Capítulo 6 de 74
Melody me invitó a desayunar y accedí sin dudarlo. Me daba una curiosidad enorme conocer sus gustos, sus intereses, y lo que no le agradaba... Quería saberlo absolutamente todo sobre ella.
Esa chica, Luisa, era una muestra más de lo detestables que podían ser los humanos. No entendía cómo Melody podía considerarla su mejor amiga; de verdad que no comprendía. Nos levantamos para ir a la cafetería cuando esa chica, me tomó del brazo para forzarme a caminar a su lado. Sentí un rechazo inmediato. Me zafé de su agarre al instante.
—No me toques —le advertí con frialdad.
Ella solo sonrió, impertinente.
—¿Cuál es el problema? ¿Te pongo nervioso?
La miré con una indiferencia tan fría que su sonrisa comenzó a flaquear.
—Así son todos al principio, pero después terminan rogándome —añadió con una burla ensayada, aunque al menos guardó unos centímetros de distancia.
Llegamos a la cafetería. Observé a Melody apurar el paso hacia la barra de alimentos. Luisa anunció que nos apartaría una mesa y finalmente se alejó. "Niña estúpida... Si fuera por mí, ya estarías pudriéndote en el Inframundo", pensé.
Alcancé a Melody y le pregunté qué le gustaba comer. Como yo no puedo comer comida humana, me intrigaba ver lo que elegía.
Fuimos a la mesa y me senté justo frente a ella para tenerla en mi campo de visión: su cabello, su sonrisa, sus ojos... Todo en ella me atraía como una fuerza gravitacional.
Estaba tan inmerso en mis pensamientos que olvidé por completo la presencia de la amiga de Melody. De pronto, la chica me reclamó si le había traído su bandeja. Su voz me irritó de inmediato.
—¿Por qué no vas a traerla tú? ¿Eres tan inútil que no puedes cargar tu propia comida? —le respondí en tono seco.
Se notó que mi respuesta le molestó, pero me daba igual. Solo quería, solo necesitaba estar concentrado en Melody.
Luisa se levantó indignada y Melody aprovechó para disculparse:
—Discúlpala... Es popular y hermosa, todos los chicos están a sus pies. Supongo que ahora tú eres su nuevo objetivo.
—Ella no me interesa —le dije sin apartar mis ojos de los suyos—. La única que me interesa eres tú, Melody.
Me miró en completo shock, con un pedazo de comida a medio masticar. Su expresión me pareció extrañamente tierna y adorable.
Ella era como mi gravedad: me arrastraba hacia su centro sin el menor esfuerzo. En ese momento me di cuenta de que estaba experimentando sensaciones completamente desconocidas para mí; con solo mirarla, me perdía. Sin embargo, un pensamiento amargo cruzó mi mente en medio del silencio: "Si ella supiera lo que soy en realidad... ¿seguíria hablándome?". La sola idea me puso tenso.
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