Capítulo 2 de 3
Nota:
Capítulo de muestra en el libro anterior.
Gareth
En cuanto tuve la oportunidad logré convencer a mamá de que no era necesario quedarnos a ver el resto de las peleas.
Salir del estadio fue lo mejor que pude hacer por la punzada de dolor que seguía martilleándome el cráneo.
-Estas muy callado, Hase. -Mamá desvió la vista de la carretera de Saint Denis un segundo para verme.
Veía por la ventanilla del Jeep, con la capucha de la hoddie puesta; la forma en la que la sombra de los arboles durante la noche parecía distorsionarse, el pitido en mi oído seguía ahí, pero era menor cuando no había ruido a mi alrededor.
-Tony me dio un buen jab, mamá. -El intento de una risita despreocupada me hizo cerrar los ojos con fuerza al sentir el latigazo de dolor. -Solo me duele la cabeza.
-Creo tener un ketorolaco en el bolso. -Señalo el asiento trasero.
Me saque el cinturón de seguridad para girarme y tomar su bolso de la parte de atrás.
Todo esto no era mas que un aprueba para mí, una calibración.
Solo tenia que encontrar los ángulos y ajustar todo lo demás.
El dolor podía soportarlo.
Saqué la pequeña pastilla y la puse debajo de mi lengua, el alivio se hizo presente más rápido de lo que esperaba.
Si bien seguía ahí, de ser un nueve, ahora era solo un cuatro.
Cerré los ojos dejando que el alivio me invadiera completamente al quedarme dormido.
...
Othersides de Red Hot Chilli Peppers sonaba con ganas en la habitación de Daven el lunes por la mañana.
El sonido me hizo gemir dolorido, llevando la almohada sobre mi cabeza de inmediato.
Había sobrevivido al domingo con la excusa de que la pelea me había dejado agotado, mamá me había subido comida a la habitación y eso había sido todo, permanecí en la cama todo el puto día, con el pitido del oído a mil.
No quería depender completamente del ketorolaco si no era necesario.
La estrategia era esa, si no lo necesitaba no lo tomaba, si creía que podía lidiar con el dolor durante el día, lo haría.
-¡Dav! -Grite desde debajo de la almohada cuando lo escuche apagar su estéreo y salir de su habitación.
Abrió mi puerta.
-Me voy contigo hoy. -Dije aún con la cabeza debajo de la almohada.
-¿Hoy? -Lo escuche entrar. -Tenemos física a primera. -Guado silencio un segundo. -¿Tony te pego tan fuerte que olvidaste que la adelantaste en Houston?
El tono burlón en su voz solo me irrito más de lo que mi oído lo hacía.
-Espérame abajo. -Dije sacándome la almohada para ver la pared de mi habitación. -Quiero llegar antes para estudiar en la biblioteca.
En cuanto me senté, todo a mi alrededor se movió tanto que parecía que alguien había tomado la realidad frente a mí solo para sacudirla.
Cerré los ojos con fuerza para intentar que mi sistema se ajustara a la nueva posición.
-¿Estas bien, Vins? -Dav seguía en la puerta de mi habitación. -Te siento raro desde ayer. -La preocupación no tardo en teñir su voz.
-¿De que hablas? -Murmure pasándome una mano por el cabello.
-Te conozco desde el vientre de mamá. -Una risita corta escapo de sus labios. -No puedes mentirme a mí, ¿el don gemelo, lo olvidaste?
Se me escapo una risita que corte de inmediato, con un suave gemido de dolor.
-¿Todavía te duele la cabeza? -El sonido de sus pies en mi piso venia de todas partes y de ningún lado a la vez.
Fue lo que mas me aterro.
No poder ubicarlo.
-¿Te consigo una pastilla?
-Un Ketorolaco me vendría de maravilla, hermano.
En cuanto escuche la puerta cerrarse me puse de píe para intentar ir al armario.
El primer paso fue sencillo, el segundo y los que vinieron después fueron una tortura.
Debía parecer un maldito ebrio caminando, por que de verdad que todo el piso se sacudió.
Todo lo hacía.
Cada lugar en el que fijara mi vista parecía estar jodiéndome por mera diversión.
Como pude me puse el uniforme del instituto y sin siquiera pensar en peinarme tomé mi mochila al llegar a las escaleras vi Daven abajo.
-¿No te peinas hoy? -Una sonrisita tiro de sus labios.
-Quiero joderlos un poco hoy. -Dije desde las escaleras, con la mano bien aferrada en la barandilla mientras bajaba paso a paso cada escalón. -Una razón más para que nos confundan. -Una sonrisa tensa tiro de mis labios.
-Cool. -Sonrió divertido mientras me veía bajar. -¿Solo te duele la cabeza?
Alcé la vista para verlo.
-Estas muy lento.
-Tony me pateo la rodilla el sábado, idiota. -Lo vi mal. -No voy a estar brincoteando por ahí después de eso.
-Bueno, solo decía. -Conocía a mi hermano tan bien que sabia que ya sospechaba algo. Más por esa cara de idiota que tenía ahora, me veía fijamente con los ojos entrecerrados y las cejas ligeramente fruncidas. -No hay ketarolaco. -Alzo una cajita. -Creo que el paracetamol también podría servirte.
Me tome el paracetamol sabiendo que no era mas que una bandita en una herida bien abierta.
-Conduces hoy. -Le extendí las llaves de mi jeep, mi precioso jeep a este animal que conducía como salvaje recién traído a la civilización.
Sus ojos se iluminaron y de inmediato tomo las llaves.
-Conducir a tu chica... Estas muy animado hoy. -Sonrío mientras corría a la puerta del piloto. -Animado si quitamos la cara de culo que llevas.
En cuanto estuve arriba me puse el cinturón de seguridad, eché el asiento hacia atrás y cerré los ojos para "descansar" un poco.
Gracias al cielo Daven hoy había sido lo suficientemente racional como para no hablar en todo el camino y no poner música.
El verdadero reto llego media hora después, cuando entramos al estacionamiento de Westwood, el ruido era una puta mierda.
El bullicio de un montón de adolescentes idiotas que recién llegaban al instituto entre risas y parloteo de mierda solo hizo que el latigazo me atravesara de nuevo.
-Si te duele mucho espera aquí hasta que den la hora de entrada. -Sugirió Dav.
-Es lo que pretendo. -Dije sin abrir los ojos.
En cuanto lo escuché salir del auto sentí las lágrimas resbalando por mi rostro y el nudo en mi garganta reforzándose cada vez más.
El sábado había dormido gracias a esa pastilla, había dormido con la esperanza de que al menos para el domingo el pitido en mi oído fuera menor.
Que hubiera desaparecido al menos un poco.
Que todo fuera un maldito sueño y que la pelea contra Tony no hubiera ido así.
Ese imbécil me había jodido con ganas.
Me había arruinado todo, los planes de mi vida entera se estaban cayendo frente a mi como un maldito castillo de naipes.
Y no podía hacer nada, porque lo único lógico era ir al medico y ser suspendido.
Lo único lógico me llevaría a perder ese contrato con la UFC.
Después de que el estacionamiento se vaciara baje del jeep con la vista en mis pies mientras caminaba para ir hasta el aula de ciencias.
Solo dos pasillos y dos escaleras.
Una puta tortura ahora mismo.
El murmullo de todos en clase era bajo, pero no lo suficiente para evitar esa corriente de dolor en mi oído.
Sentía como si me clavaran alfileres en el tímpano, uno tras otro, sin parar y hasta el fondo.
En cuanto llegue al aula me senté en mi lugar de siempre, cruce los brazos sobre la mesa del escritorio y hundí la cabeza en ellos.
¿Qué voy a hacer?
Si le digo a Mark me sacará de inmediato del torneo, Jamie no es opción.
Mis padres harían lo mismo además de castigarme.
Y si le digo a Dav... era como decirle directamente a mamá y a papá; no es opción.
El repiqueteo constante de mi propio pie contra el piso era lo único que llenaba el aula vacía y aun así era una puta tortura auditiva.
Sentía el sudor frio bajando por mi espalda.
El ruido de la campana me hizo gemir de dolor, llevándome la mano inmediatamente a la oreja para intentar apagar el ruido un poco, con los ojos cerrados con fuerza, los pasos en los pasillos, las risas agudas afuera, todo era una tortura.
¿Por qué carajos había creído que era buena idea venir a clases hoy?
Alcé la vista en cuanto la campana dejo de martillear, vi a Paula entrar junto a Steph, seguía sin hablarme desde lo que paso en el lago.
Y después, mis ojos viajaron a la pelirroja de mis sueños en cuanto la vi entrar por esa puerta, una encantadora sonrisa tiro de sus labios en cuanto me vio.
Baje la vista sin devolverle la sonrisa.
El aula se había convertido en una maldita cámara de tortura, todo estaba siendo demasiado, las risas, las sillas moviéndose...
La sentí sentarse a mi lado.
-Daven me mostro la pelea en física.
No levante la vista para verla, seguía apoyando el codo en la mesa con la oreja contra mi mano.
-Te envié un mensaje para desearte suerte, pero creo que no lo viste. -Una risita nerviosa escapo de sus labios. -Pero de verdad lo hiciste increíble, Gareth, estoy super feliz por ti por llegar a las semifinales; Daven me había dicho que te había quedado un corte horrible...
Por mas que amara su voz ahora era solo una tortura martilleándome el oído una y otra vez, mi pie repiqueteaba con mas constancia cada vez.
Me sentía como una maldita bomba de tiempo.
-Pero no se ve tan mal, ¿Te duele mucho?
La broma mas pesada de la vida es que justo ahora Savannah Redwood estaba hablando mas conmigo de lo que habíamos hablado antes.
-Estaba pensando. Si quieres, Dav me dijo que su cumpleaños es el miércoles, podemos ir al cine a celebrarlo... se estrena una película...
-Savannah... -Tome aire sin verla. -Cállate. -Me odie en el instante en el que salió de mi boca, había usado un tono mas brusco del que jamás habría usado con ella. -Por favor. -Añadí casi en un susurro.
-Lo siento. -Murmuro con la voz temblorosa, la vi juntar sus manos debajo de la mesa y girarse al frente, la vi hacerse pequeña por mi culpa.
Y me odiaba tremendamente por eso.
No paso mucho para ver como tomaba su mochila y se ponía de píe para ir hacia atrás.
¿Qué había hecho mal para pagar con esto?
No era un mal tipo, golpeaba gente si, pero dentro de un ring.
Cuando el aula estuvo llena el ruido de verdad me estaba matando.
Sentí un golpe en el hombro que me hizo alzar la vista solo para ver a mi hermano dejando sus cosas viéndome con el entrecejo bien fruncido.
-¿Qué mierda te pasa? -Dijo claramente molesto mientras se sentaba. -Savannah me pidió cambiar de lugar... tiene los ojos llenos de lágrimas.
-No te importa. -Dije volviendo a apoyar mi cabeza en la mano.
-Estas siendo un completo imbécil hoy.
-¡Bueno pues entonces déjame en paz! -Solté de una. -¡Eres como una puta lapa detrás de mi todo el tiempo!
Daven frunció el entrecejo.
Mi hermano era el mas relajado de los dos, si, pero si tocabas los botones incorrectos encontrabas su lado malo.
-¿Sabes qué? Jodete tú y tu puta rodilla jodida. -Su voz estaba cargada de veneno. -¡Solo me preocupo por ti pedazo de mierda andante!
Vi a toda el aula girarse a nosotros, esta genuinamente era la primera vez que nos veían discutir.
La ultima vez que lo habíamos hecho de esta forma fue cuando teníamos ocho años, el día que Daven quebró una de mis figuras de acción por accidente.
-¡Pues deja de hacerlo, maldito castroso de mierda! -El eco de mi propia voz solo me hizo cerrar los ojos por el dolor que se intensificaba y con ello la rabia fluía con más ganas.
-¡Me importa un carajo que seas un puto peleador, animal! -Lo vi hacer el ademan de ponerse de pie y sin pensarlo lo hice yo primero lanzando mi silla hacia atrás. -Sabes perfectamente que puedo patearte el culo. -Dijo mientras se ponía de pie.
Daven era tan capaz de pelear como alguien que practica artes marciales mixtas como yo de jugar futbol americano, nos habíamos usado mutuamente durante años como compañeros de práctica.
El mundo bajo mis pies se movió con una crueldad aterradora que solo me hizo inclinarme un poco para apoyarme en la mesa.
-Vins, hermano, relájate. -Clark se interpuso entre los dos, mientras los demás muchachos de la clase se apresuraban a acercarse para detener la pelea que estaba por iniciar.
-¡Quiero ver que lo intentes! -Aparte la mano de Clark de un manotazo, ignorando sus palabras.
-¡Ey, Anders! -El profesor Reynolds entro rápidamente, llamándonos a ambos. -¡Tomen asiento los dos YA!
Daven tomo aire y se sentó.
El sudor frio me recorría la espalda, el pitido en mi oído era mas fuerte que esta mañana.
-¡Vincent! -El profesor me vio con el entrecejo fruncido. -¡Que te sientes ya!
Esto no era mas que una puta cámara de tortura.
Me incline torpemente solo para alzar mi mochila y echármela al hombro.
-¡Vincent! -Repitió al verme comenzar a caminar.
Mis ojos estaban fijos en mis pies hasta que Reynolds me toco el brazo.
-¡Váyase al carajo usted también, maldito viejo de mierda! -Solté cerrando los ojos por el dolor que me provoco.
Salí apoyándome de la pared.
-¡Te quiero en dirección ya, Anders! -Reynolds se escuchaba jodidamente enojado.
Y yo solo quería esconderme en un puto agujero para llorar y apaciguar el dolor en mi oído.
Comencé a caminar directo a las escaleras, tan enfocado en mis pasos que no escuche los pasos detrás de mi.
-¿A dónde carajos vas? -Gire al escuchar a Daven.
Necesitaba esas pastillas.
-Dame las llaves del Jeep. -Extendí la mano.
-¿Para qué? -Al verlo retroceder mi paciencia se fue a la mierda. -¿Qué pasa, Vins? -Repitió ya con los ojos cristalinos. -Sabes que lo que sea que este pasando puedo ayudarte.
-No puedes. -Una risita fría salió de mi mientras negaba con la cabeza. -Las llaves. -Me acerque.
-He hecho muchísimas cosas por ti, hermano.
-No te pedí que hicieras ninguna de esas. -Estaba cada vez mas en el borde, Daven me había sacado de un sinfín de aprietos, y lo amaba infinitamente por eso. -¡Las llaves! -Mi mano se estampo contra su pecho al golpearlo, la mirada de dolor en su rostro solo hizo que el pecho se me apretujara más.
Las lagrimas se derramaron de sus ojos al darme las llaves, lo vi darse la vuelta mientras se limpiaba los ojos.
Por puro milagro me las había arreglado para conducir a una de las farmacias, compre cuatro cajas de ketorolaco y por mera recomendación de la cajera, otras cuatro de dramamine para el mareo.
Me había quedado sentado con el asiento reclinado esperando que la dramamine y el ketorolaco hicieran efecto para conducir directo a casa.
La cagaste, Gareth.
La cagaste en grande.
Había dañado a las únicas dos personas que me importaban mas que nadie.
Recordar la forma en la que Savannah junto sus manos y se giro al frente, recordar cómo se intentó hacer chiquita a mi lado.
Había mandado al carajo el día del rodeo.
Había mandado a la mierda todo el avance que habíamos tenido. Porque estaba mas que seguro que después de esto, Savannah Redwood, la pelirroja de mis sueños se iba a enfrascar en ese caparazón suyo del que tanto me costó sacarla.
Saque el celular al recordar que me había enviado un texto la noche de la pelea...
Hola, Gareth.
Lamento no poder ir hasta Houston para verte pelear. Suerte.
7:50
Bueno, no digo que la necesites porque se que eres muy bueno en eso...
7:50
Te irá bien.
7:51
Gracias por el peluche...
Se que vas a ganar.
XOXO
7:52
Besos y abrazos, no pude evitar sonreír ante el pequeño mensaje.
El nudo se apretó tanto en mi garganta que ya dolía.
Y Daven, me cagaba el alma entera ver a mi hermano con esa expresión.
Saber que lo había herido de esa forma cuando todo lo que hace es por amor.
Cuando el pacto entre nosotros siempre fue el todos para uno y uno para todos, como era posible que le estuviera pagando de esta forma a la persona que mas amaba en la faz de la tierra.
Por quien me había inculpado cientos de veces para que mamá y papá no lo castigaran por llegar hasta el culo de ebrio.
En menos de lo que imagine el atardecer se apodero de las calles de Saint Denis, ya con el mareo casi nulo y el pitido casi extinto conduje hasta la casa, en cuando la propiedad estuvo al alcance de mi vista le agradecí al cielo por no ver el auto de mi madre o el de mi padre.
Lo que significaba una sola cosa.
Estaban en Houston.
Baje del jeep para entrar a la casa y subir las escaleras.
-¿Ya me vas a decir que pasa? -Escuche a Daven detrás de mí.
-No te importa. -Dije sin siquiera girarme para verlo.
De un momento a otro sentí su mano tomándome del cuello de la camisa para girarme a la fuerza y estamparme contra la pared, por mero instinto subí la mano a su muñeca...
Y no pude más.
-Me jodio, Dav... -Un sollozo roto salió de mi con violencia.
-¿La rodilla? -Me vio aterrado, quitando su mano del cuello de mi camisa.
Solo negué entre lágrimas, con un hipido que me hacia sentir como un imbécil.
-El oído. -Solté con dificultad, Daven inmediatamente llevo su mano a mi nuca y me estrello contra su hombro, me aferré a él como si fuera lo único que podía mantenerme a flote.
Porque así era.
Mi cuerpo temblaba con violencia mientras lloraba.
Daven se limito a solo ser el ancla de la que tenia que aferrarme en ese momento.
-Todo se esta cayendo frente a mi... -Dije entre sollozos rotos. -Y no puedo meter las manos para evitarlo.
-Ya pensaremos en que hacer. -La calma en su voz me tranquilizaba un poco mientras nos llevaba a mi habitación.
Dejo las luces apagadas, cerro la puerta y se acostó junto a mi debajo de las sabanas mientras sostenía una pequeña linterna hacia el techo.
-Supongo que no le dirás a mamá y a papá. -Dijo cuando al fin logre calmarme.
Nos sentamos uno frente al otro debajo de las sábanas; como cuando éramos pequeños y nos metíamos en problemas, justo antes de afrontar los castigos de mamá.
-Si les digo me van a sacar. -Apoye mis codos en mis rodillas para tapar mis ojos.
-La próxima revisión medica es el jueves, ¿no?
Solo asentí.
-¿Cuál es el plan?
-Rezar para que Richie y Mell no me revisen. -Dije sin mucho ánimo.
-A veces me pregunto como se siente llevar tu corte de cabello.
Alcé la vista para verlo, tenia esa sonrisita que siempre aparecía cuando tramaba algo.
-Yo pasaré el examen medico si realmente quieres seguir con esto. -Dijo seguro de si mismo.
-Es fraude, Dav. -Me enderece para verlo bien.
Daven solo se encogió de hombros.
-Entonces ambos rezaremos para que esos dos no me revisen.
-¿Y si nos descubren?
-Bueno, entonces saldremos en los noticieros como. -Dav se aclaro la garganta haciendo una mala imitación. -Gemelos Anders son atrapados haciendo fraude en un evento deportivo. -Sonrió divertido. -¿Y con los entrenamientos que vas a hacer? Soy bueno en esto de las artes marciales, hermano, pero no estoy al nivel de un torneo de este tipo.
-Voy a cambiar a jiu-jitsu brasileño. -Dije saboreando la idea.
Lo había practicado antes un par de veces con Mark y lo habíamos descartado porque no podía adaptarme a él.
Ahora no tenía opción.
-Esta hecho. -Daven sonrió apagando la linterna. -Mañana iremos a cortarnos el cabello.
-Siendo el menor deberías ser menos imprudente. -Reí suavemente acostándome a su lado.
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