Capítulo 1 de 1
Sinceramente no me considero una gran persona, tengo buenos principios de ayudar y servir a quien lo necesite «aunque no siempre lo haga», pero siempre procuro ayudar cuando está en mi alcance.
Desde que me mude para Bucaramanga, nunca me había fijado en la gran necesidad que pasan muchas personas, los habitantes de calle en esta ciudad es abrumadora. Sinceramente ver estas personas para mi es un gran duelo, cada vez que veo a alguien pidiendo o solo estando en la calle, me siento realmente mal porque no puedo ayudarlos como quisiera. Sobre todo a ver adultos mayores en tal condición, ver a una anciana llenando una bosa grande en sus manos u hombros, es muy duro para mí, pensar que todas estas personas hay días en que no comen nada y que solo reciben muchas veces el desprecio de las demás personas.
Aunque pareciere muy hipócrita, siento más compasión por las personas mayores que por personas jóvenes (no adolescentes, que es muy dura para mi también siendo yo uno), seria muy falso decir que "entiendo" lo que podrían sentir, cosa que no es así, pues nunca he pasado una necesitad tan grave para que lo entienda.
Todo este cuento viene por algo que cambio este año 2023, volví a la ciudad a seguir cursando mi carrera tecnológica. Cerca al apartamento donde vivo hay un supermercado donde compro muchas de las que cosas para el consumo, afuera de él se hace un hombre en esta condición de vivir en la calle, hablando enserio yo no recuerdo haberlo visto el año anterior (y eso que siempre paso por esa calle para llegar a mi hogar. Pero cuando comencé a notar a este hombre vi que siempre estaba vestido con un buso rojo de rayas horizontales negras; siempre estaba sentado al frente del supermercado, arrecostado a un improvisada pared de laminas de metal que protegen la construcción de un colegio, siempre estiraba su buso hasta que casi le cubría sus piernas (esto estando sentado con las rodillas dobladas hacia arriba) y con la capucha puesta. Cada vez que pasaba lo veía y me llamaba la atención como no iba a la entrada del supermercado a pedir a los compradores que salían, como normalmente hacen muchas de estas personas, pero él no lo hacía.
En esos momentos yo me iba caminando a la universidad, fue entonces cuando este hombre comenzó a cambiar su forma de comportarse. Ahora se sentaba también al lado derecho de la entrada del supermercado, en la entrada de un pequeño local que había cerrado; también comenzó a ayudar a las personas que estacionaban sus carros al frente del supermercado, les abría las puertas de los carros y les tendía la mano para que le dieran algo, nunca lo escuche hablando durante todo ese tiempo. Hasta que un día decidí ayudarlo un poco, la verdad debo decir que no soy una persona muy caritativa, no puedo decir que ayudo mucho a estas personas y aunque muchas veces he desperdiciado la oportunidad de ayudar, la he dejado pasar, otras veces realmente no tenía o no podía ayudarlos y me iba con el corazón arrugado sabiendo que no pude hacer nada. Volviendo a nuevamente a lo seguía contando, un día quise darle algo para que comiera, en esa misma cuadra hay una panadería (en la cual siempre compro panes ya que me fascinan) y pues un día que fui a comprar panes para la cena, compre un pan de queso de más, cuando salí este hombre estaba sentado en la puerta del local que mencione, me le acerque y le di el pan diciéndole un simple...
—Disculpe, mire, tome
Él sin pararse lo tomo y le saco las servilletas en que lo había envuelto, fue lo ultimo que vi antes de irme despidiéndome con un "Dios lo bendiga". Esa fue la primera vez que tuve contacto con este hombre, aunque él no dijo nada vi su gratitud en su cara al verme acercarme con el pan, desde ese día sentí que podía ayudar aunque fueran solo con un pan de 500 pesos, no había quedado en la quiebra pero tampoco lo sentí como una gran acción. Debo aclarar que yo no trabajo, el dinero con que contaba en ese momento era porque mi hermana me dejaba para comprar cosas y que mi mamá me enviaba de vez en cuando algo para que tuviera, comprara comida y recargara pasajes del bus para cuando salía tarde, así que pues eran contados los recursos que tenía, ya que casi todo se me iba en comprar cosas y recargar pasajes.
Realmente no recuerdo muy bien la segunda vez en que le compre un pan a este hombre, pero creo que estaba sentado al frente del supermercado en donde era costumbre que estuviera, la tercera vez es mas clara para recordar, ese día compre panes como siempre y entre al supermercado a comprar algo mas para la comida del siguiente día, mientras pasaba por el pasillo de las bebidas, tome un botella de agua y pague todo, salí y cruce la calle para darle un pan y la botella de agua, esa vez recuerdo que cuando me vio sonrió tan felizmente que parecía que le llevaba un banquete, aunque no me miraba a los ojos sino a las manos, no le daba interés, luego de darles las cosas me hablo finalmente un simple "gracias" fue todo lo necesario para llenar mi cuerpo de una gran alegría y regocijo. Lo deje no sin antes darle las mismas palabras de despedida "Dios el bendiga", fui pues a la tienda que quedaba en esa misma esquina para comprar el resto de las cosas, luego de un rato mire hacia donde había dejado a aquel hombre y vi que había un charco de agua a su lado, parecía que se había lavado las manos o solo vacío la botella, pero no solo fue eso, también el pan no lo comía completo, se comía el recubierto y dejaba parta interna que tenía queso, la verdad no sé porque hacia eso, no lo lograba entender si era que no le gustaba y pues me fui al apartamento pensando esto.
Al siguiente día que pase en la mañana, este hombre no estaba, cosa que se me hizo raro, pero aun mas fue en la noche cuando volvía que aun no estaba en sus lugares habituales, así pasaron como 3 días que no volvió. Yo me sentía mal porque pensaba que le había pasado algo y por eso no había vuelto, pero de un día para otro volvió como si nada, pude pues descansar al verlo y notar que estaba bien.
Pasaron varios días en que no le pude comprar nada y solo lo veía sentado, hasta que un día en que tuve dinero (recordando lo que había pasado la ultima vez) me le acerque, lo salude y él solo me veía las manos (pues no llevaba nada), le pregunte que si le gustaba el pan de queso o que tipo de pan le gustaba más, pero él me respondió con algo que aun resuena en mi mente cada vez que lo recuerdo:
— No, leche —Me dijo.
—¿Pan de leche? —Le pregunté muy confundido ya que no entendí a que se refería exactamente.
—No, leche, para tomar
—Ok, me espera un momento y ya vuelvo -Le respondí.
Fui entonces a la panadería y compré un bolsa mediana de leche, cuando me vio que iba hacia él con la bolsa de leche se levantó y camino rápido hacia mí, cuando ya estaba de frente a mí se la di y me agradeció, volviendo a su puesto normalmente comenzó a tomársela.
Yo simplemente me fui con una gran alegría interna y con la situación muy presente en la mente. Nuevamente al siguiente día este hombre no volvió y así varios días, como 4 o 5 no volvió a su puesto, creí nuevamente que algo le había pasado, pero no fue así, comencé a notar ese patrón de que desaparecía por algunos días y luego volvía, me intrigaba saber a donde iba, aunque algunas veces me lo encontraba en un área de 2–3 cuadras a la redonda del supermercado habitual, lo veía sentado en andenes, frentes de negocios o escaleras.
Así estuvo todo esto durante un tiempo, ya solo lo veía de lejos pues ya no tenía la posibilidad económica para ayudarlo, pero siempre se me arrugaba el corazón al pensar el cómo debe de estar y las necesidades por las que pasa.
Pero sin duda alguna lo otro que más me marco de mi corta interacción con este hombre fue una frase que me dijo. Yo estaba comprando algunas cosas en el supermercado, cuando pague y Sali él estaba en la entrada y cuando me vio se me acerco para pedirme si podía comprarle una bolsa de leche, en verdad no me había quedado suficiente para hacerlo y como lo he dicho antes, ese ya no era dinero mío y no podía gastar más de lo que debía; de igual manera saque de mi bolsillo las monedas que tenía y se las di, el me agradeció pero me dijo de una forma muy inquietante
—¿Tú que harás cuando a mí me maten?
Yo quede paralizado al momento, no podía pensar ni hacer nada, esas palabras fueron algo que me tomo muy imprevisto y no lo entendía, solo pude decirle:
—¿A qué se refiere?
—Cuando me maten, ¿Qué harás? —Fue lo que me respondió.
Sin duda alguna una de las conversaciones que mas me han marcado mi corta vida.
—¿Por qué lo matarían? —Le pregunte para buscar algo de sentido a todo esto.
—No sé, ellos son así, uno no sabe
Aún seguía sin asimilar todo esto, sin duda su respuesta me dio más preguntas que respuestas, definitivamente no sabía que pensar...
—«¿Será que él tiene algún problema mental? O ¿realmente le está pasando algo grave por vivir en la calle?»
Eran solo las preguntas que más se repetían en mi mente, luego de eso él solamente se alejó y no me hablo más, hoy miércoles 07/06/2023 a las 9:50 PM han pasado más de 2 meses hasta este momento que estoy escribiendo esto, el mismo tiempo que llevo sin hablar con este hombre, simplemente lo veo ahora a lo lejos, algunas veces fumando un cigarrillo, otras sentado, mirando a los lados como buscando algo, otras ayudando a la gente que sale del supermercado a llevar sus compras al sus autos, pero no he tenido la forma de llegarle y hablar nuevamente con él. Ojalá se diera la oportunidad de que vuelva a tener dinero propio para comprar otra bolsa de leche y preguntarle su nombre.
Sin duda alguna todo esto ha sido una experiencia que aunque para algunos será normal la interacción con personas indigentes, para mi ha sido algo que nunca había pensado, el sentir tanta empatía por alguien que no conozco ni su nombre y aunque fue poca nuestra interacción, me hizo cambiar mi forma de ver a las personas en estas condiciones. Son historias que a nadie le importa, son seres que para la sociedad es poco el valor que le tienen.
Este pequeño monologo es solo una diminuta parte de lo que son estas historias, historias de vidas, peligros, necesidad, violencia, apatía, odio, tristezas... son las historias que no son contadas y mucho menos, escuchadas por alguien, son las historias de la calle, las Historias Callejeras.
Fin de la lectura
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