Capítulo 9
Las habitaciones eran tan oscuras como la oficina donde estuvimos reunidos. Logre ver como el Lacre partía del reino tan pequeño que apenas podía verse, pero tan rápido y ágil como un roedor.
—Son muy hospitalarios, sabueso. — Gire mi rostro hacia Nina, que se media un vestido en un espejo que se encontraba incrustado en la pared. —Mira que bellos vestidos, tienen más color que todo Nerven.
—Algo tienen, acaso no recuerdas como nos acusaron de atentar contra una de sus Consortes. — Volví a observar por la ventana los inmensos puentes de seda, y las pequeñas lucecitas brillantes de color azul que vibraban por el reino. — Te recomendaría no probar nada de la cena muy hospitalaria del Rey.
—Oh por Oratual, que insinúas niña. — Girándose hacia mi sorprendida, me hizo una seña para guardar silencio.
—Lo mismo que ellos insinuaron, hace nada Nina. Por el Dios supremo, deja de ser ingenua y empieza a entender que en el mundo existe la maldad y hay personas muy malas rondándonos. —Tal vez este un poco alterada y afectada por todo lo que me paso, dioses apenas inicio mi día y empezaron a pasarme de cosas. — Entiende que no vas por la vida insinuando que alguien mando a ejecutar a una de tus espesos y luego la sientas en tu mesa a comer como si nada.
—Que memoria tienes mujer. — Salió del vestidor que no supe en qué momento había entrado en él y empezó a sobar el vestido riéndose como si lo que dije hace un momento fuera un tipo de broma. — Harías historias si no fueras una cazadora.
Me puse rígida y la miré asustada, le chité seguidamente. Si alguien la escuchara decir aquello sí que me darían directamente veneno. Me tense más igual que Nina que su sonrisa fue borrada en un solo segundo cuando las puertas de la habitación se abrieron.
Dioses, habrá escuchado a Nina.
Una Seelie muy rara, surge ante mis ojos ataviada en un precioso vestido claro de seda como si fueran tiritas de nubes en ellos te digo que es la prenda más perfecta, y eso que los vestidos no se me dan muy bien. Su cabello caía hasta la cintura, de un blanco perlado tan intenso que, si no te hipnotizaban sus ojos felinos, penetrantes y casi hostiles, te hipnotizaba su cabello, podría jurar que era una Unseelie. Pero no, estábamos vivas, y su aspecto de Seelie era evidente; incluso su aroma lo confirmaba. La paz que me transmitía al verla era como una luz etérea.
Por eso digo, es una Seelie muy rara.
—Perdón por interrumpir, damiselas, pero el Rey me ha enviado por la Princesa de Nerven para que la lleve a analizar a la bestia. —Se medio inclino en forma de reverencia y no pude dejar pasar sus delicados rasgos, en efecto era una Seelie pero había algo que me daba desconfianza. — Con gusto puedo escoltarla hacia las mazmorras del reino.
Dios supremo, es mejor que no sonría así; su sonrisa, en lugar de darme confianza, me daba miedo. Y eso que solo era una sonrisa normal de una Seelie, pero estaba que me cagaba pensando que en cualquier momento sacaría sus garras, mostraría sus verdaderos dientes puntiagudos y me arrancaría el cuello de un solo mordisco.
Era la seelie más extraña que he conocido, y eso que solo he conocido una, pero ese fue el peor día de mi corta vida.
—No interrumpes nada, soy Nina, la doncella de la princesa. Un gusto conocerte. —Maldita doncella confiada siempre esta fascinada por estas criaturas, es obvio que estaría sonriendo de oreja a oreja al verla. Era perturbador que solo le haya dedicado una sola mirada a Nina, y luego tenía completamente su atención, perturbador y escalofriante.
Ya está, les tengo un miedo terrible a los feéricos, sobre todo si son de cortes oscuras como los Unseelie o de cortes de luz como los Seelie. Soy de una raza inferior y es obvio que ellos son superiores. Si llegara a morir en manos de uno, mi muerte sería impune porque nada ni nadie les daría un castigo por hacerlo.
—Un placer conocerlas, mi nombre es Caelith Gloamviel, enviada por el reino de Semreh de la corte de primavera, a tratar de salvar a la segunda Consorte de Noryan. —Es de una corte de luz es obvio que sería una seelie, pero mi instinto me dice que hay algo raro en ella, además hoy mi olfato me ha fallado dos veces, no sentir aromas ocultos sería un gran golpe a mi olfato. —¿Me acompañarían?
Antes de salir, le pedí a Nina que fuera a la cocina y se inventara algo sobre mi comida y mis “alergias” para asegurarse de que no intentaran envenenarme, todo en voz baja para que la Seelie no me escuchara ni fuera a chivarse al rey. En silencio avanzamos camino a las mazmorras de momentos sentía un olor a cenizas y luego a flores de primavera era raro porque el olor a cenizas estaba muy sutil, pero estaba, descarté que fuera de la feérica, de inmediato a unos cuantos kilómetros sentí el hedor a sangre, putrefacción y moho muy juco, de rápido supe que estaríamos a nada de llegar a las mazmorras.
—¿Sus escoltas saben que la Princesa bajará a las mazmorras? —La dulce y pacifica voz me saco de mis pensamientos y sin decir palabras negué.
—Viajo únicamente con mi doncella; Noryan no suele ser conocido por aceptar guerreros en sus tierras neutrales. — La sensación de ser observada me puso rígida y alerta. Lo más probable era que fuera la seguridad del reino, pero descarté esa idea al ver que ni siquiera me dirigían una mirada, mientras yo seguía ataviada con mi vestido manchado de tierra se sentía incomodo con aquella sensación tan horrible.
—Con esas criaturas sueltas no es seguro viajar sola y tan al anochecer. —El sol estaría por salir ahora mismo, para cuando parta del reino de Noryan estaría el sol en su punto más alto, estaría llegando a Nerven en pleno atardecer, justo en el momento que el sol estaría en el horizonte, tiñendo el vasto cielo en tonos naranjas, rosados y violetas. —Si me permite, podría escoltarla a su reino con mis escoltas, una princesa importante como usted no debería ser enviada solo con una doncella ambas están expuestas al peligro.
Iba a replicar, pero ante los ojos de todos soy una princesa, y no la cazadora que soy en mi día a día.
—No quiero ser una molestia, pero agradezco sinceramente su oferta. — Decline con una gentileza y educación que me darían diez de diez en actuación por tal imitación.
—Sería un placer no una molestia. —Me dio una de sus sonrisas perturbadoras y me abrió la puerta que daba la bienvenida a las mazmorras del reino. para ser una seelie de un corte de primavera especialmente de Semreh sabe muy bien donde esta cada cosa de este reino. —Debo decir Princesa que siento mucha curiosidad por usted.
—¿Por qué? — Camino por los estrechos pasillos, aborreciendo los olores tan intensos que siento y cada vez más cerca el de la bestia.
—El Rey Ocreon me ha confiado su batalla con una de estas bestias, pues vera que una princesa quiera ver el estado de tal criatura es raro. —Me tensé, que estúpida, como pude actuar como una cazadora y no como una princesa delicada que este tipo de cosas la perturbarían en gran manera. —Me ha sorprendido mucho, no sabía que la hija de Lyon conocía sobre defensa de batalla y no sobre defensa personal.
—Según mi padre no podemos ser débiles si estamos en lo último de la Red Arcana —Miento, aunque puede haber un poco de verdad en mi mentira. Visualizo a la bestia con lanzas atravesando casi todo su cuerpo, más deforme, más putrefacta, más horrible y dañada. Debo investigar quiénes las están creando, por eso estoy aquí para olfatear su olor de nacimiento o de transformación. —Pero puedo asegurarle que, en caso de ser necesario, pondré a mi pueblo por encima de mi seguridad. Yo sé defenderme, mi pueblo no.
—Que gratificante saber que existen buenos soberanos en Nerven Princesa. — El olor de la sala cambió drásticamente a flores primaverales, desplazando por completo el aroma de la bestia. —Bien, aquí tenemos a Rugger de la comarca Montaña baja al oriente de Nerven, se le calcula unos 38 años sin familia ni nada, trabajaba en la taberna Alta de la misma Comarca, la brumilla Loreta aseguro que había dejado de trabajar hace siete lunas pasadas.
—Primero Caelith, esconde tu aroma, me impide olfatear la bestia. —Sonreí mientras retiraba las prendas que apenas cubrían a la bestia, para inhalar discretamente el aroma de su piel expuesta. De pronto, una luz envolvió mis manos y se transformó en guantes brillantes; tocaba su piel, pero mis manos permanecían limpias. Era el velo mágico que las protegía, y sonreí, fascinada. —Y segundo como le hiciste para saber completamente todo de algo tan desconocido.
—Los lacres más antiguos de Noryan pueden hacer que hasta el hongo más venenoso hable Princesa. —No me pasaba por alto como la Feérica me analizaba mientras me inclinaba y olfateaba. —Ellos lograron investigar todo son buenos rastreadores.
Perturbadora referencia para una Seelie, buen dato tendré que robarme un Lacre.
—Vaya quisiera tener uno, así sabre quienes roban mis sales y mis vestidos. —Mentí esperando una oferta.
—Tenga por seguro que al partir de Noryan usted tendrá un Lacre siguiendo sus pasos. —Le sonreí agradecida, poniendo fin a mi búsqueda con una dirección clara en mente. El bosque oscuro de Yisho, donde ocurrió su transformación, según tengo entendido, alberga una comarca antigua que nunca ha querido relacionarse con Nerven y que preferiría morir antes que siquiera hablar con un brumillo o un humano.
Según Efrull, aquella comarca era como los Unseelie pero en versión Brumillos. Era la comarca más oscura de todo Nerven, lo que me hacía preguntarme porque crear aquellas bestias. No quería decir mi descubrimiento después del viaje partiré nuevamente a Yisho en busca de respuestas y es más que obvio que ire muy preparada ante uno o varios ataques.
—Bien, ni hagamos esperar esa cena. — Mencioné saliendo de la habitación donde tenía aquello encerrado. —Lo último que comí fue calabaza y pan de ajo recién horneado por una de las mejores cocineras de la comarca de Brum la principal de Nerven.
Sin saber cómo fui capaz de decirle un dato muy personal a alguien que apenas conozco me desconcertó, pero luego lo entendí porque, estaba ante una Seelie y me inspiraba mucha confianza y Paz.
Fin de la lectura
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