Capítulo 1 de 6
Antes de continuar, hay algo que tenés que saber.
El Aura nunca miente. Los humanos, sí.
Hay una energía que corre bajo el mundo desde antes de que existiera una palabra para nombrarla. La gente la respira sin saberlo, la pisa sin notarlo, la lleva dentro sin haberla pedido.
Le dicen Aura. Y aunque nadie puede mencionar su origen, todos saben lo que hace cuando despierta: se convierte en arma.
Una que nadie elige, que nadie forja, que aparece mostrando lo que uno es por dentro, antes de las máscaras, antes de las mentiras que cada uno construye para sobrevivir al mundo. Hay quien invoca un filo. Hay quien invoca un escudo.
A los que consiguen esto los llaman Cavallers. Los hay en cada ciudad, en cada rincón olvidado del mapa, entrenando bajo cinco banderas distintas, en naciones que alguna vez fueron una sola corona y que hoy se miran con el orgullo herido de una familia que se separó. Cada una tiene sus propias reglas. Sus propios templos de piedra donde el cuerpo y el espíritu se ponen a prueba sin cámaras, sin público, sin nada que pueda comprarse con dinero. Cada bandera posee un consejo que no gobierna pero que nadie se atreve a desobedecer, porque su fuerza es la única verdad que ninguna corona puede doblegar.
Hay quienes miden ese poder en letras, de la E a la S, como si una escala alcanzara para ordenar algo así. Y después están los que rompen la escala.
Y, sin embargo, no alcanza con esto para entender lo que estás a punto de leer.
Porque hay ciudades que se levantan sobre huesos. Hay montañas donde la nieve nunca deja de caer, no solo por el clima. Hay bosques donde las criaturas elementales se resguardan de los humanos: aves capaces de tragarse una tormenta entera, bestias que hablan el idioma de los hombres, pero eligen, casi siempre, el silencio. Hay redes que conectan a millones de personas todos los días, que muestran combates, hazañas, caídas, transmitidas en vivo como si fueran un partido más, y que jamás preguntan el origen de todo.
Este es un mundo donde un tren debe detenerse, porque, unas cuadras más allá, algo que no debería existir terminó de abrirse durante la noche.
Porque hace algo más de dos siglos, sin aviso ni explicación, empezaron a aparecer heridas o grietas en la realidad.
Nadie sabe qué las produce. Cada década trae más, más grandes, más difíciles de cerrar.
Algunos dicen que son algo natural de un mundo mágico. Otros, que son una consecuencia. Y unos pocos, casi siempre los que terminan desapareciendo de la vida pública, sospechan que ninguna de las dos cosas es del todo cierta.
Porque este mundo no nació en calma.
Antes de las cinco coronas, antes de los templos, antes de que existiera una sola palabra para nombrar lo que ahora llamamos Aura, algo bajó del cielo. Varias conciencias antiguas que encontraron en esta tierra un lugar donde por fin podían tomar forma. De ellas nacieron las primeras criaturas del continente. Y una, la que más se acercó a lo humano, la que sintió ternura por seres tan pequeños y frágiles, decidió enseñarles un secreto: convertir la propia energía interior en poder. Le decían Foros. Hoy son pocos los que todavía se atreven a nombrarla con respeto.
Porque donde hay un regalo tan grande, siempre quedara una factura pendiente.
Miles de vidas entregadas en una sola noche, en la cima de una montaña que hoy nadie visita como turista, cubierta de nieve la mayor parte del año. Lo que se compró con eso fue silencio.
Pero el silencio, como todo lo demás en este mundo, tiene fecha de vencimiento.
Estás a punto de entrar en un lugar donde la magia no es un truco de fiestas ni una rareza de cuentos infantiles: es una fuerza que decide quién sube y quién cae, quién es recordado y quién desaparece sin dejar más que un rumor. Un lugar donde las redes sociales y las leyendas más viejas conviven en la misma pantalla. Donde alguien puede manifestar, de un día para el otro, un arma capaz de torcer el destino de una guerra que todavía no empezó. Donde cinco coronas, cinco ejércitos de guerreros y algo que se supone dormido en el fondo de un glaciar sostienen un equilibrio que nadie te puede garantizar que vaya a durar.
No vas a entender todo de entrada. Pero ahora sabes que el aura fluye bajo cada palabra que lees y sobre el suelo que estas pisando.
Da vuelta la página porque ya empezaste a formar parte de esto.
Bienvenidos a Eredia.
Lucas, me gustó muchísimo la sensación de estar entrando a un mundo que ya existía mucho antes de que yo llegara 🌌 La frase «El Aura nunca miente. Los humanos, sí» me atrapó de inmediato porque no solo presenta el sistema mágico: también promete conflicto humano, secretos y gente intentando esconder quién es realmente. Y ahí ya me ganaste. 👀 Hay un montón de cosas sembradas que me dejaron con curiosidad: las cinco coronas, los Cavallers, esa escala que algunos directamente rompen, las grietas que cada vez son más grandes… pero sobre todo Foros, el precio de aquel regalo y eso que supuestamente duerme bajo un glaciar ❄️ Esa última imagen me dejó pensando: «Bueno, claramente eso NO va a seguir dormido para siempre» 😂 También me gustó mucho cómo mezclás lo mítico con elementos modernos, como las redes transmitiendo combates. Hace que Eredia no se sienta como una fantasía medieval conocida, sino como un mundo con identidad propia ✨ Y el cierre, invitándonos directamente a entrar, funciona precioso: terminé el preámbulo queriendo conocer a la persona que va a vivir dentro de todo este caos. 💡 Un consejito de lectora: acá me diste bastante información y funciona porque es una bienvenida al universo. Ahora me encantaría que el próximo paso sea vivir Eredia desde alguien concreto. No necesito que vuelvas a explicarme cómo funciona el Aura todavía; quiero verla aparecer en una vida, causar un problema, revelar algo que ese personaje quizá preferiría esconder. Ahí creo que todo este mundo puede empezar a doler —o maravillar— de verdad 💛 Muy lindo comienzo. Me dejaste con ganas de cruzar esa página y ver qué raíces estamos a punto de desenterrar 🌱⚔️