Capítulo 72 de 74
EL DIARIO BICOLOR
La muerte siempre ha sido el mayor misterio de los mortales. Le temen. La pintan como un abismo frío, un verdugo despiadado que arranca a las personas de la luz. Yo solía pensar igual.
Qué equivocada estaba.
Hoy, mientras escribo estas líneas en mi escritorio de ébano y plata en el corazón del palacio de obsidiana, miro el reflejo del gran ventanal. Mi ojo azul sigue guardando el calor del sol; y mi ojo negro contiene la inmensidad de la noche eterna. Ya no estoy dividida. Soy el puente.
Gobernar el inframundo junto a Alexander no es un castigo, es un acto de equilibrio. Y en ese equilibrio, hemos aprendido a cuidar de los hilos de aquellos que, de una forma u otra, nos ayudaran a tejer nuestra propia libertad.
A veces cuando el viento del abismo sopla con suavidad, me permito observar como fluye la vida de quienes dejamos en la superficie.
En una colina apartada de los campos Elíseos, donde el pasto brilla con un verde plateado que nunca muere, veo a Dorian y a Elián. No hay cadenas, ni rencores, ni deudas que pagar, los hermanos ha construido un hogar en paz. Dorian ya no lleva la sombra del traidor en su mirada; ahora camina erguido, protegiendo a su hermano bajo un cielo que no conoce el dolor. Cumplimos nuestra promesa. Estarán a salvo, siempre.
En el mundo mortal, la vida sigue su curso ruidoso y acelerado. A veces observo a Luisa en la facultad. Sigue siendo esa chica rebelde, popular que camina como de las calles. El otro dia, un tipo intentó pasarse de listo con ella en un estacionamiento oscuro; Luisa ni siquiera se inmutó. Solo sonrió con suficiencia mientras la sombra a sus pies se estiraba de forma amenazante, ahuyentando al intruso en un segundo. Es divertido ver que sigue llamándome su "apoyo de nerd" en sus pensamientos, aunque ahora sepa que su ex mejor amiga maneja las llaves del abismo.
Y luego esta mi madre. Su jardín en la superficie ahora es el más hermoso del vecindario. Plantó unas flores extrañas que trajimos del limite del inframundo; durante el día parecen rosas comunes, pero por las noches brillan con una luz azulada y mística. Sé que cada vez que las ve sonríe, sabe que estoy cerca. Desayunamos juntas dos veces por semanas, compartiendo chismes antes de que yo deba regresar a mis deberes eternos. El pacto que una vez nos maldijo se ha transformado en el lazo mas fuerte de todos.
Alexander entra a la biblioteca. No hace ruido al caminar, pero su sola presencia altera la energía de la habitación, llenándola de esa calidez oscura que me hace sentir en casa. Se acerca por detrás, apoyando sus manos en mis hombros, y lee las últimas palabras que he escrito sobre el papel.
-Satisfecha con tu historia, mi reina?-me susurra, su voz gélida arrastrando una ternura que solo me pertenece a mi.
-Nuestra historia-lo corrijo, cerrando el diario con un golpe suave-. Y a penas está comenzando.
Me pongo de pie y tomo su mano. Juntos caminamos hacia las puertas del gran salón, listos para presidir el tribunal de las almas.
La gente sigue temiendo a la muerte, pero se equivocan. El final no es un abismo solitario. A veces, el final es solo el primer aliento de la eternidad, al lado de la persona que amas, sosteniendo con firmeza las riendas de tu propio destino.
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