En un puente de jade sin frontera, atravieso el mundo de lirios y narcisos. Es posible que en el extremo encuentre un balcón, también una terraza, ya que, separado por un techo, se encuentra el cielo y este living que ya no conserva un piano. ¿La sala despierta de luces o el inmenso celeste? Quizá todo sea una posibilidad. Sigo en el puente. La frontera es lo que yo quiero que sea. Mientras tanto, el misterio que abraza, tal vez, al mundo es lo incandescente de tu —posible— estancia, unida a la tierra, al barro, al nacimiento de una redonda estrella.