Quizá por eso me gustas tanto... porque mis manos aprendieron a leerte antes de que mi boca supiera pronunciarte, y quizá porque contigo entendí que hay personas que no llegan para ser explicadas, sino para ser aprendidas... Aprendí primero el idioma de tu piel... ese alfabeto secreto de cicatrices, de pequeñas marcas que el tiempo dejó sobre ti como quien escribe con violencia lo que alguna vez no supo decir con palabras... Y no las recorro para preguntarte quién te hizo daño... Las recorro para aprender cómo acariciarles sin que vuelva a doler... Porque hay heridas que parecen puntos, pequeñas constelaciones sobre la piel, pero cuando las miras juntas forman historias que los ojos jamás podrían descifrar... Entonces te acaricio... y no te toco como quien descubre un cuerpo, sino como quien entra a una biblioteca donde cada página sobrevivió a un incendio... Mis dedos avanzan despacio sobre ti, como si leyeran Braille, deteniéndose en cada relieve, en cada cicatriz, en cada lugar donde alguna vez la vida te convenció de que tenías que esconderte... Y mientras mis manos te leen, hay algo más que sucede... aprendo también el idioma de tus silencios... Ese que no necesita voz... El que habla cuando bajas la mirada, cuando tus manos buscan las palabras y las dibujan en el aire, cuando tus dedos forman una señal que quizá para el mundo no significa nada, pero que yo quisiera aprender hasta reconocerla incluso con los ojos cerrados... Porque quiero aprender tu lengua de señas, amor... No solamente para entender lo que dices, sino para escuchar aquello que alguna vez no encontraste cómo decir... Quiero aprender la forma en que tus manos dicen miedo, la forma en que dicen quédate, Así...sin que tengas que pronunciar una sola palabra... Quiero aprender tus gestos como otros aprenden oraciones... Y si alguna vez tus manos tiemblan porque no sabes cómo decirme que algo duele, déjame aprender también ese movimiento... No quiero que tengas que gritar para que alguien finalmente te escuche... Yo quiero aprender a escucharte antes de que tengas que hacerlo... Porque quizá el amor no sea encontrar a alguien que hable nuestro mismo idioma... Quizá sea encontrar a alguien por quien estaríamos dispuestos a aprender todos los idiomas del mundo... El de la piel... El de las cicatrices... El del silencio... El de las manos... El de las lágrimas que no caen porque aprendieron a esconderse... El de esos pequeños movimientos que nadie más nota pero que dicen exactamente lo que tu corazón está intentando callar... Y entonces pienso... si tus cicatrices son Braille, déjame leerte con ternura... Si tus manos son lenguaje de señas, déjame aprender cada palabra... Si tus silencios son otra forma de hablar, déjame escucharlos... Y si alguna parte de ti todavía cree que es demasiado difícil de amar, déjame demostrarte, poco a poco, que no tienes que ser fácil de entender para merecer que alguien se quede... No quiero borrar tus heridas... Eso sería borrar partes de la persona que sobrevivió para llegar hasta mí... Quiero hacer algo más humilde... quiero acariciarlas hasta que dejen de sentirse como condenas... Quiero que un día puedas mirar cada cicatriz y no recordar solamente quién te lastimó, sino también quién aprendió a tocar ese lugar con cuidado... Porque no quiero ser quien reescriba tu historia... Quiero ser quien tenga el privilegio de leerla contigo... Y quizá eso sea lo más hermoso de amarte... que no necesito que me expliques todo... A veces basta con tus manos... A veces basta con tu piel... A veces basta con la manera en que respiras cuando finalmente te sientes a salvo... Y entonces comprendo que existen formas de decir te amo que jamás cabrían en una boca... Se dicen con una mano que busca otra... Con un dedo que recorre una cicatriz sin preguntar de dónde viene... Con dos ojos que aprenden a mirar sin invadir... Con una caricia que dice, no tienes que esconderte... Con un silencio que responde, estoy aquí... Y si algún día me preguntas qué encontré cuando aprendí a leerte... no voy a decirte dolor... Voy a decirte un mapa... Un mapa hecho de puntos, de gestos, de silencios, de cicatrices y de caminos que todavía no conozco... Y no quiero memorizarlo... Quiero perderme... Perderme en cada coordenada de tu piel, en cada palabra de tus manos, en cada silencio que solamente tú sabes pronunciar... Porque quizá amar sea eso... encontrar a alguien cuya historia no comprendes completamente, pero que te despierta unas ganas inexplicables de aprenderla toda... Así que si tus cicatrices son Braille, amor, déjame aprenderte con sutileza... Si tus manos hablan en silencio, déjame escucharlas... Y si alguna vez vuelves a pensar que tus heridas te hicieron imposible de amar... ven... acércate... Dame tus manos... Déjame enseñarte otro idioma... Uno que no se escribe con tinta, ni se pronuncia con la voz... Uno que se aprende despacio, con paciencia, con presencia, con ternura... Porque aquí nadie viene a borrarte las heridas... Aquí alguien aprendió a leerlas... Aquí alguien aprendió a escucharlas... Aquí alguien decidió quedarse hasta descubrir que, debajo de cada una, todavía había una parte de ti esperando que la tocaran sin miedo... Y quizá... si algún día el mundo vuelve a preguntarte cómo se dice amor, y no tengas que responder... Solo toma mi mano... Porque yo ya aprendí a leerte en Braille, a escucharte con los ojos, a entenderte con las manos... Te amaré... en todos los idiomas que alguna vez necesitaste utilizar para sobrevivir... Alejandro Cháirez