajes al atacar a mis seguidores sin ninguna razón, veníamos en son de paz para hablar con el honorable Concejo Real para tratar el tema de un nuevo Elemental y ¿Cómo fuimos recibidos?: con ataques y heridas.
—¿O sea que confiesas que tu trajiste a todas estas personas y eres el responsable por los daños ocurridos? —Preguntó el Gran Maestro.
—Yo solo soy un servidor del pueblo, el salvador que han estado buscando y pidiendo a sus poderosos Elementos primordiales
—¿Un salvador? ¡Tú has sido el causante de todas estas protestas, han causado división entre los motusinos, has osado mancillar el nombre de las Casas Nobles y lo peor de todo… has profanado el nombre y legado de su Majestad Orionis Betelgeuse, el verdadero servidor del pueblo! —Renegó otro Guardia Real furioso.
—Alejandro Magno, no hemos encontrado tu origen ni tu linaje, pero lo que has causado hoy es considerado traición y revolución, con mi autoridad de Gran Maestro te acuso y te sentencio a juicio por tus crímenes contra el reino. Guardias, adéntrenlo en el Palacio y manténgalo en una celda, envíen cartas a todos los miembros del Consejo Real, hoy acabará este problema de raíz y será el Elemento Aire quien decida el destino de este hombre.
Título III — Cabezas de las Casas Nobles
—Maestro ¿Qué va a pasar con Alejandro ahora?
—Eso solo lo determinará el Concejo Real, pero los crímenes que le acusan son muy serios.
—Nunca he visto a todos los miembros del Concejo Real, ni siquiera sé quienes son cada uno.
—¿A no? ¿Ni siquiera porque son representantes de las Casas Nobles?
—Era muy poco lo que teníamos permitido salir del Castillo, solo a lugares cercanos y no por mucho tiempo. Aunque quedaba relativamente cerca, no conozco mucho de la capital, solo historias que nos contaban los administradores que nos cuidaban cuando iban o de algunos otros que los acompañaban.
—Entiendo muchacho, desconozco muchas cosas de cómo es la vida en las sectas y en especial la de Ara, pero hoy es tu día de suerte, supongo —dijo el maestro riéndose— es muy probable que podamos estar presentes en el juicio como testigos.
—¿Enserio podremos estar adentro del Palacio del Concejo Real? ¿Junto con todos los representantes de las Casas Nobles?
—Mientras no participemos ni hagamos escándalo, podremos estar. Ve ahora al mesón donde dormimos y paga una noche más, pues estoy seguro que el juicio iniciará mañana.
—Como ordene maestro ¿usted qué hará ahora?
—Intentaré hablar con el Gran Maestro, aún tengo pendiente esa reunión y con lo que ha pasado hoy, con mayor razón. Nos vemos en el mesón al anochecer
Enseguida partí hacia el mesón, viendo el estado en que habían quedado las calles: llenas de ramas, trozos de tablas, telas rasgadas y restos de frutas y verduras por los enfrentamientos. Al llegar al mesón hablé con el encargado y le pagué 1 denario por la noche en las dos habitaciones y fui a la taberna a comer algo, pues no lo había hecho en todo el día.
Cuando terminé de comer y aún tenía las manos sucias del filete de cordero asado con pan, el maestro Pyxis llegó con una cara de frustración y cansancio, le pedí a la tabernera otro plato para que el maestro también comiera y descansará.
—Volvió muy rápido maestro ¿no pudo conseguir hablar con el Gran Maestro?
—No, creía que me atendieran e insistí varias veces, pero supongo que con todo lo que ha pasado el Gran Maestro no tiene tiempo para alguien más.
—¿Esperará que pase el juicio entonces?
—No tengo otra opción, espero poder hablar con él antes de que todo esto pueda empeorar.
—¿Yo podría saber de qué van a hablar? Lo he sentido muy distante y reservado con eso.
—Es algo muy confidencial, solo puedo decirte que está relacionado a su Majestad Orionis Betelgeuse, creo haber encontrado algo.
La curiosidad me mataba por dentro, pero también entendía la mirada de alguien que no quiere hablar más, Lambda me hacía caras similares cuando no quería seguir una conversación. Terminando de comer fuimos cada uno a nuestra habitación para descansar de todo el día y prepararnos para mañana.
«¿Está temblando? Puedo sentir como si el aire a mi alrededor vibrara de repente. Definitivamente en esta ciudad no se puede dormir mucho»
Al levantarme de la cama pude notar que verdaderamente se sentía una leve vibración en el aire, no vibraba la tierra o las cosas, el aire a mi alrededor en mi interior se sacudía con cuidado. Poniéndome mi chaleco bajé a la taberna y allí estaba la tabernera cociendo una sopa mientras otro hombre comía pan en una mesa cerca de la puerta.
—Tranquilo muchacho, eso significa que se acercan los representantes de las Casas Nobles ¿no eres de por aquí cierto? Se nota que te preocupas por cualquier cosa ¿de qué nido o cueva saliste acaso? —Dijo el mesonero.
Ignorando el insulto, salí del lugar pudiendo ver como pasaba volando un carro tirado por dos perros que corrían en el aire, pasando a gran velocidad con dirección al Palacio del Concejo, siendo el ladrido de los perros lo que hacían vibrar el aire. Aunque el sol aún no salía con fuerza, la claridad que había permitía ver a detalle esa escena.
—Esa es su Majestad Orionis Raselgeuse; la cabeza de la Casa Original —Exclamó el hombre que estaba comiendo al verme salir.
Luego se escuchó un chillido agudo, el cual era un águila marrón gigante que parecía tener una montura encima y alguien sobre ella.
—Ese debe ser su Alteza Aquilae Altaír, Señor de Aquilunguia; capital de la Provincia Aquila en las altas cimas de la Cordillera Atlas —Añadió el hombre; como si para él fuera algo de todos los días.
—Las Casas Nobles son tan imponentes con sus Animales Sagrados, literalmente les sirven para todo.
—Y eso que aún faltan los otros dos —Mencionó riendo—ven a comer muchacho, deja de parecer un ermitaño. Cuando estén los demás llegando a la ciudad, créeme que lo notaras.
Luego de comer, cuando ya estaba reposando la comida recostado en la habitación esperando a que el maestro me dijera algo y el sol comenzaba a subir dando ese calor que arrulla, comencé a sentir un viento fresco que venía del norte y se colaba entre las cortinas de la ventana.
—¡Cierren las ventanas y las puertas! ¡Rápido, corran! ¡Ya se acerca la tormenta! —Gritó alguien en la calle.
Me asomé por la ventana y pude ver al norte como una gran nube de arena se acercaba hacia la ciudad, cerrando enseguida la ventana, baje a la taberna para saber qué estaba pasando, pero todos estaban relativamente tranquilos, solo la tabernera y el mesonero estaban cerrando las ventanas con telas gruesas.
—¿Qué está pasando ahora? ¿En esta ciudad no hay calma?
—Es solo la entradilla de su Alteza Serpens Chow, supongo que quiere intimidar, así como los demás, porque estos espectáculos no los hacen siempre —Respondió el mesonero.
—¿Puedo salir a ver?
—Bajo tu propio riesgo muchacho, pero cierra bien la puerta; no quiero estar limpiando la arena y el polvo después —Renegó.
Cuando salí, me recibió un viento seco y fuerte, seguido rápidamente de unos granos de arenas golpeándome el cuerpo a gran velocidad, pero en ese momento la vi: una enorme serpiente castaña se deslizaba por las calles y planeaba por el aire con gran rapidez, teniendo un palanquín sobre su cabeza. Al pasar la tormenta se fue con ella hasta desaparecer en las cercanías del Palacio del Concejo Real.
—No debí haber salido en verdad, ahora tengo la boca llena de arena y me arden los ojos.
—Se te advirtió, pero tú quisiste ver igual. Ten, lávate la cara con esto —Me dijo la tabernera dando un cuenco con agua.
Cuando me lave la cara sentí que el día se oscureció de repente, como si una gran nube de tormenta hubiera cubierto la ciudad.
—Antes de que preguntes… Ese ya es el último; su Alteza Corvi Alchiba; Señor de la Provincia Corvus y padre de su Excelencia, el Gran Maestro.
Enseguida la penumbra aumentó más, casi como la noche misma y junto a ella una horrible cantata de graznidos de cuervos se escucharon pasar. Al salir de la taberna nuevamente el ambiente y el cielo eran desesperanzadores, bandadas gigantes de cuervos seguían a uno más grande y junto a él; un hombre con alas negras que dirigía la bandada también en dirección al Palacio.
Título IV — Ante el Concejo Real
El sonar de las trompetas indican que el juicio está por comenzar.
«Parece que mi juicio ha llegado por fin, que pésimo trato tienen estos Potentias a sus prisioneros, pero esto acabará de la peor manera para ellos, ya verán lo que se siente ser discriminado»
—¿Estás listo Algebar?
—Si maestro, ya podemos partir.
—Perfecto, recuerda lo que te dije: no podemos interferir a menos que se nos pida y dé la palabra.
Cuando entramos al Palacio del Concejo Real, no podía creer lo elegante y deslumbrante que era; los cuadros, la madera fina, los detalles en oro y figuras de plata del Aire y cacerías de Orión. El salón de juicios era un ágora gigante; nosotros nos sentamos en el extremo inferior izquierdo de la habitación, teníamos la vista privilegiada a la puerta por donde no tardaron en llegar los Concejales…
—¡Den gloria a su Majestad Orionis Raselgeuse! ¡La Cazadora de los Vientos y Señora de la Casa Original Orionis! —Exclamó un Guardia Real, mientras entraba Raselgeuse usando una toga cubierta por una capa muy distintiva; era la Capa de Orión, que tenía un patrón estrellado y dicen que permite camuflarse en cualquier entorno. Raselgeuse usó una técnica familiar de los Orionis: flotar, de un gran salto llegó a un trono en medio de las gradas del ágora en la parte superior.
—¡Teman los malvados ante su Excelencia Corvi Algorab! ¡El Gran Maestro de Motus! ¡Y Señor del Santuario de los Vientos! —Añadió también el guardia.
Algorab entró con su aura negra precediéndole y de vestimenta sus alas, usando las que siempre deja para volar llegó hasta el asiento al lado izquierdo de Raselgeuse.
—¡No habrá noche tan oscura, ni plan malévolo que escape del graznido de su Alteza Corvi Alchiba! ¡Señor de la Casa y Provincia Corvus, sustentadora del reino!
Alchiba al entrar hizo una reverencia ante Raselgeuse y ante su primogénito; Algorab, siempre acompañado de un cuervo en su hombro. Se sentó en la silla más a la derecha de Raselgeuse, dejando una silla vacía entre ambos.
—¡La enfermedad y el dolor huirán de su Alteza Serpens Chow! ¡Señora de la Casa y provincia Serpens Cauda!
Chow con sus largas batas entró a la habitación haciendo una reverencia también y sentándose a la izquierda del Gran Maestro.
—¡No existe cima tan alta como la gloria de su Alteza Aquilae Altaír! ¡Señor de la Casa y Provincia Aquila en la Cordillera Atlas!
Altaír entró con la cabeza en alto, pero sintiendo la presión de las miradas, inclinó la cabeza ante Raselgeuse y el Gran Maestro. Y con él fueron la entrada de todos los representantes de las Casas Nobles del reino, aparentemente...
—¡Gócense en la melodía de su Señoría Lyrae Vega! ¡Señor de la Casa Lyra y protectores de las planicies del oeste! —Añadió el Guardia Real con una mirada de decepción.
Entró Vega con su cabello blanco brillante como la plata más pulida, tocando su lira como si quisiera conmover a todos los presentes y que olvidaran su tardanza.
—Una disculpa su Majestad, su Excelencia y sus Altezas, me he tardado más de lo que creía en arribar.
—Llegas tarde Vega, ni porque la única razón de la Casa Lyra es responder prestos al llamado de la Casa Orionis, aun así, te tomas la molestia de tardar y hacernos esperar —Reclamó Raselgeuse un poco molesta.
—Perdone su Majestad, pero yo no tengo un Animal Sagrado que me traiga en su lomo —dijo inclinando la cabeza, pero viendo fijamente a todos los representantes de las Casas Nobles— ni un par de alas que me permitan surcar los cielos —añadió viendo esta vez al Gran Maestro y a Corvi Alchiba —yo si tengo que llegar con un Auriga, venir en una carroza desde las lejanas llanuras del oeste.
Al final Vega subió por las gradas y se sentó a la derecha de Raselgeuse en la silla que había quedado vacía, entre ella y Alchiba.
—¡Que pasen los Consejeros del pueblo! —ordenó el otro Guardia Real al lado de la puerta.
—El honorable Concejal Eugene; representante de las Órdenes de Herreros y Artesanos—Dijo el otro Guardia en la puerta.
Eugene se ubicó en la hilera de sillas debajo de los representantes de las Casas Nobles.
—El honorable Concejal Gregory; representante de las Órdenes Académicas y Desarrollo, el honorable Concejal Maximus; representante de las Órdenes de Juicios, Investigación y Crímenes, el honorable Concejal Bootis Arturo; representante de la Orden Bootes de agricultores y ganaderos, el honorable Concejal y Comandante de la Guardia Real; Lyrae Sanders
Así todos los Concejales se sentaron uno al lado del otro frente al escenario del ágora.
—¡Estos son todos los miembros de este honorable Concejo Real! ¡Damos paso ahora al enjuiciado; Alejandro Magno! —Dijo el otro Guardia Real.
Entrando finalmente Alejandro encadenado en pies y manos, hizo que los murmullos comenzaron a rebotar en la habitación.
—Alejandro de la desconocida “Casa Magno”, se te imputan los cargos de traición, desobediencia civil y promoción de actividades ilegales que terminaron en daños físicos, auto proclamado como “el salvador de Motus enviado por los Poderosos Elementos primordiales”, ¿cómo se declara el acusado?
Fin de la lectura
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